Los amigos del Bribón
Una persona como Juan Carlos I no tiene amigos: tiene sirvientes, vasallos, esclavos, aduladores... Pero amigos, lo que se dice amigos, no ha tenido uno en toda su vida.

Rodrigo Cota / Luzes
-Actualizado a
Cuando me llaman de Luzes para pedirme un texto sobre las amistades de Juan Carlos Emérito en Sanxenxo, pregunto qué es la amistad. Si me pidieran un artículo sobre los amigos de Manolo Páez lo escribiría sin problemas, aunque yo no sepa quién es el tal Manolo. Pasa que los amigos y las amigas de Manolo Páez o de Manolita López no requieren una idea sobre lo que significa la amistad, que no mantienen relación ninguna con el ex rey. En mi opinión, Juan Carlos no tuvo una amistad en la vida. Escuche usted la maravillosa canción de Amaro Ferreiro, Homicidio involuntario, que cuenta de una manera periodística cómo finalizó violentamente la probable amistad entre Juan Carlos y su hermano pequeño, el pobre Alfonso Cristino: con el cráneo del niño reventado por el disparo del heredero de una corona otorgada por Francisco Franco al Juan Carlos, el pinfloi del que me piden que relacione con supuestas amistades.
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Se trata de describir el ambiente en el que Juan Carlos se mueve en Sanxenxo cada vez que viene a fingir que regatea. Me sorprende que desde un medio como Luzes pregunten por las amistades de Juan Carlos en Sanxenxo. Ni en Sanxenxo ni en Vladivostok. Un fulano como Juan Carlos no tiene amigos: tiene sirvientes, vasallos, esclavos, aduladores. En su vida conocida no se le reconoce un amigo; sí socios en negocios turbulentos, compañeros de fraudes, amantes razonablemente interesadas, servicios secretos, encubridores, periodistas y políticos que recibieron favores... Pero amigos, lo que se dice amigos, el hombre no tuvo uno en toda su vida.
Supongo que cuándo hablan de los amigos de Juan Carlos Emérito en Sanxenxo, ponen como primero ejemplo a Pedro Campos. Suelen omitir el segundo apellido, a saber por qué, acaso porque Pedro Campos suena más campechano que Pedro Campos Calvo-Sotelo. Creo que ahí no hay una amistad. La Real Academia Galega (RAG) dice que la amistad es "sentimiento de afecto y confianza entre amigos". No sé, pero tengo la idea de que si Juan Carlos de Borbón y Borbón hubiera tenido el nombre de Pancho López Pérez, hijo de Lucas López y Paquita Pérez, Pedro Campos Calvo-Sotelo no sería su amigo. Otra cosa es que presidiendo un club naútico en Sanxenxo, presentarse como amigo de un Borbón, aún encima rey emérito, es muy conveniente. A los miembros de un elitista club de regatistas milmillonarios, les gusta que un Borbón sea transportado de una silla de ruedas a un velero y tratarlo como a un rival que recoge una no merecida medalla de oro. Pero amigos, lo que se dice amigos, pienso que este hombre no tuvo uno en su vida.
A ver, fue educado por Franco, protegido por los servicios secretos, fue coautor de un golpe militar, defraudador en el Estado del que fue jefe... Alguien así no tuvo amigos, ni los tiene ni los tendrá, ni en Sanxenxo ni en ninguna parte. Es una muestra de un ser desgraciado, triste, rosmón y condenado al ostracismo hasta por su hijo, que recorrerá el mismo camino, como todos los Borbones. Un pobre hombre que, a punto de finalizar su vida, no ha conocido la amistad.
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