Opinión
El 'pe dos pe' de la ciencia
Por Ciencias
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ÁTOMOS CARGADOS // JAVIER YANES
Mi compañera Blanca, mitad mujer, mitad máquina, me pidió un buen día ejemplos de P2P en la ciencia. Una vez me hubo explicado convenientemente uno de los dos términos –por suerte, no fue ciencia–, comprendí que P2P es eso a lo que tengo que agradecer haberme descargado de Internet la saga completa de El planeta de los simios.
Como reacción al encargo de Blanca, me senté a cavilar en las escaleras del periódico. Humm... Veamos... Los científicos colaboran, desde luego, con aquellos cuyas feromonas son compatibles y cuyos objetivos son complementarios. Pero eso de pregonar a voz en grito los resultados de sus experimentos antes de que se jiñe en ellos el recto árbitro que se le antoje al editor de la revista... No, eso no.
Todo el que ha mariposeado por un laboratorio recuerda que los templos más sacrosantos de cualquier disciplina eran aquellos donde los posdocs guardaban sus cuadernos en la cueva de Alí Babá y donde siempre que alguien pasaba cerca, aunque fuera su propio padre, los consultaban haciendo parapeto con la mano, como hace el empollón con su ejercicio en un examen. ¿Ir juntos al altar del gran experimento? ¿Tener orgasmos presentando un telediario? Recordé de repente la frase de Bergamín, el comunista religioso: con el comunismo hasta la muerte, pero ni un paso más allá.
Science ha publicado recientemente que, en contra de lo que se diría, Internet ha logrado que los científicos consulten y citen menos estudios ajenos para los suyos propios. Hay cosas, Blanca, que nunca se comparten. Y ámbitos en los que la palabra de Dios aún no se puede editar desde un garaje. Llámame 1.0, si eso.