Opinión
En cuanto a los virgo...
Por Ciencias
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
Si hay un clásico de las últimas páginas de los periódicos (salvo en este), ese es la columna del horóscopo. Sin olvidar los especiales de algunas revistas de casa y moda sobre lo que les van a deparar a los leo los meses venideros.
Esta vorágine de predicciones no ha sido siempre así. El precursor de las columnas sobre los signos astrológicos apareció por primera vez en los periódicos dominicales de Reino Unido en los años 30. Eran artículos sobre “lo que predecían las estrellas” para las celebridades y los notables de la nación.
Es curioso, porque en sus comienzos la astrología sólo estaba destinada a príncipes y nobles. Después, se amplió al resto de los mortales por aquello de diversificar el negocio. En los años 40 incluyeron signos individuales, pero el análisis de la personalidad del modo que es común hoy en día no comenzó hasta los años 60, década tras la cual los signos solares rápidamente llegaron a formar parte de la cultura occidental.
No hay que ser muy listo para saber que son una sarta de sandeces. Que la dirección de Público decidiera no publicar semejante patochada es para aplaudir, aunque yo la hubiera incluido con vaticinios de coña al estilo de lo que pasó en enero de 1988 en la edición estadounidense de la revista Cosmopolitan. El astrólogo a cargo de ella o se tomó un tripi ese mes o decidió chotearse de las lectoras, porque escribió que las mujeres libra podían esperar visitar Europa el próximo verano y ser agasajadas e invitadas a cenar por un amable francés. Lo que significaba que, dado el número de franceses varones y el número de féminas turistas, cada amable francés debía hacerse cargo de unas 20 cenas románticas. ¿Habría sexo después? El infalible astrólogo guardó un respetuoso silencio.
No contento con eso, también dijo que las mujeres libra debían esperar visitar a su ginecólogo el 22 de febrero. Uno puede imaginarse a cientos de millones de mujeres en todo el mundo haciendo cola en la consulta. Una pesadilla para esos pobres médicos.