Opinión
El fin del mundo está cerca
Por Antonio Orejudo
-Actualizado a
Y no lo digo por el Aleti. Lo digo porque la izquierda se ha quedado sin grandes discursos y la derecha se está quedando sin grandes hombres. El presunto zombi de Valencia, el presunto caradura de Mallorca, el presunto chorizo de Barcelona y ahora el presunto ladrón El Ejido, Almería. Seguro que se acuerdan: hace diez años un marroquí apuñaló por allí a una chica y un centenar de vecinos salió a tomarse la justicia por su mano. Hubo persecuciones, saqueos, incendios, conatos de linchamiento, y algunos enloquecidos agredieron al subdelegado del gobierno, que trataba de apaciguar los ánimos. El alcalde no abrió la boca. Y es mejor que esté calladito. Enciso, que así se llama, presume de no tener pelos en la lengua y de eructar en público lo que mucha gente piensa en privado. Como Gil o el presunto Berlusconi. Resumen de su pensamiento político: la inmigración es delincuencia y la integración social, una mariconada. Cuando aquellos incidentes, el tío se resistió con dos cojones a levantar en terrenos municipales campamentos de acogida para los que lo habían perdido todo. El lugar natural de los marroquíes es el cuartelillo. Pero resulta que el que lleva durmiendo varios días en un calabozo es él, dicen que la policía lo ha pillado mangando. Si es verdad, es un fracaso: toda tu vida política protegiendo al mundo de los delincuentes extranjeros, y resulta que el delincuente eras tú. Me río, pero la cosa es seria: “No hay mayor ni más sotil ladrón que el doméstico —escribe Cervantes por boca del perro Cipión—; y así, mueren muchos más de los confiados que de los recatados; pero el daño está en que es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía”. Sálvese quien pueda.