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'Público' como síntoma

Por ANA PARDO DE VERA

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Mariano Rajoy ha vuelto a ser investido, como esperábamos, con el de Ciudadanos y la abstención de 68 diputados del PSOE. Los socialistas, lejos de poner fin aquí a su tormento, inician una larga travesía del desierto sin un líder, con los militantes decepcionados rodeando el Congreso, una gestora sin peso –más allá de la autoridad que podría desempeñar el presidente asturiano si diese un puñetazo encima de la mesa para que Susana Díaz decida o no definitivamente su desembarco en la capital–, un congreso socialista inevitable ya tras la salida de Pedro Sánchez del Parlamento y un grupo parlamentario roto con un portavoz que carece de credibilidad para coserlo (¿Hasta cuándo va a mantener Hernando su posición del "no es abstención" tras diez meses de "no es no"?)

Mucho se ha escrito sobre cómo debe afrontar el PSOE su recuperación no garantizada, teniendo en cuenta el destrozo, y mucho hemos probado y analizado la descarada injerencia económica y cebrianista en los últimos y delirantes acontecimientos de la calle Ferraz. Por ejemplo, cuando Rubalcaba, tras unos meses en la sombra del staff del Grupo Prisa, ocupa ahora minutos de radio, televisión y lo que haga falta para explicar lo que tiene que hacer el PSOE, sus militantes y hasta Sánchez, que tratará de rearmarse fuera de los focos del Parlamento. Tras el disparo de salida efectuado por Felipe González desde Chile y con Prisa como mensajero, el nuevo PSOE del patriarca nos ha regalado la vista y el oído con pequeñas vasijas chinas en el papel de portavoces de las esencias, como Jáuregui, Blanco, Ibarra o Valenciano.

Las pequeñas vasijas chinas del PSOE o la militancia socialista rodeando el Congreso este sábado contra la investidura de Rajoy gracias a su partido son la imagen más contundente de la resistencia de un tiempo que se niega a morir frente a otro que empuja por nacer desde el útero de una sociedad harta de ser manipulada y que se ha dado cuenta de que no seguirá aborregada con un mínimo e insuficiente Estado público del bienestar, una democracia en pañales, las instituciones podridas de corrupción y unas ínfimas concesiones para aparentar la igualdad de oportunidades.

¿De verdad pretenden que creamos que por tener el matrimonio gay aprobado somos unos revolucionarios, como nos vendieron, mientras, por ejemplo, las mujeres siguen soportando cotas de desigualdad insoportables, aparte de asesinatos machistas a diario sin que nadie tome medidas de alcance definitivo; la transexualidad es considerada una enfermedad en España; las autoridades eclesiásticas católicas continúan sentando cátedra sobre lo que está bien o mal a los gobiernos del turno bipartidista; las cunetas siguen alojando cadáveres de españoles asesinados en medio del mayoritario desprecio institucional; emigrantes y refugiados mueren o se pudren en vida dentro y a las puertas de nuestras fronteras; nuestro hijos/as siguen mamando que las corridas de toros y otras formas de cobarde maltrato de seres vivos son considerados ocio, arte y patrimonio nacional, y los medios de comunicación, públicos y privados, viven bajo el chantaje de la quiebra y la criminalización si no acatan el mensaje del poder en su más amplio significado?

Pretenden que lo creamos, sí; como pretenden que asumamos que un partido imputado que se financió y lucró ilegalmente y utiliza los recursos del Estado y la mentira para intentar noquear a sus adversarios va a unas elecciones y las gana en igualdad de condiciones que el resto. No, ya no les creemos, porque gracias a una independencia de criterio ciudadano cada vez mayor y mejor formada –que seguiremos alimentando desde Público con un periodismo puro de información y denuncia, como es nuestra obligación–, el círculo pro-democracia real se estrecha en torno al Congreso, pero también en torno a La Moncloa, el Poder Judicial, la Zarzuela, Bruselas, Estrasburgo, el BCE y el FMI, entre otros sinónimos de autocracia. Aquí, en esta web, tienen su sitio los ciudadanos/as libres que quieren informarse sin filtros y ser escuchados. Aquí, en Público, les esperamos para parir una Democracia plena.