Opinión
Joan Saura y el Feng Shui
Por Ciencias
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear, en la Universidad de sevilla
Leo en este diario que la nueva sede del Departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya se decorará según los preceptos del arte oriental Feng Shui. Me complace el asunto considerando que es una modernidad que bien pudiera ser innovadora y agradable, pero me inquieta no tener ni idea acerca de tal arte. Leo la noticia con detenimiento y me inquieto aún más. Ese Feng Shui se basa en las orientaciones, porque sostiene que de cada punto cardinal emana una energía determinada. ¿Dónde se localizarán esos puntos? Busco por ahí, o sea, en Internet y la Británica, y se me erizan los pelos del cogote al ver que el Feng Shui (Viento Agua) es una superchería china destinada a armonizar las fuerzas de la Tierra con las del Cielo y la energía particular de cada persona, lo que hace que atraigamos más fácilmente la prosperidad y el bienestar. Tras superar el anonadamiento, retomo el diario, sonrío condescendiente y paso página. Pero no me concentro y divago.
Una nave espacial que explore un planeta a millones de kilómetros de la Tierra emite su información a través de ondas electromagnéticas con una potencia de unas pocas decenas de vatios (equivalente a la de una bombilla). Somos capaces de detectar esa debilísima señal entre un inmenso océano de ondas que nos llegan de todas partes. Un alumno mío avispado, al describir yo matemáticamente cómo se puede hacer tal discriminación, me dijo: “Es como si en una final de fútbol, en el tiempo de descuento, el equipo local marca el gol decisivo y entre el rugido de los espectadores se tratara de detectar el canto de un pajarito posado en la grada”. Mi respuesta ante el ingenioso ejemplo fue que no es así, porque los hinchas gritan todos más o menos en el mismo rango de frecuencias, mientras que lo que recibimos del cielo cubre una gama muchísimo más amplia. Nuestra capacidad de detección de energía es muy superior a eso.
Tras la ensoñación, vuelvo a la noticia y leo que un tal “Cipriano Toledo, del Estudio de Marian Duran, perteneciente a la escuela Xuan Kong Cifeixing (...) cuenta que antes de empezar a construir el edificio se hizo el estudio de geobiología; esto es, detectar las geopatías, energía mala, y neutralizarlas”. La noticia cita a Toledo para precisar: “Eso puede que sea extraño para los neófitos, pero este tipo de efectos ‘los pueblos antiguos ya las tenían en cuenta”. Como neófito, me entra vértigo al imaginar a compañeros de mi facultad detectando esas geopatías, neutralizándolas, ligando después como locos, haciéndose ricos y, en el colmo del delirio, imitando ritos de los pueblos antiguos que llegan hasta los sacrificios de doncellas. Descubro que mi mujer me mira rara. No me amilano y le espeto que si el abanderado de la iniciativa Feng Shui ha sido el ecosocialista Joan Saura, habría que internarlo, o al menos pedir que corra con los gastos. Su suspiro resignado da a entender que soy yo al que hay que internar. ¿Qué opina usted, amigo lector? Ayúdeme, por favor.