Opinión
Gritos y abucheos con premeditación y alevosía
Por Jesús Maraña
Los sindicatos y la izquierda no tienen tradición de acudir a celebrar la fiesta nacional. Mamaron en la adolescencia aquello que cantaba Paco Ibáñez: “A mí la música militar, nunca me supo levantar”. De modo que no parece fácil adjudicarles los abucheos que año tras año se producen contra el Gobierno, y muy especialmente contra el presidente Zapatero, al principio, al final e incluso durante el desfile de las fuerzas armadas. Salvo en el año 2003, cuando muchos silbidos procedían de las tribunas reservadas a familiares de militares, desde entonces esos silbidos e insultos surgen de unas filas cercanas a las gradas oficiales. En aquel año se produjo el accidente del Yak- 42, que costó la vida a 62 soldados y demostró la desvergüenza del ministro de Defensa Federico Trillo. Con esa excepción, cabe concluir que son grupos de la derecha más recalcitrante quienes protagonizan todos los 12 de octubre una especie de rito anti-gubernamental.
Hasta ahora, Zapatero se llevaba la peor parte, pero ayer quedó aún más claro que este “movimiento nacional” no es espontáneo. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, que casi siempre gana en las encuestas en valoración a todos sus compañeros de gabinete, fue insultada por llegar la primera a la tribuna oficial. Es decir, apareció un rostro del Gobierno y, pese a ser presuntamente el más “popular”, se llevó las tortas de quienes sólo acudieron al desfile para eso: para dar tortas.
Zapatero restó importancia al asunto. La familia real también, aunque no pudo disimular su malestar en los corrillos del cóctel de palacio. Lo sorprendente es la reacción de Mariano Rajoy. Por más que se le insistiera, fue imposible sacar de sus labios una condena al boicot. Es lo que se viene a llamar “sentido del Estado”.