Opinión
Elegante sencillez
Por Ciencias
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC.
Alguien me ha reprochado que afirmara de la hipótesis del diseño inteligente que era anticiencia. “Tendrás que demostrarlo –me decían–; cualquier idea es susceptible de ser analizada científicamente”. No es exactamente así. La ciencia tiene un elegante mecanismo para descartar hipótesis sin necesidad de demostrar su falsedad. Basta con que sean más complicadas de lo necesario.
Imaginen que alguien argumenta que esconde en su despensa un ánima del purgatorio. Entramos a verla, pero no la vemos. “Naturalmente; es un ánima y no se deja ver”. Tratamos de olerla, pero tampoco huele. No prueba la comida. No hace ruido, ni cambia cosas de sitio. Entonces, ¿por qué necesitamos demostrar que no exista dicho ser? La explicación más simple para los hechos percibidos es que dentro de la despensa no hay nadie. A ella hemos de atenernos.
Ese aprecio por la sencillez es parte del atractivo de la ciencia. Con frecuencia, la información científica nos parecerá muy complicada. Pueden resultarnos difícilmente inteligibles la teoría de cuerdas o algunas partículas subatómicas de las que tanto sabe Manolo Lozano. Pero hemos de estar seguros de que constituyen la explicación más sencilla compatible con los hechos comprobados. Cualquier añadido innecesario se habrá eliminado.
Los científicos gustan decir que las complicaciones superfluas se “afeitan” con la cuchilla de Occam. Guillermo de Occam fue un escolástico inglés del siglo XIV, al que se atribuyó la frase: “No se deben multiplicar los entes sin necesidad”. Sonaba muy filosófica, por decirlo de algún modo, pero dicen los expertos que no es posible encontrarla en los escritos de Occam. Bertrand Russell demostró que sí aparece otra que viene a decir lo mismo, pero de una forma más castiza: “Es vano hacer con más lo que se puede hacer con menos”.
¿Entienden ahora por qué decía al principio que invocar el diseño inteligente para explicar el aparente orden del universo no es científico? Simplemente, no hace falta. Invocar la figura de un diseñador sobrenatural es una enorme complicación, sólo justificada si no conociéramos un mecanismo más sencillo, la evolución por selección natural, para explicarlo. Esa fue la gran revolución darwiniana. Ello justifica también que suenen tan poco científicas las comunicaciones al extraño congreso de ecología organizado por el Estado Vaticano en Zaragoza. “La evolución de nuestra especie –escribe en Público Bermúdez de Castro– debió llevar a la aparición de determinados caracteres biológicos que resultaron ventajosos para la obtención de recursos”. Sencillo, ¿no? Lo dice un científico. ¿Saben cómo hablan de ello en Zaragoza?: “El mundo en su condición de religado al ‘Lógos’ creador y como don de Éste al hombre en cuanto criatura que tiene ‘lógos”. Me temo que si Occam saca a relucir su navaja no deja ni un pelo.