Opinión
Talio
Por Espido Freire
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Las muertes de los grandes líderes quedan siempre en la oscuridad: padecen enfermedades únicas, se desvanecen, los asesinan de maneras extrañas, improbables, en un descuido de lo que jurarían que nunca ocurriría. Quienes crean que son huellas del pasado, ojean con poca atención los periódicos. Han pasado dos semanas desde el asesinato de Benazir Bhutto, y aún no se ha aclarado quién, ni cómo, la mató. Bala, explosiones, una saga familiar condenada por la desgracia, y las sospechas de una conspiración. Incluso cuando algo fiable salga a la luz, el peso de la mitificación resulta ya tan poderoso que no será posible que arraigue la verdad.
Con el nuevo año, como con el nuevo curso, los quioscos ofrecen soluciones espirituales instantáneas, como tiritas sobre las emociones, y entre los títulos que se ofrecen aparecen las perlas de sabiduría de Osho. Sorprendente. Por lo general, el encanto personal de los fundadores de sectas se diluye con su muerte: hace falta una estructura fiel, y un funcionamiento muy rentable para que se hagan pasar por razonables las predicciones, la ideología y las frases de un timador.
Cuando murió, en 1990, hindúes y orientales renegaban de Osho: había corrompido parte de las creencias espirituales que Gandhi ennobleció. En Estados Unidos recordaban el intento de toma de poder en la ciudad de Antelope, que invadió de seguidores, con la pretensión de ganar las elecciones y conseguir determinados privilegios. Sin embargo, 15 años después de su muerte, los aforismos del llamado Bhagwan Shree Rajneesh, evasor de impuestos, instigador de bodas ilegales, timador profesional, y vicioso confeso se han traducido y han vendido millones de ejemplares.
¿Podrá deberse ese éxito, además de a la credulidad más servil, a su muerte? Aunque falleció en la India de un infarto, antes de su muerte achacó sus problemas de salud a la exposición al talio, que según él, había sufrido en su estancia en la cárcel en Estados Unidos. Como todos los héroes, falsos o no, aprovechó sus dones, vivió como quiso, inventó una muerte legendaria; y ahora ha resucitado.