Opinión
El papa y la definitiva decadencia de los medios de comunicación

Periodista y escritora
-Actualizado a
Cualquier persona acostumbrada a despertarse con la radio o a una sesión matinal de noticias televisivas habrá vivido durante la última semana una sensación molesta de irrealidad, o de doble realidad, en la que los medios le informaban sobre unos asuntos e inmersos en un mundo mientras la realidad iba por otro completamente distinto. Si desde hace tiempo venimos hablando de cómo los medios de comunicación tienen cada vez menos que ver con la cotidianidad de la gente, lo de estos días con el papa Francisco ha venido a convertirse en el mejor ejemplo práctico.
Las cadenas de radio y televisión, como era costumbre, enviaron al Vaticano a sus equipos de informativos y programas, y a grandes figuras de lo suyo desde el mismo momento en el que se conoció el fallecimiento del Papa. Y, claro, como era costumbre, una vez allí, qué menos que abrir todos los informativos contándonos cómo está el finado, cómo está la plaza, qué dice el peregrino recién llegado o qué hace la monja de turno. Como era costumbre, se ha echado el resto no solo con lo pintoresco sino con lo que llaman “las quinielas de los papables”, repitiendo entre jacarandas la frase de “ya se sabe que, en el Vaticano, quien entra papa, sale cardenal” en un esfuerzo —qué vergüenza ajena— por retener algo que hace ya mucho tiempo se les escapó de las manos: la realidad.
El gran problema con el que se han encontrado los medios toda esta semana, y del que probablemente no se darán cuenta hasta dentro de un tiempo, si es que se dan cuenta, el gran problema reside en que aquello que “era costumbre” ya no lo es en absoluto, y la imagen o el sonido, día tras día, de los informativos abriendo con la cosa papal ha conseguido poner en evidencia su absoluta desconexión con la inmensa mayoría de la población. Y también nos puede servir para reflexionar sobre las razones por las que la población menor de 40 años no asoma ya la nariz por los medios de comunicación tradicionales: periódicos, radio y televisión. Si la sensación de que dichos medios han perdido la capacidad de conectar con una parte no pequeña de la población ya era un clamor, la muerte de Francisco ha venido a ponerle el broche.
Todo el entramado digital de los medios de repente no ha servido para nada. Ha bastado la muerte de un papa para que todo el esfuerzo de las empresas de comunicación en la creación de plataformas online parezca el último estertor de una forma de comunicarnos. Y cualquier forma de comunicarnos es ni más ni menos que una manera de organizarnos y entender, alimentar y defender la democracia. De ahí que todo esto resulte tan preocupante. No se trataba del esfuerzo tecnológico, colegas, sino de una forma de mirar el mundo.
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