Cambio de época en la movilización: así se han transformado las organizaciones políticas juveniles en Catalunya
La última década ha supuesto un gran giro en el panorama activista y militante en las entidades políticas formadas por jóvenes, con una participación a la baja y la búsqueda de nuevos espacios desvinculados del 'procés' y del 15M.

Barcelona--Actualizado a
Los jóvenes que militan hoy en Catalunya viven en un ecosistema muy diferente al de hace una década. Ya no solo por los cambios en las organizaciones y la bajada de participación general que se vive, sino también por el cambio en las preferencias y temáticas que trabajan. Con el procés, que se añadía al empujón del 15M, muchas entidades hicieron crecer sus bases, con una implicación en el trabajo muy robusta.
Ahora, con el soberanismo en fase de agotamiento y una izquierda institucional centrada en la gestión, las entidades juveniles se encuentran ante una gran dicotomía, puesto que la izquierda alternativa clásica tiene incidencia en las políticas públicas, pero esto hace que su base se desmovilice. Por el contrario, organizaciones autodenominadas comunistas se abren camino para canalizar la lucha fuera de los espacios de poder clásicos, mientras las juventudes de los partidos acumulan poder en estos mismos espacios. El mapa, lejos de ser estable, está lleno de fracturas y discusiones no resueltas, con cambios de fondos en los últimos años.
Las grandes estructuras están en las instituciones
Las juventudes de los partidos son las organizaciones políticas clásicas de este ecosistema. Son el plantel de las grandes formaciones y, con estructuras jerárquicas, a menudo marcan alguna diferencia discursiva con el partido matriz, pero sin que esto suponga ninguna discusión. En Catalunya, la Joventut Socialista de Catalunya (JSC), con más de 1.000 militantes, es la organización juvenil con una mayor masa social, según los datos aportados por las diferentes entidades. Cuenta con cuatro diputados en el Parlament, dos en el Congreso y dos en el Senado, convirtiéndose en un auténtico vivero de candidatos institucionales.
En su programa no se observa ninguna contradicción potente con el PSC, a pesar de que a menudo se le ha criticado su carácter republicano, que nunca se ha abierto paso dentro del partido grande. Pese a este músculo, su acción pública de calle es testimonial, limitada a algunas campañas de sensibilización y presencia digital. Esto le comporta a menudo críticas de los movimientos de base, puesto que la cultura política de las entidades juveniles a menudo se relaciona con una actividad pública más disruptiva.
El Jovent Republicà, de ERC, mantiene una estrategia dual, con incidencia institucional y un activismo que mantiene protagonismo dentro de sus filas. En este sentido, existe una Secretaría Nacional dedicada a este hecho. A menudo representa un recambio de determinados concejales y diputados, pero la movilización de masas, tan potente entre el 2015 y el 2019, se ha diluido. Su organización cuenta con cerca de 800 militantes, según las fuentes consultadas.
Uno de los ejemplos más claros de la bajada en la participación es la Acampada Jove, el festival político-musical que organiza. Este se convirtió en un auténtico espacio hegemónico y de masas entre aquellos años, acumulando casi 80.000 asistentes. Ahora han tenido que cambiar el formato e, incluso, el nombre -se llama Arrels- a causa de la bajada en la participación, con el objetivo de que no sea deficitario.
Su relación con ERC públicamente nunca ha sufrido ninguna gran traba. El año pasado, con la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat, sobrevoló la idea de que Mar Besses, su diputada en el Parlament, votaría que no. El sentido de su voto, finalmente, se decidió en una asamblea extraordinaria, donde el sí se impuso. Ahora bien, con la ampliación del aeropuerto del Prat, la presión de las juventudes sí que hizo que el partido cambiara de parecer, para pasar a posicionarse claramente en contra.
En cuanto a la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), su principal activo es la conexión interna con Junts: acuerdos orgánicos recientes aseguran la presencia juvenil en la dirección y en listas electorales. Los entornos céntricos de Junts ven en la JNC una reserva de confianza, pero su visibilidad externa es escasa, con puntos débiles en proyección pública.
También encontramos a los Joves Ecosocialistes, vinculados a los Comuns. Según datos aportados por la entidad, tiene unos 600 militantes. Su trabajo se centra principalmente en el Área Metropolitana de Barcelona, pero su incidencia tan pública como institucional es poco conocida, a pesar de que su estrategia en redes sociales los sitúa en el mapa.
¿Quién mueve realmente la calle?
Arran, con alrededor de 400 personas activas, asume el rol de izquierda anticapitalista de la calle. Forma parte de la estructura de la izquierda independentista, que tiene en la CUP a su pata institucional. Arran combina acciones directas —pintadas, boicots, sabotajes simbólicos— y una estructura de núcleos locales que le permite intervenir en movilizaciones estudiantiles, de vivienda y feministas. Ahora bien, el relevo generacional, como las otras organizaciones, es lo que más les preocupa, comentan fuentes de la organización. Está inmersa en un proceso de replanteamiento discursivo y de la actividad, para encarar la amenaza de la extrema derecha y recuperarse de la escisión que sufrió el 2023, cuando nació el OJS.
La Organització Juvenil Socialista (OJS) apareció el verano de 2023, vinculada al Movimient Socialista. Definida como organización comunista revolucionaria, rechaza "el Estado burgués" y se posiciona contra la izquierda institucionalizada, también priorizando la lucha de clases ante cualquier otro ámbito. A la vez, la OJS ha tejido un conglomerado de entidades que buscan la hegemonía en este espacio. La configuración del Sindicat d'Habitatge Socialista o del medio de comunicación Horizó Socialista son un ejemplo.
Las universidades han cambiado
Uno de los otros puntos de conquista clásicos son las universidades, donde la fotografía ha cambiado radicalmente. El Sindicat d'Estudiants dels Paisos Catalans (SEPC), vinculado a la izquierda independentista, ha visto menguado su protagonismo, incluso perdiendo la hegemonía en espacios donde a menudo lo había tenido, como la Universitat Pompeu Fabra (UPF), donde el Jovent Republicà ha llegado a ser la fuerza más presente. La irrupción de la OJS ha sido vista como un espacio donde los jóvenes pueden vehicular su voluntad de mejorar las condiciones materiales de vida, después de un periodo donde, consideran las fuentes consultadas, esto "se ha perdido".
El panorama de las organizaciones juveniles en Catalunya ha cambiado profundamente en la última década. De la efervescencia post 15M y el independentismo como elemento movilizador se ha pasado a un escenario fragmentado, con una participación a la baja y una diversificación de estrategias. Mientras las juventudes de los partidos políticos tradicionales conservan músculo institucional pero tienen una presencia de calle limitada, colectivos como Arran o la OJS intentan ocupar el espacio de la lucha directa, pese a sus propias tensiones internas y retos generacionales. Así, las instituciones y la calle parecen bifurcarse, a pesar de interrelacionarse de manera compleja, con un ecosistema juvenil en transformación constante, que busca nuevas formas de relevancia e incidencia en un contexto político menos movilizado pero igualmente tensionado.
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