Opinión
Guardarropía
Por Público -
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Salvo el ruso Putin, que va con el atlético torso desnudo bajo una cazadora de cuero, y la reina de Inglaterra, que en ocasiones lleva corona y manto de armiño, hoy en día los jefes de Estado se suelen vestir como la gente corriente. Se acabaron los tiempos pintorescos en que Ghandi andaba sólo con taparrabos y gafas, o Mao se mandaba coser chaquetas Mao por el sastre del partido. Nos queda, felizmente, América Latina, reserva espiritual de la guardarropía universal.
De un presidente latinoamericano no es posible adivinar cómo va a llegar vestido. El venezolano Chávez puede aparecerse tocado con una boina roja de soldado ghurka del Ejército colonial británico, o con un apretado terno negro grafito sobre camisa carmesí. El cubano Fidel, de chandal Adidas. El derrocado guatemalteco Zelaya, con sombrerote alón de apostador de gallos. El boliviano Evo, de indio aymara. La argentina Cristina Kirchner, toda de botox, revestida desde los labios y los pómulos hasta los dedos de los pies. El colombiano Uribe, dependiendo del clima. En la tierra caliente se echa al hombro un poncho blanco y se encasqueta un sombrero vueltiao de cañaflecha. En la tierra fría se envuelve en una ruana pesada y oscura de lana cruda de oveja y se cubre con un sombrero de jipa. En Cartagena de Indias, junto al mar, se pone una guayabera caribeña abotonada en las mangas. Para visitar al rey de España se embutió en un curioso frac diseñado especialmente para él por el modisto oficial de las reinas de belleza.
Pero ninguno compite con el Papa Benedicto XVI: ese sí que va hecho un cromo.