Opinión
Memorial del sida
Por Bob Pop
Hace años que el sida dejó de aparecer en Gente para ocupar las páginas de Salud o de Internacional. Hace tiempo que las cifras sustituyeron a los nombres propios. Pero me acuerdo de entonces. Me acuerdo de Rock Hudson, que abandonó el armario para entrar al hospital. Rock Hudson, primera víctima pública del sida cuando lo llamaron cáncer gay, cuando bajo sus iniciales se disponían las tres haches en fila india (homosexuales, heroinómanos y hemofílicos) y los buenos católicos confirmaban que por fin había llegado ese castigo divino del que llevaban años advirtiendo a los sodomitas, mientras los menos fanáticos se conformaban con ver en la enfermedad una rebelión de la naturaleza frente a tanto vicio nefando.
Escuché todo eso, y aún lo recuerdo. Me acuerdo porque pensé que estaba condenado. Y tenía razón. El sida nos condenó a un miedo añadido al que ya nos daba que los demás supieran que nos gustaban los chicos. La enfermedad amenazó nuestra adolescencia y los primeros devaneos sexuales en los parques o en los bares con el pánico a un contagio fortuito que nos obligaría a confesar lo que escondíamos, como en aquel maldito chiste que también recuerdo: "Papá, tengo dos noticias. Una buena y una mala. La mala es que soy maricón. La buena, que tengo sida y me voy a morir". Me revuelve el recuerdo. De los amigos que lloraron el chiste ante sus padres, de los que nos enseñaron a despedirnos lentamente de alguien que se muere –cuando a nuestra edad las muertes deberían haber sido repentinas, súbitas, sin agonías–, de una pareja de chicos en los huesos que bailaban abrazados en una discoteca gay al ritmo del Go West de Pet Shop Boys mientras se besaban y lloraban. De todas las películas, de las canciones, del libro de Hervé Guibert, Al amigo que no me salvó la vida y de su película. Del Show must go on de Freddy Mercury, del Silencio=Muerte que dibujaba Keith Haring, del Red + Hot and Blue con canciones de Cole Porter. Y me acuerdo de mi amigo, el actor Paco Carrique, a quien le hubiera encantado verse aquí. Vivo.