Opinión
Morsi en Teherán
Por Eugenio García Gascón
La política exterior del Egipto islamista todavía no se ha asentado, pero el presidente Mohamed Morsi ha realizado una gira de cinco días muy significativa que ha incluido China e Irán, y debe subrayarse que esta es la primera visita de un rais egipcio a Teherán desde la revolución de 1979, aunque sea en el marco de la Conferencia del Movimiento de los Países No Alineados.
Los analistas se esfuerzan por dilucidar el sentido de este periplo y tratan de avanzar qué sucederá a mediados de septiembre, cuando Morsi se reúna en Estados Unidos con el presidente Barack Obama. Esta cita ha causado un abierto descontento en el primer ministro Binyamin Netanyahu, que sigue empeñado en fiscalizar la política exterior americana, lo que constituye unos de los principales obstáculos para la paz en Oriente Próximo.
Aunque todavía es prematuro anticipar con precisión los matices de la política exterior de Morsi, no se debe olvidar que su primera salida fue a Arabia Saudí, un país islamista sunní que ha apoyado históricamente a los Hermanos Musulmanes egipcios y que ahora les sigue apoyando, sin que ello sea un obstáculo para que también respalde generosamente a los salafistas.
Del paso de Morsi por Teherán lo más significativo ha sido la condena del régimen de Bashar al Assad, lo que alinea a Egipto claramente del lado de Arabia Saudí, y al mismo tiempo del lado de Israel y Estados Unidos.
No ha sido eso ninguna sorpresa. Al fin y al cabo Morsi es un sunní islamista y pide democracia para Siria sabedor de que los islamistas son los mejor situados para tomar el relevo de Assad, tanto de una forma militar como por medio de las urnas.
El experimento democrático aplicado por orden de la superioridad, que ha fracasado en Afganistán e Irak, y por otros motivos en Palestina, donde ya hace tiempo que se agotó la legislatura y no se han convocado elecciones, llega ahora a Egipto y toca en las puertas de Siria.
Estados Unidos aspira a que Oriente Próximo se democratice, y lo quiere conseguir a toda costa. Obama ha hecho suya la política de los neoconservadores de Bush, que fueron los primeros en levantar el florido estandarte de la democracia, que ha fracasado en Irak y Afganistán y que ahora se pretende exportar a Egipto y Siria, pero no a otros países de la región como Arabia Saudí.
El experimento de Egipto con Morsi y de Siria sin Assad no ha hecho más que comenzar y será necesario esperar todavía algunos meses o años para determinar si ha merecido la pena.