Opinión
La obra social de las cajas, una víctima colateral
Por Vicente Clavero
Conforme se deterioran los resultados de las cajas de ahorros, crecen las posibilidades de que su obra social sufra un severo recorte, como algunas voces ya han advertido con preocupación. Incluso hay quienes abogan por que el tijeretazo se produzca cuanto antes y por dedicar los recursos así liberados a la recapitalización inmediata de estas instituciones. JUAN RAMÓN QUINTÁS, presidente de la CECA, se encuentra entre ellos.
La obra social es uno de los fines primordiales para los que fueron creadas las cajas de ahorros, y tradicionalmente ha servido para materializar proyectos asistenciales, educativos y culturales, en proporciones distintas según las necesidades cambiantes de la sociedad española. El último periodo del que existen datos globales, 2008, estuvo dotada con 2.031 millones de euros y de ella se beneficiaron, de una u otra forma, según la CECA, 130 millones de personas.
Aquel ejercicio todavía fue testigo de un incremento de los recursos destinados a la obra social (11,3%), gracias a que el conjunto de las cajas de ahorros había obtenido magníficos resultados en 2007. Sin embargo, para el ejercicio en curso se espera un notable adelgazamiento de los fondos destinados a esa labor altruista, pues no en vano las entidades que la sustentan ganaron a lo largo de 2008 prácticamente un 40% menos.
La consecuencia inevitable será, está siendo ya, la paralización de muchos proyectos, entre los que hay algunos de gran impacto social, como la atención a quienes menos recursos tienen a través, por ejemplo, de comedores benéficos. Se da la circunstancia, además, de que ese tipo de actividades reclaman recursos crecientes debido a la escalada del paro, y le han restado protagonismo a uno de los destinos emergentes de la obra social antes de la crisis: el medio ambiente.
El director general de la CECA, JOSÉ ANTONIO OLABARRIETA, dijo en la última asamblea anual que las cajas de ahorros no abandonarán la obra social porque “forma parte de su ADN”. Pero, aun siendo así, que lo es, tiene fundamento el temor a que acabe pagando el pato también de la actual debilidad del sistema.
De más a menos
La obra social ha absorbido en los últimos años en torno a una cuarta parte de los beneficios globales de las cajas de ahorros españolas. Sin embargo, anteriormente el porcentaje era mayor. En la década de los ochenta, sin ir más lejos, superaba el 40%. Al compás del desarrollo económico de España en las dos últimas décadas, también han evolucionado las actividades de la obra social, muy centrada de un tiempo a esta parte en el fomento de la cultura.
Un plato apetitoso
La envergadura de los fondos que maneja ha convertido la obra social en una pieza muy codiciada. El propio Juan Ramón Quintás se ha referido más de una vez al riesgo de que las comunidades autónomas, que tutelan las cajas de ahorros, caigan en la tentación de utilizarla para cubrir sus carencias presupuestarias. Evitar las interferencias políticas es una antigua obsesión de los gestores profesionales del sector, en cuyos órganos de gobierno suelen tener una amplia representación los partidos.
Peor el remedio
Dos expertos del PSOE y del PP, JORDI SEVILLA y VICENTE MARTÍNEZ PUJALTE, han coincidido en la necesidad de aligerar de políticos los consejos de administración de las cajas de ahorros, de modo que carezcan de influencia en la gestión puramente financiera. Según ellos, su presencia podría derivarse hacia la obra social, en la que sí tendrían capacidad para decidir la aplicación del dinero a ella encomendado. Lo cual equivaldría a privar a alguien, por desconfianza, del manejo de una empresa, pero permitirle administrar los beneficios.