Opinión
Satrapi 'is not ded'

Por Carla Berrocal
-Actualizado a
Marjane Satrapi ha muerto hoy, cuatro de junio, a los 56 años. Según reza la nota de prensa que sus familiares mandaron a la AFP, la dibujante falleció tan solo un año después de que lo hiciera su pareja, el actor Mattias Ripa.
La emperatriz del cómic, Marjane Satrapi, conquistó al público con Persépolis y trajo de vuelta —con permiso del manga— a un amplio espectro del público femenino que no se sentía representado en las historietas. Los que amamos el cómic y especialmente las autoras de cómic y sus lectoras, nos quedamos hoy huérfanas.
Criada en Irán y educada en el extranjero, Marjane Satrapi siempre ha sido crítica con el régimen de su país, convertido en una república islámica desde el año 1979. Cansada, se marchó a vivir a París persiguiendo la libertad y el sueño de dedicarse al dibujo. Fue a finales de los 90 cuando comenzó a hacer sus primeros pinitos profesionales en un taller compartido con otros autores como Lewis Trondheim, Riad Satif, Christophe Blain o David B, quién se convertiría en su mentor.
Fue en ese mismo taller, el Atelier des Vosges, situado muy cerquita de la Plaza des Vogues de París, donde Satrapi entre risas y papeles, le contaba sus experiencias en la Irán de los 70 a sus compañeros. David B. al escucharlo le animó a hacer un cómic sobre el tema y se comprometió a ayudarla. Así surgió Persépolis, un proyecto que le llevaría más de tres años hacer y que publicó la editorial L’Association entre los años 2000 y 2003.
Está claro que Satrapi es heredera estilística y formal de David B., pero aporta además, una visión novedosa al cómic de aquel entonces: cuenta una historia autobiográfica desde el punto de vista de una mujer, que además es iraní. Nadie pensaría que aquel libro, tan ajeno al gusto europeo en el que se narraban las andanzas de una chavala en plena Revolución Islámica, pudiera convertirse en el fenómeno que fue: más de sesenta mil ejemplares vendidos y un éxito arrollador.
El 20 de mayo de 2007 Satrapi pisaba por primera vez la alfombra roja de Cannes acompañada de Vincent Paronnaud. Ambos estrenaban la adaptación cinematográfica de Persépolis que Satrapi co dirigió y también escribió. La película ganó la palma del jurado y estuvo nominada a un montón de premios, entre ellos los Óscar y los César. Después de aquello publicó algunos cómics más, pero en 2011 migró definitivamente al cine. Ese mismo año también con Paronnaud, estrenó Pollo con ciruelas, adaptación de un tebeo suyo del mismo nombre. Las siguientes cuatro las haría en solitario: La Bande des Jotas (2013), Las voces (2014), Radioactive (2020) y Paradis Paris (2024).
Satrapi fue, junto con Alison Bedchel, una rareza en la industria editorial del tebeo. Conseguir su estatus y reputación en un sector tan masculinizado y misógino como es la historieta, fue una bendita sorpresa que ha permitido reconocer mundialmente a una mujer. Su nombre ha sido el espejo en el que se han reflejado muchas dibujantes para seguir sus pasos, y el nombre excepcional con el que los señores del cómic justifican una igualdad inexistente. Desde los periódicos hasta las redes sociales, hoy el mundo se ha inundado de mensajes de cariño, recuerdos e imágenes que lamentan la muerte de uno de los grandes nombres de la historieta contemporánea.
En Pollo con ciruelas, Satrapi narra la vida de Náser Alí Jan, un músico cuya mujer, tras una discusión le rompe el tar. La tristeza de Náser se hace tan grande, que decide encerrarse en su cuarto y no salir de la cama hasta que le lleve la muerte. Durante los siguientes ocho días, le visitarán genios, sueños y recuerdos con los que reflexionará sobre su existencia. Para Satrapi no fueron ocho días sino un año. Tras la muerte de su compañero, a ella también se le rompió su tar. Se encerró en su dolor y se consumió. Tal y como le sucedió a Náser Alí Jan en sus viñetas, a Satrapi la tristeza la metió en la cama y se la llevó.
Gracias a Persépolis, el gran público comprendió que las historietas son igual de relevantes que la mejor literatura, que las mujeres podemos hacer tebeos o que la disidencia empieza por actos tan pequeños como ponerse una chupa con el lema “punk is not ded”. En la canción Heaven can wait de Iron Maiden, una de las bandas favoritas de Satrapi, hay un verso que dice "take my hand, I'll give you immortality" cuya traducción es algo así como "coge mi mano, te daré la inmortalidad". Hay un poco de eso cuando leemos los libros o vemos las películas de Satrapi, es sentarnos con ella y darle la mano, es regalarle la inmortalidad.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.