Opinión
El fantasma del piso-piloto
Por Amparo Estrada
Extrañas voces susurran tras la puerta cerrada de esa vivienda, que todos saben está vacía. 120 metros cuadrados, cuatro dormitorios, salón, cocina, dos baños y aseo de cortesía, en primeras calidades, incluyendo en el precio la plaza de garaje y trastero. Todo, en urbanización cerrada con vigilancia 24 horas, piscina y jardines comunitarios, a tan sólo 40 minutos del centro de la ciudad... ¡Chisss, escuchad…! Parece que ahora se entiende mejor: “¡Entren, no se queden esperando! Quizá no puedan pagar la hipoteca dentro de un año, quizá se queden en paro, quizá sea mejor esperar a que bajemos más el precio… Confíen en su Gobierno, las ayudas llegarán, los impuestos bajarán, todo volverá a ser como antes!”.
Es el fantasma del piso-piloto, el espectro de un promotor que no pudo seguir vendiendo y ha acabado arruinado. Y dicen que el fenómeno se reproduce por toda España, todo un ejército de almas en pena se ha adueñado del parque de viviendas y el coro de lamentos se ha vuelto ensordecedor. ¿Qué podemos hacer? ¿Será verdad lo que anuncian? ¿Un terrible caos, un infierno de parados, un terrible cataclismo de suspensiones de pagos?
El vicepresidente segundo del Gobierno se ha erigido en el eliminador del poltergeist. Mientras el fantasma de la casa vacía sigue errando por acabados alicatados y puertas de madera maciza, Pedro Solbes ha dicho que no se va a asustar, que lo que de verdad necesita el espectro es un exorcismo inmobiliario: esa casa es otra más de un sector que lleva años hipertrofiado, donde los precios han subido de forma imparable, que tiene 600.000 trabajadores más de lo razonable (según CCOO), donde el crédito fácil ha hecho olvidar las mínimas reglas de la prudencia a los bancos… Todo eso requiere ser firmes, resistirse a las voces de ultratumba.
El fantasma sigue ululando por las habitaciones y demandando medidas como las deducciones fiscales para los que vayan a comprar. Y nos dice: “El IVA de las viviendas nuevas que recauda el Estado, el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales que se llevan las autonomías por la compraventa de casas usadas, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles que se llevan los ayuntamientos… ¿Es que no queréis seguir cobrando esos impuestos? ¡Pues olvidaos de ellos si abandonáis al sector a su suerte…!”. Pero las deducciones que ahora reclama el espectro suponen ya una merma de ingresos para el Estado y las Comunidades Autónomas de más de 4.000 millones de euros. Con otras deducciones y ayudas para el fomento de la edificación, esa cifra supera los 9.000 millones… Y los vivos no están para perder más dinero… ¿O será como insiste el fantasma, que subir la deducción fiscal por compra o rehabilitación de vivienda no es una ayuda para el sector, sino para los ciudadanos que necesitan piso y también, indirectamente, para los trabajadores?
Sin duda son argumentos convincentes. Pero no olvidemos cómo era el fantasma en vida: subía y subía los precios por metro cuadrado de sus mismos pisos todos los meses, sin motivo alguno, sin haber sufrido ninguna subida de costes que lo justificara. ¿Hay que dejar que ahora ocurra lo mismo o aprender de la experiencia?
Solbes ha rechazado más deducciones fiscales y nuestro fantasma, arrastrando cadenas cada vez más largas en sus pisos vacíos (alrededor de 700.000), está rumiando otra idea: que el Estado asuma la subida de los tipos de interés. Que todo lo que sobrepase el 5% de Euribor no lo paguen los hipotecados, sino el Estado. Los cazafantasmas del Ministerio se llevan las manos a la cabeza: a este aparecido no hay manera de echarle. Ya le han ofrecido más viviendas de protección oficial, una línea de avales para la titulización de hipotecas, incluso una solución muy poco recomendable: ampliación gratis del préstamo hipotecario de los ciudadanos endeudados… Pero el espectro se niega a marcharse.
Peor aún. Se ha traído a otro fantasma. Y éste sí que da miedo. Es el fantasma del paro. En la pizarra de la cocina vacía de esta casa encantada están apuntando sus argumentos: la construcción es el 13% del empleo, cuando en 1995 era el 9,5%. Los trabajadores del sector se han más que duplicado en ese período, pasando de 1.230.000 a 2.670.000, mientras que el total de ocupados sólo ha aumentado un 56%.
El fantasma del paro lo escribe en la fachada: hasta un millón de parados más. A todo aquél que pasa por delante, le recorre un escalofrío y corre a buscar refugio. Esta vez, los cazafantasmas tienen que sacar algún arma del maletín. ¿Qué vemos? Es la pistola de rayos ultracósmicos de la recolocación. Con ella, aguerridos, entran en la casa. No van solos. Hay quien también ha hecho números para enfrentarse a los fantasmas. Comisiones Obreras cree que se podría llegar a recolocar a 260.000 parados de la construcción si no se realizaran horas extra. Repartir el trabajo se llama su escudo.
Además, hay que buscar otros nichos de trabajo porque la demanda de viviendas no va a mantenerse en el nivel de los últimos años. En España hay 21 millones de viviendas, de las cuales 3.360.000 son segundas viviendas y otras 3.106.000 son viviendas vacías. Es decir, que el 15% de las viviendas están permanentemente desocupadas y otro 15% son segundas o terceras residencias. En Lugo, Cáceres y Castellón, casi una de cada cinco viviendas está vacía. Aunque, en números absolutos, Barcelona es la que tiene más viviendas vacías (307.000), seguida por Madrid (306.000) y Valencia (208.000).
Rechinan las puertas, las ventanas se abren de golpe, los sonidos de ultratumba son cada vez más fuertes. Pero los cazafantasmas no se mueven y gritan a los espectros: bajad los precios si queréis vender, bajad los precios. Y los espíritus
contestan: ya los hemos bajado todo lo que podíamos. ¿Será eso una fantasmada?