Opinión
La instrumentación de la venganza y el odio
Por Manolo Saco
Como los funerales por las víctimas del Metro de Valencia ocupaban demasiada atención de los medios de comunicación, PSE y Batasuna decidieron posponer a ayer la puesta en escena, “la foto”, del primer contacto político entre ambas formaciones. Porque lo importante ayer era esa foto, como todo el mundo coincide, incluidos los protagonistas, una escenificación absolutamente necesaria para oficializar ante la ciudadanía los primeros contactos para la paz. Cuando se acumulan los acontecimientos hay que andar fino para gestionar los tiempos mediáticos o tu foto desaparece de las portadas en apenas unas horas, barrida por la siguiente tanda de noticias que vienen pisándole los talones.
Mañana viene el Vicediós, y ríete de los mundiales de fútbol. A no ser que comience la tercera guerra mundial por culpa de Corea del Norte, ni la rendición ante ETA, ni Rafa Nadal, ni Alonso, ni todos los moteros subidos al podio podrán arañar ni un minuto de la figura mediática de Benedicto XVI. Por eso el Partido Popular se vio ayer obligado a escenificar, con una sobreactuación digna del cine mudo, un nuevo capítulo del Apocalipsis en el que se comunica a los creyentes que Zapatero es un inmoral que ha entregado el Estado a Arnaldo Otegi.
Hay que hacerlo muy rápido y con mucho ruido, con palabras muy gruesas e insultos y descalificaciones, a cual más ingenioso, con la ayuda inestimable de la emisora del mensaje evangélico propiedad de la Conferencia Episcopal. Hay que darse prisa porque luego sólo tendremos ojos y oídos para el mensaje redentor del representante de Cristo en la Tierra, que viene con tales ganas de regañarnos que, como decía el otro, la ley de la gravedad es un juego de niños comparada con lo que nos espera.
En la carrera de los disparates, compitieron ayer muy duramente Rajoy y su alter ego en Euskadi, María San Gil. El presidente del Partido Popular, elegido a dedo por el hombrecillo insufrible, llegó a negar al presidente del gobierno español, elegido por mayoría en unas elecciones democráticas, la capacidad de representar al Estado en el establecimiento de negociaciones con ETA para alcanzar la paz.
Lo de María San Gil es ya insuperable (¿insuperable?). Tras decir que la escena representa “la foto de la rendición del Estado de Derecho” se despachó con un alineamiento al revisionismo histórico tan de moda en los medios de comunicación de la derecha, con sus historiadores de cabecera al frente: “Me ha venido a la mente –dijo ella- otra foto histórica, la de Hitler y Franco”. Y se quedó tan ancha. A fuerza de devaluar las imágenes de la Historia cualquier ignorante malintencionado puede salir del paso trucando los pies de foto, porque las grandes declaraciones ya sólo se dicen para consumo de creyentes que no se molestarán jamás en contrastar esos delirios con las hemerotecas. ¿Sabe esta buena señora que el presidente de honor de su partido, hoy senador en el senado democrático, fue ministro de Franco, el del “pacto o convenio de Hendaya”, y de los represores que le sucedieron? ¿O es que, quizá, se trataba de un piropo a Otegi y Patxi López, y somos nosotros los que no nos hemos enterado?
El tercer frente en la competición de disparates estaba, cómo no, entre los dirigentes de las asociaciones de víctimas del terrorismo en nómina del PP. Cuando la instancia judicial les falla, porque Baltasar Garzón autoriza el encuentro; cuando no cuentan con el apoyo de la Iglesia en su campaña de entorpecimiento de las conversaciones de paz, una vez que saben por las encuestas que más de dos tercios de los españoles estamos deseando que lo iniciado ayer llegue a buen puerto; cuando ningún partido político les acompaña en este entorpecimiento suicida de la búsqueda de la solución definitiva, sólo le queda al ZAR (Zaplana, Acebes, Rajoy) la instrumentación inmoral de los sentimientos de venganza y rencor de las víctimas del terrorismo.
Ayer vimos cómo el dolor de la madre de Joseba Pagazaurtundua, víctima de ETA, era convenientemente canalizado, en la manifestación montada ante el hotel donde se estaban celebrando las conversaciones, por manifestantes ataviados de blanco y máscaras venecianas, una de las cuales iba soplando al oído, como la concha del teatro, lo que querían que dijese aquella mujer, deshecha por el dolor y la rabia. Aquella imagen de la máscara teatral dictando a la madre de Pagazaurtundua, ante las cámaras de televisión, las palabras de dolor que debía repetir, mezcladas con los insultos a Rodríguez Zapatero, sí es la foto de la deriva en la que están cayendo los dirigentes del Partido Popular.
Rajoy, para rematar el día, señaló que, visto lo visto, el PP “no se siente representado ni concernido en este proceso”, cosa que ya los españoles veníamos observando desde hace mucho tiempo.
No nos puede extrañar que un partido que se opuso a condenar en el Parlamento Europeo el golpe de Estado de Franco y la represión criminal posterior se niegue a hablar de reconciliación, el mismo grupo político que en sede parlamentaria aplaudió a la extrema derecha polaca en su revisión histórica de Franco como el salvador de Occidente frente al comunismo. Pero yo me pregunto: si ETA abandona definitivamente las armas y se disuelve su organización, ¿el PP tampoco “se sentirá concernido” entonces con la paz subsecuente? ¿A quién le explicará que con el terror vivíamos mejor?
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(Meditación para hoy: Hasta mañana no llega a tierra de infieles el Vicediós. Al ZAR le quedan 24 horas para parir sus desvaríos, antes de que la marea amarilla de fieles acapare con sus cánticos y rezos todos los informativos. Van a tener que emplearse a fondo. Estad preparados, porque 24 horas dan para mucho disparate de dios.)