Opinión
Memoria (Histórica) selectiva
Por Javier Vizcaíno
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En Cope se encarga de la cuestión un chistoso de guardia, que anuncia: “El Gobierno da 30 días para que quien se llame Francisco cambie de nombre”. Qué risa, ¿eh? Pues no han llegado a la parte más sutil de la chanza: “En el caso de que el ciudadano sea de derechas, o tenga dos dedos de frente o no quiera cambiárselo por haberle cogido cariño o sea conocido como Paco o Paquito en el bar, la Administración actuará de oficio y declarará extinguido su nombre y se le asignará uno que podrá ser cualquiera de los siguientes tres, seleccionados entre los grandes nombres democráticos de la Historia: Ernesto, Fidel o José Luis”. Por comparación, Arévalo hace humor intelectual.
De Prada, exhibicionista
Comprendan, de todos modos, que cualquier comediante de la emisora episcopal lo tiene prácticamente imposible para competir con Juan Manuel de Prada. Y menos, ahora que los obispos parecen haberle concedido bula para utilizar expresiones por las que a cualquier otro lo condenarían al fuego eterno. “Es que yo creo que aquí nos la estamos cogiendo con papel de fumar”, dijo el zamorano después de calzarle el calificativo de delincuente a Juan López de Uralde. Unos minutos más tarde, cansado de que se hablara en la tertulia nocturna sobre la detención del director de Greenpeace, se explayó: “A mi es que esto no me preocupa nada. Diciéndolo en román paladino, me la suda”.
Fue el preámbulo para una confesión que llegó cuando los tertulianos pontificaban sobre la seguridad en los aeropuertos: “Yo siempre he tenido una vocación reprimida de exhibicionista. Siempre había soñado con eso de la gabardina, pero ahora ya no tengo que llevar la gabardina”. Algo sospechábamos.