Opinión
La manzana de Newton
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de física atómica molecular y nuclear de la Universidad de Sevilla
Se dice que a Newton se le ocurrió la ley de gravitación universal estando sentado bajo un manzano. Una fruta se desprendió del árbol, cayó, dejó entrever la Luna y el hecho le hizo preguntarse por qué la atracción de la Tierra no alcanzaba a su satélite. Tan magno acontecimiento tuvo lugar entre 1665 y 1666, cuando a Inglaterra la azotaba una terrible epidemia de peste bubónica. Las universidades se cerraron y un jovencísimo Newton quedó recluido en la granja de su familia. Como era un chaval más bien perverso y completamente inútil para casi todo, le tenían prohibido colaborar en las tareas agrícolas. Así, zanganeando todo el día, se le ocurrió uno de los conjuntos de ideas más bellas y profundas que han surgido del cerebro humano.
El autor de la anécdota de la manzana fue, como no podía ser de otra forma, Newton, pero la empezó a contar en sus últimos años cuando, a la vez, se hacía pintar retratos con cara de bueno. Así que igual se la inventó porque había sido mezquino, embustero y cruel, y trataba de mejorar su imagen. Por otro lado, de la idea inicial a la formulación de la majestuosa ley transcurrieron años de intenso trabajo. Es uno de los ejemplos de que la genialidad consiste en minutos de inspiración y años de transpiración, sentencia acuñada por Thomas Alva Edison, inventor y empresario a menudo injustamente menospreciado.
El largo camino de la concepción de la gravitación como fenómeno universal expresable de manera matemática sencilla se debió fundamentalmente a que suponía una unificación de fuerzas. Desde la más lejana antigüedad se admiraba que hubiera fuerzas que se ejercían a distancia y no por contacto. La más obvia era la que provocaba la caída de los cuerpos. Poco a poco se impuso la idea de que el orden celestial se debía a fuerzas ejercidas entre el Sol y las estrellas errantes, que así se denominaban a los planetas. La conquista de Newton fue relacionar ambas fuerzas que, en principio, nada tenían en común. La Luna no cae sobre la Tierra como la manzana porque, aunque ambas estén sometidas a una fuerza de la misma naturaleza, el giro de aquella genera otra fuerza, la centrífuga, que contrarresta la atracción terrestre.
Es portentoso y difícil describir con sencillez fenómenos dispares y complejos, de hecho, la siguiente unificación, la de las fuerzas eléctricas con las magnéticas tardó dos siglos en conseguirse. Y la más reciente, la de la fuerza electromagnética y la nuclear débil, otro siglo más. El ser humano quedará sobrecogido cuando todas las fuerzas de la naturaleza formen un mismo cuerpo de doctrina. Mientras tanto, digámosle a nuestros jóvenes que la inspiración llegará o no, pero la transpiración no habrá quien la evite. Además hemos de convencerlos, aunque les parezca mentira, de que el esfuerzo investigador también provoca placer.