Opinión
Mito nº 3
Por Espido Freire
-Actualizado a
Mito: Después de haber leído algunos de los clásicos más relevantes, el resto de la literatura es perfectamente prescindible. De hecho, las novelas del siglo XX no están a la altura de las anteriores.
Refutación: Limitarse a los clásicos significa una apuesta sobre seguro, pero sin conocimiento real de cómo han sido interpretados o acogidos en diferentes momentos y culturas. La literatura no sólo posee un plano simbólico, que explica contradicciones y esencias del ser humano: recoge, además, la mentalidad, los prejuicios, los ecos culturales y la evolución del lenguaje en cada momento.
Quienes son incapaces de aceptar nuevas interpretaciones artísticas clamarán también que la música clásica murió con el neotonalismo, o en el lecho de muerte de Tchaikovsky, y olvidará las innovaciones del grupo Fluxus, o la labor de Shigeru Kanno. El esnobismo del último descubrimiento va parejo al esnobismo de aferrarse a lo leído
siempre, a lo instituido por siempre.
La búsqueda constante de una nueva forma de expresión, o de una nueva novela, hace posible que el descubrimiento de un autor desconocido, sea clásico o contemporáneo, llene de alegría al buen lector. Las editoriales españolas han publicado en los últimos meses textos tan variados como algunos novelas de Georgette Heyer, olvidada y tan inteligente (Salamandra), de Cornelia Funke, (Siruela), otra autora imprescindible para comprender la literatura juvenil y su devenir, reediciones de obras menores y deliciosas de Henry James, (Funambulista); y entre ellas se entresacan los últimos best-seller. Piglia o Girondo resultan tan explicativos de la literatura argentina como Borges, y de la literatura escrita en español como Delibes, o García Márquez.
El canon de calidad, de popularidad o de presencia oscila cada pocos años. Como con los políticos en esta eterna precampaña de marzo, una buena crítica o una recomendación de un personaje prestigioso puede relanzar a la vida a un autor muerto. Ni siquiera los imprescindibles gozaron siempre del mismo renombre. Aleatoria, como la vida, la literatura juega a esconderse y a sorprender.