Opinión
Fe ciega en el salvador
Por Juan Carlos Escudier
No aspiren a conocer del todo a Rubalcaba, del que antes se decía que era la reencarnación de Fouché, por intrigante, y que ahora pasa por ser un émulo con barba de Usain Bolt. Es muy posible que las fotos que vean de él a partir de este momento salgan borrosas porque, tras ser señalado por esos innumerables dedazos socialistas que prometían ser neutrales en las primarias, el vicepresidente corre ya en plan liebre eléctrica, que diría Bono, para acortar la distancia que le separa de Rajoy y tratar de ganar al sprint las elecciones generales, aunque sea en la foto finish.
La laudatoria oficial del precandidato del PSOE no le ahorra parabienes. Se destaca a un tiempo el cerebro privilegiado que habita bajo su cráneo y una capacidad de trabajo estajanovista, que le permitiría ejercer sin despeinarse como vicepresidente, ministro del Interior, portavoz del Gobierno y candidato, sin renunciar a otras responsabilidades públicas o en su comunidad de vecinos. Para completar el aguafuerte, sus adversarios le reconocen tanta maldad como la bruja de Blancanieves. En vez de espejito mágico, dispondría de un avanzado sistema de escuchas digno del Gran Hermano, inútil con un PP que sigue sin enunciar nada para que Rubalcaba no se lo plagie. Si además fuera guapo, estaríamos ante el retrato de Dorian Gray.
La verdad es que para ser un velocista, este hombre se lo toma con calma. De su programa se ha limitado a decir que será continuista y de cambio, y que hasta la conferencia política de septiembre no lo dará a conocer. Como no parece previsible que surja otro aspirante, Rubalcaba se convertirá en candidato sin que nadie en el partido sepa a ciencia cierta qué es lo que se propone hacer. A lo salvadores hay que tenerles fe y no pedirles cuentas.
Esta estrategia le evitará fricciones con Zapatero, que tenía pensado en estos meses liarse a la cabeza la manta de las reformas pendientes. A los que no alcanzamos la inteligencia de Rubalcaba no se nos puede pedir que intuyamos la fórmula de su cambio continuista. El corredor nos ha dado unos meses de ventaja, para que vayamos pensando en ello.