La corrupción sacude una fortaleza del PP en Andalucía
Las detenciones en Almería causan gran preocupación en el partido que ha dominado la provincia, que teme una fuga de votos hacia Vox les penalice en las próximas elecciones autonómicas.

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Almería es un territorio muy trabajado por el PP en Andalucía. Allí han gobernado la mayoría de municipios, grandes, medianos y pequeños y la Diputación con holgadas mayorías desde hace lustros, salvo algunos periodos de excepción. Durante los años de victorias del PSOE en la Junta, uno de los argumentos fundamentales que sostenían el voto al PP era el agravio con Sevilla, la lejanía, el abandono por los Gobiernos socialistas.
En los comicios de 2012, Javier Arenas, el indiscutible líder, quien daba por hecho que iba a ganar aquellas elecciones autonómicas, se presentó como número uno por esa provincia. No lo hizo por Sevilla, donde hubiera sido lo natural por ser su casa. Entre las razones que dio entonces ya estaban referencias a la fortaleza que era y pretendía ser para el PP: "Almería es la provincia que más ha apostado por el cambio en España y en Andalucía" y, él, Arenas "siempre se sentirá en deuda por ello". Es "la más lejana del centralismo de Andalucía", añadía por entonces el PP.
Durante años, el gran líder del PP en la provincia fue —y es aún, según las fuentes— Gabriel Amat, presidente de la Diputación entre 2011 y 2018. Amat tiene hoy 81 años y es el eterno alcalde de Roquetas, donde gobierna desde 1995. Cada vez que alguien menta su nombre, parece inevitable que este venga acompañado por la leyenda de su poder. Amat manda, se dice. "No se mueve un papel en Almería sin que lo sepa Amat" es uno de los comentarios más repetidos.
La sombra de la corrupción siempre ha rondado sobre sus actividades y sus rivales electorales han amplificado todo lo que han podido esta visión. Ha sido imputado, pero no condenado. En una entrevista reciente, de julio pasado, en ABC, el propio Amat dejó esta perla: "Jamás he criticado a los jueces y me abrieron más de 260 investigaciones".
Cuando Moreno tomó el control tras ganar las autonómicas de 2018 y el PP llegó al palacio de San Telmo, de algún modo lo hizo también con él otra generación, posterior a la de Arenas y Amat, en el partido. Era el momento de la renovación de las estructuras y el relevo en Almería apareció como natural. Amat cedió el testigo en la Diputación a José Aureliano García —un estrecho colaborador quien creció políticamente a su vera— que también asumió el liderazgo en la provincia. "Eran uña y carne", se dice en Almería.
Con Aureliano al frente, el poder del PP en la Diputación era omnímodo: 16 diputados tenía el partido por ocho del PSOE y tres de Vox. Y Aureliano presuntamente lo ejercía. En el informe en que la Guardia Civil resume cómo se amañó el contrato de dos millones de euros para la compra de mascarillas en plena pandemia, los investigadores señalan que sus colaboradores podrían referirse a él como el "todopoderoso".
En este ambiente de liderazgos sin discusión, cerrados y fuertes, verticales —trufados de relaciones familiares— es donde la justicia ha golpeado esta semana con toda contundencia. Después de varios años de aparente parálisis en las pesquisas del conocido como caso mascarillas, el juzgado ha decidido actuar. La Guardia Civil practicó esta semana numerosas detenciones y se ha hecho con aparatos telefónicos y ordenadores en diferentes registros.
La trama, hasta donde se ha podido saber, excede a la Diputación y alcanza al menos a otros dos ayuntamientos, Fines y Tíjola, ambos también en manos del PP. La causa se investiga por los presuntos delitos de cohecho, malversación de caudales públicos, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y corrupción en la contratación pública.
Aureliano ha caído. El ayer "todopoderoso" dimitió este viernes, después de pasar dos días en los calabozos tras ser detenido el martes pasado. El PP tiene ahora que decidir qué rumbo tomar. De momento, Moreno Bonilla, quien se juega en unos meses la mayoría absoluta, envió a resolver el entuerto político —además de a su lugarteniente orgánico, el secretario general del PP en Andalucía, Antonio Repullo— a su consejero Ramón Fernandez Pacheco, que fue alcalde de la capital y que ahora ha tomado el control del PP provincial. Algunas fuentes sitúan a Pacheco alineado con la hoy alcaldesa de Almería, María del Mar Vázquez (PP), su sucesora en el puesto, quien ha mantenido, según señalan estas fuentes, tensiones con Aureliano.
Está por ver cómo conjuga ahora el PP los equilibrios en la provincia y a quién coloca al frente de la Diputación. Cuando se sepa, se podrá comprobar —al menos ello dará pistas— también la influencia que aún mantiene Amat en la organización. Esto aún no está decidido, según manifestaron Repullo y Fernández Pacheco. Y por lo que han manifestado, parece que quieren darse algo de tiempo. Tienen 20 días de plazo, según dijeron este viernes en rueda de prensa.
Más allá de lo que el PSOE y la izquierda puedan rascar en términos electorales, lo que realmente preocupa al PP, según las fuentes consultadas por Público, son ahora dos cosas fundamentales. Por un lado, saber hasta dónde llega exactamente esta presunta corrupción y el alcance final de esta trama. Y por otro, contener a Vox.
La dialéctica en la provincia entre el PP y la ultraderecha es constante desde que Vox irrumpió en la política española en las elecciones andaluzas de 2018. En El Ejido, por ejemplo, Vox fue la primera fuerza aquel año y también un año después en las generales de 2019.
En una provincia en la que al calor de los invernaderos proliferan los negocios hortofrutícolas y acuden los jornaleros, la xenofobia de los discursos ultras cala en parte del electorado, el más escorado a la derecha. El propio Moreno Bonilla lo ha expresado con claridad estos días: "Al final de todo esto siempre hay un solo beneficiado, que es Vox".

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