Opinión
Valor, señoras, y al dragón

Por Marta Nebot
Periodista
Me indigno. Me enfado. Me encabrono. Otra vez. Una vez más. Y es tan doloroso... Y no creo que sea la única. Nos imagino dando gritos, fuera de nosotras, agitando todo el cuerpo, a patadas y puñetazos contra el aire, contra nuestro tiempo, contra todo. Es enloquecedor. Sí. Llamadme loca. Estáis en vuestro derecho. Es tanto más fácil mirar para otro lado. Ir a un bar y diluir todo esto en cuatro vinos, mantener la cordura y asunto aparcado.
El feminismo -como la paz- ya no están de moda. Lo he dicho en más de una charla universitaria y se hace un silencio confirmatorio. No lo pensamos solo las mayores. Ya no molamos. Es lo que tiene la moda y la vida. Un día lo eres todo y al otro estás demodé o muerto y ni te has enterado. Solo que cuando lo aplicamos a la historia conviene recordar que la humanidad siempre ha avanzado a pendulazos: un pasito para delante, medio para atrás y sigamos.
Esta semana he llegado hasta aquí peleándome con dos dragones a los que ni Sant Jordi ha vencido. Ni siquiera leyendo cosas bonitas se me ha pasado el mosqueo gigante que espero contagiar con este artículo.
Por un lado, me atacó una noticia importante que cuenta por qué y cómo el feminismo está perdiendo la guerra cultural: el antifeminismo es más noticia que nosotras, a pesar del crecimiento exponencial de la violencia de género.
¿Es o no es como para volverse locas?
Lo dice el informe The Global Misogyny News Coverage Tracker, publicado por AKAS, una consultora líder internacional con sede en Londres, que analizó 1.140 millones de artículos publicados en internet entre 2017 y 2025. Concluye que la cobertura de violencia contra las mujeres alcanzó en 2025 su nivel más bajo en 9 años: un 1,3% de la cobertura global, frente al 2,2% de 2018 (pico del #MeToo). Esto ocurre pese a casos de enorme magnitud mediática, como los de Epstein (que abusó de más de 1.000 mujeres) o Gisèle Pelicot (violada por más de 80 hombres), y a que las búsquedas en internet de “ayuda para violencia doméstica” se han quintuplicado en el mundo en este periodo. Las noticias sobre violencia de género se centran en el agresor, no en las supervivientes ni en el contexto estructural. Se tratan como hechos aislados.
¿Así cómo coño vamos a acabar con esta lacra social, cultural, ancestral instalada en el alma del sistema?
Y, mientras, el discurso antifeminista avanza: las referencias a la “ideología de género” se han multiplicado por 42 entre 2020 y 2025, impulsadas principalmente por contenidos machistas de EEUU. Entre 2019 y 2023 la financiación de iniciativas antifeministas sumó cerca de 1.000 millones de euros solo en Europa, según el Parlamento Europeo.
La noticia sobre el cambio en el código penal afgano que impone cinco meses de prisión por maltratar a tu camello y quince días por partir el brazo a una mujer, sea tu esposa, tu hija o una que pasaba por la calle, apenas tuvo eco en los medios.
¿A que también veis en esto la podredumbre humana que en estos tiempos nos asola?
El otro dragón con el que de momento no he podido es local y lleva el nombre y la cara de la misoginia brutal del juez David Yehiel Maman Benchimol, el titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 8 de Madrid, que actualmente instruye la investigación por la denuncia de violación contra el exDAO de la Policía Nacional, José Ángel González; un caso aterrador que se ha vuelto más terrorífico todavía.
Un vídeo nos ha mostrado sus declaraciones desvergonzadas en una ponencia organizada por el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid el 18 de febrero de 2026, al día siguiente de hacerse cargo del caso mencionado.
La jornada llevaba por nombre “Criterios de Competencia en Materia Penal y Civil de las Secciones de Violencia de Género: Implicaciones de la Reforma de la LO 1/2025” y estaba enfocada a expertos en violencia contra las mujeres del gremio jurídico.
En ese contexto acusó a las mujeres de denunciar sin motivo real, de presentar sistemáticamente denuncias falsas. Afirmó que las abogadas van “a la caza de la orden de protección”. Sostuvo que se han dado demasiadas ventajas a las mujeres: asistencia jurídica gratuita aunque tengan dinero, abogado de oficio de inmediato. Dijo que “la mujer es una enemiga acérrima” de la custodia compartida, atribuyéndolo a motivaciones económicas: quedarse con la casa y seguir cobrando pensión y que las madres hacen un “lavado de coco” a sus hijos para alejarlos del padre, invocando el Síndrome de Alienación Parental, la teoría prohibida en España desde 2021 que adjudica a las mujeres súper poderes sobre sus hijos, por el que Naciones Unidas ha apercibido a la Justicia española en repetidas ocasiones.
Es decir, nos cree manipuladoras y mentirosas con todo el manual de tópicos rancios machistas estando al frente de un juzgado especializado en la violencia contra nosotras.
El escándalo ha sido importante.
¡Menos mal!
Pero la mayoría de las reacciones de la comunidad jurídica y de la ministra de Igualdad lo que exigen es su recusación en el caso del exDAO.
¿Solo en este caso? ¡Por favor! ¡Socorro!
Ese señor no puede juzgar ni ése ni ningún otro en un juzgado especializado en violencia de género. No puede ser imparcial pensando lo que piensa. No puede juzgar lo que está juzgando con neutralidad, ni equidad, ni -por lo tanto- justicia.
La petición más sensata es la que promueve una campaña civil de presentación de quejas ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) solicitando, con el texto adjunto, que se le aplique el artículo 418.5 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) que tipifica “la falta grave de consideración respecto de los ciudadanos, instituciones...” de los jueces y magistrados, considerando en este caso, como ciudadanos, a todas las mujeres y en particular a las víctimas de violencia de género.
Lo interesante de esta petición es que, según la propia LOPJ, las faltas graves pueden conllevar el traslado forzoso a otro destino, otro en el que no pudiera juzgarnos a nosotras. Esa debería ser la única sanción satisfactoria. ¿De qué nos serviría una multa o que lo manden a su casa un año, suponiendo que terminaran sancionándolo -cosa que no siempre pasa-? Volvería pensando lo mismo y con más odio acumulado.
De momento el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha abierto formalmente diligencias. No las perdamos de vista e inundémoslo de quejas que les impulsen hacia el lado bueno de la historia.
En 2023, el último año del que el CGPJ tiene datos publicados en su web, en su Memoria de la Comisión Disciplinaria, se pusieron 540 quejas de las cuales solo 14 llegaron a la comisión disciplinaria y no sabemos cómo terminaron. No he conseguido encontrar en su web ni quiénes fueron los sancionados, ni con qué sanciones finales, ni los motivos.
No son jueces sueltos. Es el Poder Judicial entero el que permite que estas cosas ocurran sin castigo ni enmienda.
Así que, por favor, sigamos peleando.
Locas o cuerdas tenemos que continuar luchando contra los dragones que sean. No se van a extinguir solos. Ni Sant Jordi existió ni vendrá ningún santo a defendernos.
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