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Doñana y los regadíos: luchas de ayer, agua para hoy y sed para mañana

"En el caso del agua de Doñana, Goliath es la agricultura intensiva y David es el parque nacional", asegura a Público Juan José Negro, exdirector de la Estación Biológica.

La pasarela de Cuesta Maneli en el Espacio Natural de Doñana. (Almonte, Huelva). E.P.
La pasarela de Cuesta Maneli en el Espacio Natural de Doñana. (Almonte, Huelva). María José López / EUROPA PRESS

El agua, su presencia y su ausencia, y su calidad, es el asunto vital cuando se habla de Doñana, según coinciden ecologistas y expertos. Es un problema que tiene raíces profundas, que viene de lejos y que en estos tiempos de calentamiento global (las precipitaciones se han reducido en Andalucía más del 30% desde principios de siglo, según los datos oficiales) y arraigadas malas costumbres (como los pozos ilegales), vuelve a estar de actualidad, después de que esta semana PP, Ciudadanos y Vox hayan registrado en el Parlamento de Andalucía una proposición de Ley para ampliar, y legalizar así prácticas hoy a erradicar, las zonas regables en el entorno de Doñana.

"Todo está relacionado con el agua en Doñana", afirma a Público Juanjo Carmona, de WWF, la ONG que jugó un papel muy importante en la creación hace 52 años del Parque Nacional. "Doñana es una marisma de agua dulce única; puede ser comparada con la Camarga francesa, pero es muchísimo más extensa", añade Juan José Negro, exdirector de la Estación Biológica de Doñana, biólogo y especialista en ecología evolutiva.

El 16 de octubre de 1969 fue publicado en el Boletín Oficial del Estado el decreto por el que se creaba el Parque Nacional de Doñana después de años de pelea conservacionista, en la que fueron decisivos, entre otros actores, la Sociedad Española de Ornitología y la organización WWF. El parque ocupa un total de 54.252 hectáreas, de las que casi la mitad, unas 27.000, son de marismas.

Desde su creación, la sociedad ha cambiado de un modo vertiginoso, lo cual lleva las luchas del pasado a otra dimensión, al aumentar la capacidad de destrucción del modo de producción: "El problema no es Doñana. Hemos cambiado como sociedad en estos años", afirma Carmona cuando se le pregunta por las luchas históricas y el balance de años de pelea conservacionista. Carmona pone un ejemplo de los cambios que es fácil de comprender en la zona: la romería del Rocío. "Se piensa que la romería ha sido siempre igual, pero el Rocío tiene 500 años, ya le hubiera dado tiempo a destruir Doñana. Lo que había antes era mucha menos gente y coches y carreteras y vías pecuarias".

Doñana es un lugar de paso, cría e invernada de aves europeas y africanas y alberga una gran diversidad de especies, entre las que destacan el lince y el águila imperial. Además de la marisma, confluyen en el Parque otras "unidades ambientales": la playa, las dunas móviles; el monte con sabinares, alcornocales y pinares; numerosas lagunas dispersas entre la vegetación y una zona de transición, la vera.  

"Esa es la razón de que se ponga la vista aquí, porque quieren que sus aves sean bien tratadas. Se invierte dinero europeo por sus valores de biodiversidad", afirma Negro. En junio del año pasado, el Tribunal de Justicia de la UE condenó a España, en una sentencia histórica, por no cuidar los acuíferos, que están sobreexplotados. Y la propuesta de PP, Ciudadanos y Vox de aumentar las zonas regables llega apenas meses después de ese fallo.

"Conservo recortes de periódicos de hace 30 años que son más bravos, había más arrestos: esos artículos alertan ya de que el agua no daba para todo. Son décadas sin resolver este problema. Bebida para hoy, sed para mañana. No hay agua suficiente. La realidad es que, debido al cambio en el clima hay menor precipitación y mayores temperaturas, lo que causa también mayor evaporación. Por tanto, llega menos agua para todo y existe un mayor déficit hídrico que hace algunos años", asegura Negro en conversación con Público.

"A lo mejor políticamente –añade el exdirector de la Estación Biológica– interesa muchísimo la agricultura, pero entonces renunciemos a proteger Doñana y digámoslo. Yo alabo a los ecologistas que aún creen en esto, y que se centran en el problema del agua, con razón".

La fresa, la frambuesa y el arándano que se cultivan en Huelva, en las proximidades de Doñana, desde finales de los 70, necesitan un aporte de agua importante y se exportan cada año por valor de mil millones de euros y suponen un medio de sustento para muchas familias de la comarca. En este tiempo, se han adoptado diversos planes para ordenar los cultivos y se ha llegado a diversos acuerdos, cogidos como pinzas. Sin embargo, según WWF, se han seguido abriendo pozos ilegales, hasta llegar a una cifra que supera los mil, según las estimaciones. Esta es la situación en la que irrumpe la derecha con su propuesta.

Negociar

A cualquiera con experiencia en Doñana que se le pregunte por esta problemática sabe que la solución nunca será definitiva ni satisfactoria para todo el mundo. "El agua es importante para el regadío y también para el espacio natural, y, al mismo tiempo, es un recurso limitado, por lo que habrá que negociar siempre. Hay problemas que son difíciles de resolver o no tienen más solución que pactar", ha dejado dicho a la agencia Efe Miguel Delibes de Castro, presidente del Consejo de Participación de Doñana.

"La agricultura es la parte del león: hacer crecer una fresa lleva más agua que lavarse los dientes y explico [lo que quiero decir con esto]: nos piden pequeños gestos y seguramente los hacemos, pero no dejan de ser ínfimos. Necesitamos ya abordar los grandes problemas. Y en el caso del agua de Doñana, Goliath es la agricultura intensiva y David es el parque nacional", resume Negro.

Carmona añade: "Además, ahora vamos todos a la costa. En Matalascañas se piensa [en origen] en suizos y suecos, en una urbanización pequeña. De repente se transforma. Y esto no lo aguanta el acuífero permanente. En 40 años hemos roto esos equilibrios. Queremos seguir en el paraíso. Tenemos conflictos creados por la modernidad. La carretera, el coche. Hemos creado nosotros los problemas".

"No podemos –profundiza Negro– achacarle solo a Matalascañas los problemas. Hay miles de hectáreas de cultivos muy intensivos, una demanda agrícola que no se satisface con la lluvia. Si queremos nata con fresas, parece que eso no es muy compatible con un parque como Doñana. La legalización propuesta es una maniobra electoralista, se lanza la idea de que se puede legalizar lo ilegalizable: es una jugada desleal. Ha habido intentos de hacer esto bien, y ha habido muchas concesiones. Hasta los agricultores legales deberían alzar la voz. Esto no es justo. No lo es. Para la economía tampoco, es una puñalada trapera".

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