Opinión
Una reordenación menos amplia y menos rápida
Por Vicente Clavero
La criba en el sistema financiero español, sobre cuyo alcance hubo hasta hace poco todo tipo de pronósticos, se ha saldado, al menos de momento, con una sola intervención del Banco de España y con varias fusiones aisladas que por sí solas no parecen suficientes para trastocar significativamente el actual statu quo. El nuevo mapa hacia el que caminábamos, fruto de una concienzuda cura de adelgazamiento, no se ve por ningún lado, si exceptuamos los cambios a que pueden dar lugar las operaciones en marcha, bien que con distinto grado de madurez, entre cajas de ahorro de Andalucía y de Catalunya.
No es seguro que el proceso haya terminado, porque la crisis económica promete dar aún fuertes coletazos; pero está cada vez más claro que la limpia será menos amplia y, sobre todo, menos rápida de lo que al principio algunos auguraron.
Una incertidumbre a punto de despejarse es el futuro de CAJA CASTILLA LA MANCHA, única a cuyo rescate ha tenido que salir apresuradamente hasta ahora el Estado y que en el momento de su intervención, a finales de marzo, representaba sólo el 1% del sistema, medido en volumen de negocio. El mes que viene se sabrá, casi con toda seguridad, si existen de verdad entidades interesadas en adquirirla y, en tal caso, cuál tiene más posibilidades de llevarse el gato al agua, aunque una reñida competencia no es previsible que haya. Se ha hablado sobre todo de dos (de la BBK y de IBERCAJA), aunque en esto todavía resulta harto difícil discernir hasta dónde llega la realidad y hasta dónde los deseos del Banco de España, que quiere soltar cuanto antes el pesado fardo que supone Caja Castilla La Mancha.
Su propósito, además, es levantar la intervención sin que le cueste dinero a las arcas públicas (a día de hoy sólo se le ha facilitado una línea de liquidez de 1.300 millones de euros, que son reembolsables, aparte de una inyección de capital por el mismo importe procedente del Fondo de Garantía de Depósitos de las propias cajas). Encontrar en semejantes condiciones un pretendiente no es, sin embargo, tarea fácil, por más que el Banco de España se comprometa a echar un cable al comprador en el supuesto, no desdeñable, de que posteriormente afloren antiguos quebrantos.
La solución final
Si finalmente no hubiera ni un solo candidato y el Banco de España siguiera en sus trece, la única alternativa sería vender Caja Castilla La Mancha por trozos, lo que entrañaría su casi segura desaparición. El Gobierno regional no quiere saber nada de esa posibilidad, que pondría en peligro muchos de los de 3.000 puestos de trabajo que la entidad mantiene.
Lo mejor para los políticos
Para la Junta de Comunidades, lo ideal sería que la caja se fusionara y que no se perdieran ni la marca ni los beneficios que su existencia aporta a toda Castilla-La Mancha, entre ellos los derivados de la obra social. Pero en este asunto tiene que andarse con mucho tiento, habida cuenta el desgaste político que le supuso la intervención.
Demasiados requisitos
Tanto BBK como Ibercaja son vistas con buenos ojos por el Gobierno regional, toda vez que apenas tienen duplicidades con la red de Caja Castilla La Mancha. Lo que no quiere decir, necesariamente, que ellas estén convencidas de la conveniencia de embarcarse en la aventura, a la vista de las exigentes condiciones que ponen unos y otros.