Opinión
National Express, rehén de sus administradores
Por Vicente Clavero
Los administradores de National Express, primer transportista del Reino Unido y uno de los mayores de Europa, van a acabar saliéndose con la suya. Pese a las notables dificultades de la empresa, sobre la que pesan 1.200 millones euros de deuda, se han resistido hasta ahora como gato panza arriba a cualquier solución externa. Y al final serán los propios accionistas quienes tengan que rascarse el bolsillo para hacer frente a sus cuantiosos gastos financieros y al retroceso de la demanda que la crisis económica ha inducido.
El consejo se mostró partidario hace ya meses de proceder a una ampliación de capital, que podría superar los 400 millones de euros, con el fin de recortar sustancialmente la deuda. Una deuda derivada de las sucesivas compras de Alsa y Continental Auto, gracias a las cuales consiguió alzarse en poco tiempo con el liderazgo indiscutible en España. El pago anticipado de aquella cantidad, junto con la refinanciación prevista para el año próximo, proporcionarían a National Express el balón de oxígeno que tanto necesita.
Sin embargo, en el entretanto han surgido otras opciones, que no han prosperado a pesar de que habrían constituido un alivio para la mayoría de los accionistas. La familia asturiana COSMEN, principal socio de la transportista británica con una participación del 18’5%, se ofreció a comprarla este verano, de la mano del potente fondo de capital riesgo CVC
Partners, por 876 millones de euros, deuda aparte. Y Stagecoach, principal rival de National Express, propuso más recientemente una fusión en toda regla de sus respectivos negocios.
Los Cosmen dieron marcha atrás después de analizar al detalle las cuentas, de las que no debían de estar antes bien informados, pese a ocupar una vicepresidencia. A Stagecoach se la han quitado de en medio sin contemplaciones los propios administradores, alegando que la integración requeriría un largo proceso que ahora no están dispuestos a afrontar. Es más urgente, según su opinión, centrarse en recortar la deuda mediante la ampliación de capital, que a la postre no pone en riesgo el statu quo del que ellos disfrutan.
Gran disgusto
Tras la due diligence que les disuadió de comprar National Express, los Cosmen no dijeron una palabra más alta que otra, aunque motivos probablemente tenían de sobra para haber puesto el grito en el cielo. Sin embargo, la displicencia con que los administradores han tratado a Stagecoach, cuya propuesta no era mal vista por los asturianos, les ha sentado a cuerno quemado y no han tenido ningún empacho en proclamarlo así públicamente.
Falta de estrategia
Los antiguos propietarios de Alsa, que después de su venta entraron en el accionariado de National Express, se quejaron en un comunicado difundido el viernes de la actitud de los administradores y les reprocharon la ausencia de una estrategia a corto y largo plazo para enderezar el rumbo de la compañía. En Bolsa, la ruptura con Stagecoach hizo que National Express se pegara un nuevo batacazo.
Ampliación en el aire
El disgusto de los Cosmen no es bueno para el desarrollo de la ampliación de capital, que les puede costar en torno a 80 millones de euros si no quieren ver su participación diluida. Hasta ahora, se habían mostrado plenamente comprometidos con ella, pero han empezado a plantear condiciones tras los acontecimientos de los últimos días. Lo que más une a la familia con National Express es su liderazgo en España.