Opinión
Repsol y la hermana pequeña de Gazprom
Por Vicente Clavero
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Probablemente nunca se sabrá a ciencia cierta si el viceprimer ministro ruso, ALEXANDER ZHUKOV, erró al proclamar la semana pasada el interés de Gazprom por meter la cabeza en Repsol o si lo dijo sólo para despistar. Lo cierto es que, justamente siete días después de aquello, han salido a la luz las negociaciones que mantiene con los principales accionistas del gigante energético español otra compañía de su país: la petrolera Lukoil.
Ésta pretende tomar el control de Repsol mediante la compra del paquete en poder de Sacyr y de otros más pequeños, hasta totalizar algo menos del 30% del capital, porcentaje a partir del cual es obligatorio lanzar una opa. Aprovechará para ello la necesidad de vender que tiene el grupo presidido por LUIS DEL RIVERO para quitarse parte de su abultada deuda y del deseo de otros accionistas, entre ellos La Caixa, de hacer caja y aliviar así sus tribulaciones financieras.
Todo apunta, además, a que los rusos están dispuestos a pagar un buen precio por entrar con vara alta en Repsol, que tiene la llave de un mercado muy codiciado, el de América Latina, donde la petrolera española está presente en Argentina, Brasil, Perú y Ecuador. Eso explica la insistencia de los vendedores en pedir una fuerte prima, que duplicaría el valor bursátil actual y que a Sacyr, en concreto, le permitiría salir de Repsol sin demasiadas pérdidas, cosa inimaginable cuando hace un mes puso en almoneda su participación.
Si la eventualidad de que Gazprom aterrizara en Repsol era vista con muchos recelos por el Gobierno, que sea Lukoil la que se lleve el gato al agua tampoco resulta del agrado de algunos de sus miembros, a pesar de que esta empresa ni es estatal ni actúa en régimen de monopolio. Las dos tienen, eso sí, unas excelentes relaciones, hasta el punto de que el presidente de Lukoil, VAGIT ALEXPEROV, suele referirse públicamente a Gazprom como “nuestro hermano mayor”. El Gobierno podría alegar para oponerse a la operación la falta de reciprocidad, pues el sector energético ruso está vedado para las compañías extranjeras. Pero, así y todo, parece cada vez más lejana la posibilidad de que se cumpla el vaticinio de ANTONIO BRUFAU, presidente de Repsol, quien dijo recientemente que ésta seguiría siendo “privada, independiente y española”.
La sorpresa de La Caixa
Precisamente porque las declaraciones de Brufau fueron inequívocas, la mayor sorpresa que han deparado las negociaciones con Lukoil es la disposición de La Caixa a desprenderse de parte de su paquete del 13% en Repsol, que le permite ahora hacer de su capa un sayo en la petrolera. La Caixa reconoció ayer que mantiene contactos informales con los rusos y que, si el precio es interesante, se plantearía la posibilidad de venderles una parte.
El destino de la Mutua
Otro de los candidatos a ceder su participación en Repsol, en esta fase o en otra posterior, es Mutua Madrileña, que tiene un 2% de la petrolera desde el verano de 2007, cuando aún estaba al frente de la aseguradora JOSÉ MARÍA RAMÍREZ POMATTA. La Mutua compró a 27 euros por acción, frente a los 13 euros a los que cotiza ahora, lo que le origina unas minusvalías latentes del orden de los 150 millones que tuvo que provisionar en el tercer trimestre.
Un gran beneficiado
Mutua Madrileña puede ser uno de los principales ganadores de la venta de Repsol a Lukoil, pues es socio también de Sacyr, de la que posee un 5% que compró hace dos años al triple de su precio actual. La subida de los títulos de la constructora permitirá desbloquear parte del dinero consignado por la Mutua para cubrir la desvalorización, lo que a su vez repercutirá en sus beneficios, que entre enero y septiembre fueron un 60% inferiores a los del año anterior.