Opinión
Los Illuminati están aquí
Por Amparo Estrada
Se comunican mediante arcanos, símbolos, runas, alegorías… mensajes que aparecen dispersos en declaraciones públicas, cuadros, monumentos, incluso en leyes y decretos… Y ahora por fin han asomado la cabeza en España, se han revelado en el sistema de tarifas de la luz, donde es obvio que llevan décadas instalados. Son los Illuminati, los Iluminados. ¿Cómo si no una orden ministerial tan importante para todo el mundo (la de la luz) podría llegar a ser tan barroca, tan misteriosa? Pero empecemos por el principio…
Hace más de 20 años, el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), en Ginebra, que cuenta con 3.000 de los mejores científicos del planeta, empezaba a producir cantidades infinitesimales de antimateria, la fuente de energía definitiva, cuya existencia había sido predicha en 1929 por el físico británico Paul Dirac, premio Nobel cuatro años más tarde. La cosa consiste en que el átomo tiene partículas de carga negativa, los electrones, y también partículas de su misma masa pero de carga opuesta, los positrones, que, si entran en contacto, se aniquilan entre sí, liberando energía. Y se trata de una energía con una eficacia del 100%, lo cual quiere decir que no deja radiación ni residuos. Un solo gramo de antimateria contiene toda la energía de la bomba lanzada sobre Hiroshima y es 100.000 veces más potente que el combustible de un cohete espacial. Pero es altamente inestable y arde al contacto con cualquier cosa, incluso con el aire. Unas cuantas gotas abastecerían de energía a España durante un día entero.
Ángeles y Demonios
Hace menos de diez años, en Ángeles y Demonios, Dan Brown –que luego continuaría con El Código Da Vinci– utilizaba como argumento literario la supervivencia hasta nuestros días de los Illuminati, la secta que surgió hacia 1600 para vengar a los científicos perseguidos por la Iglesia (como Copérnico y Galileo). Según Brown todavía existían, incluso infiltrados dentro de la propia Iglesia, y finalmente, siglos después, habían descubierto el modo de saciar su sed y ganar la eterna lucha entre ciencia y religión: robar, en el CERN, el arma definitiva, la antimateria, gracias a la cual destruirían el propio Vaticano.
El libro dice que esta hermandad clandestina se ha infiltrado en el Parlamento británico, el ministerio de Hacienda estadounidense, en organizaciones no gubernamentales…
Y deben haberse infiltrado también en el sistema eléctrico español, convirtiendo la tarifa eléctrica en un auténtico arcano. La duda es si se han infiltrado para boicotear el sistema, para llevarnos a la ruina o hacer que nos unamos a ellos en su apuesta por la energía 100% eficaz, en contraprestación a nuestro sistema 100% ineficaz. Veamos: la luz es uno de los pocos reductos que quedan donde el Gobierno determina las subidas de precios, pero dentro del propio Ejecutivo están deseando que se produzca la liberalización del mercado eléctrico a que obliga la Unión Europea (donde los precios ya no estarían regulados), prevista para el año que viene para los consumidores domésticos.
Colas en las gasolineras
¿Por qué? Basta recordar el ejemplo de la gasolina: cuando estaba regulado su precio por el Gobierno, el día anterior a una subida oficial había en las gasolineras largas colas de automovilistas cabreados renegando del ministro. Ahora, sube la gasolina y la culpa es de otros, que ni siquiera se sabe quiénes son ni dónde están. Y eso quiere Industria: dejar de ser el malo de la película (además de tener un firme convencimiento en las bondades del mercado y la competencia).
Pero mientras llega la liberalización hay que seguir lidiando con el llamado déficit de tarifa, un ejemplo de supuesta iluminación intelectual, que se puso en marcha cuando gobernaba Aznar. Consiste básicamente en que no se subía el precio de la luz al consumidor a cambio de reconocer a las empresas eléctricas una “deuda” a pagar en el futuro porque el recibo de la luz no cubría los costes de producción.
La fórmula se complementa con una perversión en la forma de calcular los costes de producción de la energía eléctrica: supongamos una bolsa donde entra toda la producción eléctrica, ya sea de origen nuclear, hidroeléctrica, biomasa, procedente del carbón, del gas, fuel... Cada una de ellas tiene un coste diferente de producción y las primeras que se utilizan para distribuir son las más baratas, pero el importe que se fija es único para todas y se toma como referencia el coste de la que ha entrado la última, que es la más cara. Este coste se fija cada hora y, al final, es lo que lleva a determinar el déficit de tarifa.
El sistema no funciona. El resultado es que el consumidor no puede elegir qué tipo de energía quiere y no ve en su factura cuál es el origen de la energía que le proporciona su compañía ni de dónde viene realmente el coste. Tal vez este camino sea el verdaderamente eficaz para impulsar las energías renovables, de las que tanto hablan en círculos oficiales. Y no sólo por convicción de que el futuro no puede ir por la dependencia del petróleo, sino también por el precio.
Salarios también bajos
Nadie entiende el recibo de la luz, ni sabe cuál es la potencia que necesita, ni la que ha contratado, ni cuánto le cuesta cada kilowatio. Pero a partir de mañana la luz será más cara en términos generales (se conseguirá algún ahorro si se consume poco, se cambia el contador por uno con discriminación horaria y se contrata poca potencia). Aún así, dirán que en España la luz es más barata que en otros países de la Unión Europea. Pero también los salarios son más bajos en España que en otros estados de la UE y no por ello dejan de recomendar moderación salarial.