Opinión
El inmovilismo al poder
Por Juan Carlos Escudier
Como los tiempos han avanzado una barbaridad, los dirigentes del PP ya no se retiran a un monasterio como se hacía en tiempos de Fraga para preparar el curso político con ayuda de la gracia divina sino que se instalan en un parador nacional como el de Toledo, que es mucho más funcional y tiene mejores vistas. Rajoy le tiene mucha fe a los paradores y aún se recuerdan sus citas secretas con Camps en el de Alarcón, para que el señor de los trajes le diera cuenta de lo feliz que se encontraba chapoteando en medio de la corrupción de la trama Gürtel y los regatos que en ella siguen desembocando.
Desde ayer la plana mayor de los populares mira al Tajo para elaborar una estrategia que consiste básicamente en no hacer nada, convencidos de que en el quietismo está la clave para que Rajoy pueda cambiar a su gusto los sanitarios de la Moncloa. El partido, en consecuencia, debe movilizarse con todas sus fuerzas para permanecer estático, dejando que sea el PSOE el que, frente al abismo del paro, la crisis económica, la huelga general o la negociación de los Presupuestos, dé pasos al frente y le haga el trabajo sucio mientras se despeña en las encuestas.
Esas mismas encuestas son las que piden que los populares cambien de líder, pero el de Pontevedra no es de los que se desmoralizan porque el 70% de la población crea que no se perdería gran cosa si decidiera reanudar sus actividades como registrador de la propiedad. Rajoy y la ilusión son como el agua y el aceite, que se rozan en un flirteo interminable sin llegar nunca a consumar. Con esas credenciales ve posible presentarse con éxito ante un electorado obligado a votar tapándose la nariz con una mano, con las dificultades que eso conlleva para introducir correctamente la papeleta en la urna.
El esquema de los próximos meses es simple como un botijo. Si la crisis se recrudece será bueno para el PP; si el paro aumenta será excelente; si la huelga triunfa recogerá sus réditos; si la negociación de los Presupuestos con el PNV se encarece rentabilizará las cesiones. Todo se reduce a un esperar paciente. Y todo ello sin mover ni una pestaña, por mucho que de cuando en cuando haya que cortar alguna cabeza podrida. Desde el Parador de Toledo la ciudad se divisa inmóvil al otro lado del río. Inigualable fuente de inspiración.