Opinión
La penosa experiencia francesa de Sacyr
Por Vicente Clavero
Los casi dos años que ha permanecido en el capital de Eiffage le han proporcionado a Sacyr más quebraderos de cabeza que satisfacciones. Su presidente, LUIS DEL RIVERO, estaba empeñado en fusionar las dos compañías para constituir la constructora más grande del mundo. Pero los franceses no veían con buenos ojos esa operación y le han puesto trabas sin cuento hasta que finalmente no ha tenido más remedio que tirar la toalla.
Del Rivero, como buen jugador de mus, empezó yendo al tran tran con Eiffage. En febrero de 2006 compró sus primeras acciones (5,8%), pero le pudo la impaciencia y sólo dos meses después la participación de Sacyr rondaba el tercio del capital. La broma le costó más 1.900 millones de euros, pero lo peor no fue el montante de la inversión, sino que ésta despertó inmediatamente los recelos de la empresa gala.
Sus directivos cerraron filas y se dispusieron a plantear batalla con una determinación que recuerda la defensa numantina que IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN está haciendo ahora de Iberdrola frente al cerco que le ha puesto Eléctricité de France. Eiffage negó la entrada de Sacyr en el consejo de administración so pretexto de que la empresa española había concertado acuerdos indebidos con otros accionistas para el asalto final, y la cosa acabó en los tribunales.
Pasados dos años desde la escaramuza inicial, Del Rivero ha decidido sacudirse de encima el problema, que lo distraía demasiado del resto de sus ocupaciones, entre ellas ganar dinero con Repsol, la petrolera de la que Sacyr es socio de referencia. No le ha sacado una gran rentabilidad a su presencia en Eiffage (alrededor de 30 millones de euros); sin embargo, podrá cancelar parte de su cuantiosa deuda y dedicarse a trabajar más a fondo allí donde sea mejor recibido.
Del Rivero, que forma parte de la corte de constructores arracimados en torno al Real Madrid, junto con FLORENTINO PÉREZ (ACS), FERNANDO MARTÍN (Martinsa Fadesa) o JUAN MIGUEL VILLAR MIR (OHL), tiene suficiente tajo por sí solo como para andar metido en complicaciones que para nada le benefician.
A fin de cuentas él ya ha levantado a pulso un emporio con el que ni siquiera podía soñar cuando, al convertirse en ingeniero de Caminos, su padre le dio dos trajes y una palmadita en la espalda, y lo animó a que se buscara la vida.