Opinión
Esto es una república
Por Ciencias
DE AQUELLOS POLVOS // JUAN SISINIO PÉREZ
* Catedrático de Historia en la Universidad de Castilla-La Mancha
En la televisión nos anuncian: “Bienvenido a la República Independiente de tu Casa”, ¿significa que es el lugar en el que hacemos lo que nos da la gana? ¿Y que en una república no hay ni rey ni roque que gobierne? Es la imagen inculcada, al menos en España, y eso lo sabe el autor del eslogan. Procede de los enemigos de la I República. Tras la sublevación de los cantones en 1873, los conservadores dieron dos golpes de Estado, el de Pavía y el de Martínez Campos, hasta restablecer la monarquía. Propagaron que la República había sido un caos. En los manuales se repite como consigna que hubo cuatro presidentes en un año. No se dice, en cambio, que con Isabel II hubo cuatro gobiernos en dos meses de 1846 y otros cinco en 1847 –bastantes no llegaron al mes de duración, siendo el colmo las 27 horas que duró uno de ellos–. Y con Alfonso XIII, la media de cada Gobierno fue de seis meses.
Forjadores de la democracia
La experiencia de la I República fracasó, pero, entre las causas, no faltó la conspiración de los negreros españoles opuestos a la abolición de la esclavitud en Cuba. Con la II República se reforzó la idea de que tal sistema era sinónimo de caos y violencia. El resultado, que en el lenguaje coloquial se dice de algo desordenado que “parece una república”. Pero la historia no fue así. Los valores democráticos que hoy disfrutamos se los debemos a los republicanos de los siglos XIX y XX, a todos, incluso con sus errores; desde los pioneros Abdón Terradas y Sixto Cámara hasta Pi y Margall, Salmerón, Azaña y un largo etcétera de forjadores del pensamiento democrático en España, que debe poco a los Narváez, Cánovas y Maura de turno, por más que los libros de historia ensalcen el orden y la autoridad de los más fuertes por encima de las incertidumbres lógicas que conlleva toda democracia.