Opinión
Principios vendo que para mí no tengo
Por Vicente Clavero
La encarnizada lucha por el poder desatada en Caja Madrid ha puesto a las claras la desfachatez con que a veces se conducen quienes dicen ser adalides del más rancio liberalismo. ESPERANZA AGUIRRE, mientras con una mano procede al desguace planificado del sector público madrileño, utiliza la otra para colocar bajo su órbita la entidad financiera más señera de la Comunidad. No le importa entregar la gestión de la enseñanza o de la sanidad a empresas privadas, aun a costa de la atención debida a sus usuarios. Pero en lo tocante a esa máquina de hacer dinero que se llama Caja Madrid (2.860 millones de euros de beneficio en 2007) no está dispuesta a ceder ni un solo palmo de terreno.
Desde que Esperanza Aguirre se acomodó en el sillón de la antigua Casa de Correos que durante ocho años había calentado su entrañable enemigo ALBERTO RUIZ GALLARDÓN, no ha dejado de mirar Caja Madrid como un valioso instrumento que debía permanecer al servicio de su conveniencia política. Así lo demostró cuando una de sus participadas, Endesa, era pasto de otro legendario tira y afloja, en el que se dirimía la continuidad de su correligionario ideológico MANUEL PIZARRO en la presidencia. También cuando la españolidad de Iberia estaba en almoneda y puso toda la carne en el asador para que Caja Madrid tirara de la chequera y se convirtiese, bien que a regañadientes, en el socio de referencia.
Pero el episodio más revelador se ha vivido este verano. Esperanza Aguirre no tuvo complejo alguno en susurrar al oído del presidente de Caja Madrid el nombre de ÁNGEL ACEBES para que fuera uno de los consejeros del holding industrial Cibeles. MIGUEL BLESA, harto de intromisiones políticas, a pesar de que él llegó al cargo en 1997 gracias al dedo entonces omnipotente de su viejo compañero JOSÉ MARÍA AZNAR, se negó en redondo a atender la sugerencia y, sin pretenderlo, dio la razón a quienes dentro de la Comunidad llevan tiempo deseando hacerle el definitivo traje de madera.
De todas formas, siendo reprobable la actitud de Esperanza Aguirre, lo es más aún la de los medios que habitualmente comen de su mano, que suelen rasgarse las vestiduras cada vez que vislumbran un atisbo de injerencia espuria en según qué instituciones, salvo que lo promueva, claro está, su adorada lideresa.
Una cortina de humo
La controversia sobre la legitimidad de que Miguel Blesa siga en su puesto es solo una cortina de humo que tapa el feo panorama que se dibuja en el horizonte de Caja Madrid. Visto lo visto, es evidente que quienes pretenden descabalgarlo no se van a parar en mientes, aunque sea a costa de desestabilizar la entidad durante una buena temporada. La filtración de supuestos informes jurídicos que cuestionan la continuidad de Miguel Blesa es un simple anticipo de lo que está por llegar.
El perro de presa
Que el mascarón de proa del asalto a Caja Madrid sea IGNACIO GONZÁLEZ no augura nada bueno para Miguel Blesa. Es de sobra conocido el carácter expeditivo del alter ego de Esperanza Aguirre en la Comunidad, al que poco importa la dureza de la refriega si hay que batirse el cobre por la causa de su jefa. En el Ayuntamiento han probado más de una vez el aceite de ricino que Ignacio González dispensa a sus enemigos. Y eso que Alberto Ruiz Gallardón pertenece a su mismo partido.
Candidato con contraindicaciones
Precisamente, Ignacio González es uno de los más serios candidatos para sustituir a Miguel Blesa. Tiene a su favor la confianza ciega que le profesa Esperanza Aguirre. Pero su nombre despierta un entusiasmo perfectamente descriptible, como es de imaginar, en el entorno del alcalde, cuya opinión no puede desdeñarse, a tenor de la relación de fuerzas existente en Caja Madrid. Todo dependerá, al final, de cómo unos y otros decidan repartirse el botín, y eso no es predecible todavía.