Opinión
Mito nº 2
Por Espido Freire
Mito: en este país no se lee, porque el precio de los libros resulta prohibitivo. Casi cualquier libro cuesta ahora alrededor de los veinte euros.
Refutación: leer resulta ser una de las aficiones más baratas que pueden mantenerse en estos momentos de crisis, cuando ni la acción conjunta de los 2.500 euros por bebé y los hipotéticos 400 reembolsados por declarar honestamente el IRPF pueden salvarnos de los números rojos. Es posible conseguir baratos libros de bolsillo apenas unos meses después de que su versión de tapa dura haya aparecido en el mercado, existen librerías de segunda mano, y sobre todo, un inmenso número de bibliotecas públicas que han formado a muchos lectores y escritores, yo entre ellos, con un coste cero.
La confusión entre lectura y libros vendidos se realiza de manera constante por parte de los suplementos literarios y las editoriales; las bibliotecas en España sirven como preservadoras del fondo de clásicos que las librerías no conservan, y no como escaparate de novedades. La gestión de algunos bibliotecarios entusiastas se da de bruces con la realidad. Saben bien de los problemas de espacio, de hábito y de presupuesto con los que han de lidiar.
La semana pasada tuve el placer de leer uno de mis textos en la Stadtbibliothek de Bremen. Su amable directora, Frau Lison, me dio cifras que me hicieron enrojecer de vergüenza, palidecer de envidia. Bremen, una ciudad de unos 500.000 habitantes posee una biblioteca pública de unos 500.000 ejemplares. El total de préstamos al año es de unos tres millones, y cada año, un tercio del total de los libros resulta completamente renovado. La biblioteca, por lo tanto, posee de manera constante las últimas novedades, y los clásicos, reeditados en libros nuevos, bien cosidos, bien pegados, sin rayones ni páginas arrancadas. El uso de la preciosa biblioteca es constante, y el resto de las actividades que se realizan subrayan el uso de los libros: no buscan atraer atención o más lectores. Poseen un interés por sí mismas.
Lloro cuando en mi país las encuentro convertidas en espacios silenciosos para que los universitarios repasen apuntes...