Opinión
La venta de Spanair se anima
Por Vicente Clavero
Mientras caen chuzos de punta sobre el sector aéreo por culpa del brutal encarecimiento del precio de los combustibles, un grupo de empresarios catalanes ha decidido entrar en la puja para la compra de Spanair. Uno de sus grandes animadores es JOAN GASPART, propietario de la cadena hotelera Husa y presidente de Turismo de Barcelona, cuya notoriedad subió como la espuma durante los tres años que fue dueño y señor del palco del Nou Camp.
Su iniciativa ha tomado cuerpo en la recta final del proceso abierto por el consorcio escandinavo SAS para la venta de Spanair y habida cuenta de las crecientes posibilidades de que ésta caiga finalmente en manos de Iberia. La aerolínea española de bandera concurre junto con la operadora de vuelos privados Gestair. Enfrente sólo tienen a Gadair, una pequeña empresa de vuelos chárter con base en Palma de Mallorca, presidida por SANTIAGO SÁNCHEZ MARÍN.
Éste, que había presentado una oferta económica más jugosa, perdió buena parte de sus posibilidades cuando rompió con Longstock Financial, el fondo de inversión portugués de VÍTOR PINTO DA COSTA, tras salir a la luz una serie de problemas en las dos compañías que gestiona: Air Luxor y Air Cóndor. Desde entonces, Iberia tiene más papeletas para llevarse el gato al agua, a pesar de las suspicacias que despierta su preferencia por Barajas, que en algunos ámbitos catalanes se entiende como una amenaza para El Prat.
El paso al frente de Gaspart y sus compañeros de aventura hay que situarlo en este contexto. Según ellos, la permanencia de Spanair en Barcelona es más importante incluso que el traspaso de la gestión del aeropuerto, vehementemente reclamada por la administración autonómica. Por cierto que la Generalitat, de momento, no ha acogido la iniciativa con demasiado cariño, temerosa quizás de involucrarse en una operación arriesgada. Las cuentas de Spanair no se están librando de la escalada del petróleo, y en el primer trimestre de 2008 arrojaron unas pérdidas de 41 millones de euros.
A la nueva candidatura, para fraguar, le hace falta un socio industrial que ahora mismo no tiene. Gaspart ha dicho que no será Iberia porque “aunque es una gran compañía, nunca ha apostado por Barcelona”. El problema estriba en que, tal y como están las cosas, va a resultar muy difícil encontrar otra.