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‘Ara va de bo! Alcalde, Joan Ribó!’

El nuevo alcalde de Compromís proclama el fin de “los tiempos del autoritarismo” en Valencia y baja a la calle a mezclarse con la gente

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El nuevo alcalde de Valencia Joan Ribó y Mónica Oltra. /REUTERS

VALENCIA.- Nervioso y sonriente, con constantes gestos cómplices a sus regidores, Joan Ribó se estiraba continuamente de los dos flancos de la chaqueta como para querer cerrarla pero sin llegar a ello. Como para intentar que no se le escapara del cuerpo la alegría que él, un comedido profesor de instituto de formación comunista, cristiana y ecologista, no podía contener. Este sábado, tras 24 años de mayorías de Rita Barberá, Ribó se convirtió en el alcalde del cambio y del consenso, en un pleno que, además, le tocó presidir por ser el más mayor del hemiciclo.

Sentada junto a Ribó estaba la concejala Sandra Gómez, la menor de la mesa de edad, segunda en la lista del PSPV, abogada de los socialistas en el caso Nóos y otro de los rostros del cambio en Valencia. Sus escritos consiguieron que el juez José Castro imputara a la mano derecha de Barberá, Alfonso Grau, y apearon definitivamente al exalcade de Valencia de la vida política.

Sin sorpresas, con los votos del PSPV y de València en Comú (donde se integra Podemos), Ribó alcanzó una vara de mando que aparcó nada más recibir. “Como alcalde, no necesito ni la vara, ni el mando; prefiero el diálogo”, dijo el de Compromís, pidiendo al secretario del pleno que la guardase donde considerase. Y arrancó aplausos –no los primeros, tampoco los últimos- en la Sala de Cristal del consistorio donde convivían la prensa y los invitados. Entre ellos, los entusiastas iaioflautas, las víctimas del metro, la campaña por el Cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros CIES No, los vecinos del Cabanyal o la gente de Per l’Horta y la coordinadora de ONGD.

Los tiempos del autoritarismo pasan a la historia, los sustituimos por una nueva etapa en la que las decisiones compartidas formen parte de la normalidad cotidiana”, proclamaba Ribó

“Los tiempos del autoritarismo pasan a la historia, los sustituimos por una nueva etapa en la que las decisiones compartidas formen parte de la normalidad cotidiana”, proclamaba Ribó, sin nombrar a Barbera, que para él “ya es pasado”. El nuevo alcalde prometía proteger la huerta de abusos urbanísticos; rehabilitar el Cabanyal; avanzar “decididamente” hacia la movilidad sostenible o defender el valenciano, “una lengua propia que no ha de ser contemplada como una pieza de muso, sino potenciada para hacer entender nuestra propia visión del mundo”. Enric Navarro, una de las caras visibles Per l’Horta, no podía evitar las lágrimas.

mentó a la exalcaldesa el sobrevenido portavoz del PP a causa de la espantada de aquélla, Alfonso Novo. “Para muchísimos valencianos, Rita Barberá siempre será su alcaldesa y su nombre, sinónimo de dignidad, lealtad y compromiso por Valencia”, aseguró el popular. Su grupo votó por él como alcalde y Ciudadanos lo hizo por su candidato.

24 años de lucha en la oposición

El portavoz socialista, Joan Calabuig, habló de que el cambio en Valencia es “imposible de entender” sin el “esfuerzo y la constancia en la lucha de todas las fuerzas de oposición” de estos 24 años y no quiso olvidar a Esquerra Unida (que quedó fuera del consistorio al no superar la barrera electoral del 5%), “madres, también, de este nuevo tiempo”. El PSPV decidirá la próxima semana si se integra o no en el equipo de gobierno. Sí lo hará València en Comú que, en palabras de su portavoz Jordi Peris, llega para "cambiar las reglas de la política" porque las actuales "son injustas" al dejar “fuera a la mayoría de la ciudadanía".

“Pensabas que el cargo era dinástico, ¿eh? No te lo creías…”, decía un chico que abrazaba a una señora en la plaza del Ayuntamiento. “¡Ya era hora, ya era hora”, repetía ella, secándose las lágrimas, a pesar de que la lluvia fina pero intensa ya la había calado. Era más de la una de la tarde y desde algo más de las diez esperaban a Ribó para “saludar” el cambio. Al final, el alcalde alcanzó la calle junto a su equipo. Bajaron por la escalinata principal y Ribó mandó abrir la puerta delantera del consistorio, que suele permanecer cerrada.

‘Ara va de bo! ‘Alcalde, Joan Ribó!’; ‘Dignitat per al poble valencià!’; ‘És del poble, l’Ajuntament!’, se sucedían los vítores (la mayoría, en valenciano), los requerimientos de fotografías, las demandas de abrazos y besos… Ribó reía ya a mandíbula batiente –conocía a muchas personas a las que saludaba-, aferrado a un ramo de margaritas envuelto en una bandera arcoíris que le dio al paso una señora. Al nuevo alcalde le costó más de un cuarto de hora recorrer los treinta metros que van de la puerta del Ayuntamiento a las casetas de floristas de la plaza. Atendió a cuantas personas pudo y volvió al consistorio, requerido por un directo de televisión. Antes de volver a entrar, desde el balcón donde se da inicio a la mascletà, varios fotógrafos le llamaron: “¡Joan, Joan!”. El alcalde miró arriba y los gráficos captaron el contraplano.

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