Opinión
Y no se lo gaste en vino
Por Antonio Baños
Que Belén Esteban, por ejemplo, ejerce una modalidad sofisticada de mendicidad es poco discutible. Donde el pobre old school lamenta: “Tengo dos churumbeles que no tienen pa’ comer” la Esteban nos describe cómo Andreíta se zampa el pollo. Si el pobre dice que pide por su familia, la diva recita aquello de que por su hija ma-ta. Son relatos similares: uno explica su situación vital y a cambio espera que le aflojes la mosca. Visto así, la indigencia en España se encuentra en los niveles de cuando sólo teníamos el Imperio y los piojos: prácticamente es la industria nacional. Al Alcalde de Madrid, sin embargo, lo que le molesta de la indigencia no es la pobreza, sino su visibilidad, su libertad de movimientos. Los locos, los mendigos y los raros disponen de una amplia red de instituciones de almacenaje que ayudan a la sociedad normal a continuar con su trumanesco sueño de orden y prosperidad. Nadie les quiere mal, les quieren lejos. Por eso, las causas solidarias suelen ser transcontinentales, por no ver al sujeto de la miseria. Pero hay algo más. Los pobres han sido un gran problema para el capitalismo por un importante motivo: su libertad de movimientos. No hay que leer mucho Foucault para saber que el objetivo primero del capital es la sujeción física de las masas. Y para eso están la escuela, la fábrica o el asilo, con su doble función estabularia/productiva. Una de las primeras acciones de la naciente burguesía del siglo XVI, fue el control de la movilidad de los indigentes. Las Poor Laws inglesas establecieron los primeros sistemas de concentración de pobres: las workhouses. En ellas, se les obligaba a trabajar por el sustento, para que “fuesen útiles”. Luis Vives, voz de esa rampante burguesía, ya exige en su Tratado del socorro de los pobres que: “Los que se mantienen como unos zánganos de los sudores agenos, salgan, y envíense a trabajar” El mendigo fue la primera fuerza proletaria que permitió la acumulación primigenia de capital. Como definen Sidney y Beatrice Webb en su Poor Laws History: «De la parroquia al patrón, de Dios al mercado” La iniciativa de Gallardón es un flash-back conceptual a los orígenes del capitalismo: La pobreza te niega derechos. Quien no sea productivo, que no circule con libertad. Hay que incorporar al extraño al sistema. Una vez dentro, hay que hacerlo productivo, por su bien. Lo que quiere Gallardón, como todos estos plutócratas en fin, es volver al buen siglo XIX.