Opinión
Mujeres coraje
Por Ana Cañil
Gracias Paqui. Los que no estuvimos en Bilbao, sí que pudimos verter lágrimas delante
de los televisores de nuestras casas, mientras tú mantenías la
cabeza levantada, micrófono en ristre, sin temblor en las manos y con tus hijos al lado. Pero no lloramos por el dolor que causan los hijos de puta asesinos, lloramos de emoción y gratitud por ti y por vuestra valentía. Por el coraje de viudas, madres, hermanas de
los asesinados. Nos emocionamos contigo porque siempre nos faltan las palabras, las formas de agradeceros y transmitiros la admiración, el valor y la fuerza que nos dais.
Hoy Paqui Hernández (de Puelles). Ayer y anteayer las históricas Barbara Duhrkop (de Casas), Nati Rodríguez (de Buesa) la entonces jovencísima Mar Blanco (hermana de Miguel Ángel), la incansable Maite Pagazaurtundua (hermana de Joseba), la luchadora de la librería Lagun, María Teresa Castells (esposa del superviviente José Ramón Recalde), las discretas y tabajadoras Maixabel Lasa (de Jáuregui) y Mari Paz Artolazabal (de López de la Calle) o Sandra Carrasco, esa hija de Isaías Carrasco que puso nombre en alto a los hijos de puta. Y tanta otras, madres, hijas, hermanas de asesinados, otras gudari nagusia.
Gracias a todas las mujeres coraje, la mayoría de las veces solo visibles por un día y luchadoras en la sombra durante el resto de vuestra vida. Gracias por las tantas veces que adelantáis en la senda a los políticos, que nos devolvéis la fe en la lucha contra los hijos de puta a costa de vuestro coraje. Gracias porque no van a poder con vosotras y nunca os podremos devolver todo lo que os debemos.