Opinión
Versiones originales
Por Bob Pop
Tomo el sol tumbado junto a una piscina de Hockney mientras pongo a secar el libro de relatos de Cheever que había dejado junto al bordillo y que Burt Lancaster me empapó cuando saltó al agua desde el trampolín.
Miro al cielo y descubro una nube con forma de pájaro, de canario, de Piolín; ese diminuto canalla que alcanzó el éxito a costa de años de torturas a un lindo gatito que un día se hartó de todo y contrató a una panda de sicarios que apalearon al pajarito en un parque de Madrid; esa postal de Antonio López que Ceesepe había llenado de gente para que Amenábar la volviera a vaciar.
Cierro los ojos. Me duermo arrullado por el ruido del motor de la cámara con la que Andy Warhol me filma con una mano, mientras con la otra va anotando mis sueños de Liz Taylor en colores planos, Marilyn en monocromías sucesivas, Elvis fotocopiado en color... Son irreales, réplicas, reproducciones imposibles e industriales que acabarán imponiéndose a los originales, no habrá más originales. Sólo reprografías en series más o menos limitadas. Figuras de cera de galletas de jengibre que fueron dibujos animados. Papás Noel de oro y diamantes que cuestan más dinero del que valdría hacer realidad la leyenda y establecer un servicio anual de entrega de regalos a domicilio en Navidad. Dibujos que cobran vida y son apaleados, se apuntan a la causa sindical o asisten a ceremonias religiosas.
Abro los ojos. Llueve.