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Podemos, en la encrucijada de un modelo territorial abocado a la reinvención

El partido que cambió el sistema y las costumbres políticas tras el 15-M y las europeas de 2014, una vez en el Gobierno busca crear un músculo propio, tímido de momento, en los territorios, mientras las guerras de la izquierda y la presión que ejercen los poderes económico y mediático lastran sus expectativas electorales.

Concentración de mayo de 2017 a favor de la moción de censura contra Mariano Rajoy en la Puerta del Sol de Madrid.
Concentración en la Puerta del Sol de Madrid de mayo de 2017 a favor de la moción de censura contra Mariano Rajoy. 

raúl bocanegra

En la elaboración de esta información han colaborado Danilo Albin, Eduardo Bayona, Alejandro López de Miguel y Alba Tomé.

Podemos tiene hoy cinco ministros en el Gobierno de España. Suma 35 escaños en el Congreso de los Diputados elegidos por casi cuatro millones de votantes en las últimas elecciones generales. Su líder, Pablo Iglesias, es un vicepresidente que ejerce, con mando en plaza, en un Ejecutivo de coalición –el primero en la etapa que inauguró la Constitución de 1978– con el PSOE. En estos momentos, ese Gobierno negocia con varias fuerzas un presupuesto que, de aprobarse, permitiría la continuidad de un experimento político inédito en España, el que Iglesias y Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, decidieron emprender tras los comicios del 10 de noviembre de 2019.

A primera vista, así, todo parece estar en orden en la formación que, impulsada por los deseos de reforma y revolución –sí, ambos conceptos estaban allí– que surgieron el 15-M ante un clima político irrespirable, irrumpió, con un resultado sorprendente, por inesperado, en las elecciones europeas de 2014 y, después, por los pelos, casi logra, un año después, algo impensable hasta entonces, disputarle al PSOE la hegemonía de la izquierda en unas elecciones generales. Faltaron 300.000 votos para lograrlo.

En el trayecto, llegaron envueltas en una ola de ilusión las alcaldesas y alcaldes que se llamaron "del cambio": Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona, José María González, Kichi, en Cádiz, Xulio Ferreiro en A Coruña, Joan Ribó en Valencia, Pedro Santisteve en Zaragoza…

Una mirada más detallada, con la lupa en la mano, revela que aquella ola enorme, levantada por la mar de fondo del descontento y de la desilusión con el proyecto surgido de la Constitución posfranquista —lo que se dio en llamar el "régimen del 78"— y los vientos de esperanza que se originaron en las plazas de todo el país, que estalló con fuerza en las elecciones generales, municipales y autonómicas de 2015 y 2016, se ha transformado hoy en una fuerza diferente, más manejable por el sistema, el mismo al que ha cambiado la cara de un modo profundo y con consecuencias que aún están por revelarse.

El análisis de los resultados electorales muestra que el proyecto ha perdido fuerza, sobre todo si se atiende a las municipales –con la pérdida de varias alcaldías muy relevantes, como Madrid, A Coruña, Zaragoza...– y a los últimos resultados en comicios autonómicos. En las generales, aunque está en el Gobierno, Podemos se ha dejado en la gatera más de un millón de votos en todo el país, desde que obtuvo hace un lustro su pico electoral, superando los cinco millones de sufragios.

¿Qué es hoy Podemos o, más exactamente, Unidas Podemos? ¿En qué se ha convertido? ¿Es un partido más, al uso? ¿Es una fuerza centralista? ¿Cómo afronta las próximas elecciones catalanas después del fiasco en Galicia, de un resultado irregular en Euskadi y del último episodio de guerra, conflicto y división vivido en Andalucía, la comunidad más poblada, esta misma semana?

Público ha preguntado a sociólogos, que aportan al respecto un punto de vista desde fuera de Podemos, y también a miembros y exmiembros del partido de distintas sensibilidades, buenos conocedores de lo sucedido y de las perspectivas –y riesgos también– que ha abierto la decisión de gobernar con el PSOE.

Lo que se extrae de las conversaciones, largas y profundas en ocasiones, es fundamentalmente, por un lado, que la organización, cuyas riendas lleva el diputado Alberto Rodríguez, después de pasar de las calles a las instituciones, anda en la tarea de crear un músculo propio en los territorios, en un entorno complicado por factores propios —las guerras de la izquierda— y ajenos, marcados por la presión que ejercen los poderes económicos y mediáticos, lo que lastra sus expectativas electorales.

Y, por otro, el desenvolvimiento presente y futuro en el medio plazo está vinculado, no únicamente, pero sí en buena medida, a los aciertos de Iglesias  y  sus ministros y ministras en el Gobierno y a la capacidad que tenga Unidas Podemos –la coalición que se formó con IU antes de los comicios de 2016, el llamado "pacto del botellín", que aún perdura– de rentabilizarlos.

Reunión de trabajo de Pablo Iglesias, Yolanda Díaz y Rafael Mayoral con UGT y CCOO de octubre de 2019. — PODEMOS

Un pecado original

"Podemos ha pasado de canalizar un descontento social a estar menos abierto hacia lo que hay afuera, porque ha gastado muchas energías en los conflictos internos y esto se ha dado en paralelo a una desmovilización social. Ha habido un hartazgo con lo institucional y ahora tenemos una atomización de luchas muy centradas en el ámbito laboral", afirma la politóloga e investigadora Arantxa Tirado (Barcelona, 1978), autora, entre otros de los ensayos La clase obrera no va al paraíso y Venezuela, más allá de mentiras y mitos (Editorial Akal).

"Podemos trata de estar en la calle. Son casi el único partido que va a dar apoyos a las luchas de la clase trabajadora, pero no cuentan con el respaldo mayoritario de una movilización que les permita salir de ese aparente ensimismamiento que ejerce de lastre. Todo eso, combinado con que se está en el Gobierno, ha producido un vaciamiento. Se llenaron los círculos y, después, eso se desinfló. Sucede entonces que no tienes implantación territorial. No tienes gente en los lugares y la poca que tienes, te la llevas para ocupar cargos", añade Tirado.

"Podemos creció muy rápido, y es normal que la espuma baje, pero ¿es lógico que baje tanto?", plantea, por su parte, la politóloga Cristina Monge, profesora de Sociología en la Universidad de Zaragoza. "Fueron quienes mejor leyeron el 15-M, y cogieron una ola de entusiasmo" que les llevó a entrar en las instituciones con una fuerza desconocida en España.

"No hay nada que pueda utilizarse como antecedente en España, donde lo más parecido, con sus diferencias, serían los resultados del PSOE en 1982, ni tampoco en el resto de Europa", anota Monge, que llama la atención sobre los efectos que las tensiones internas han tenido en su proyección como opción política, con episodios como el tormentoso Vistalegre II, la ruptura entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón y la posterior creación de Más Madrid y Más País.

Un respetado profesor universitario que participó en Andalucía en la fundación de Podemos y que prefiere, para esta crónica, hablar desde el anonimato, asegura que los problemas que explican lo que hoy es el partido parten de lo que llama, con dosis de humor, "un pecado original".

"Un problema fundacional de Podemos es que, inicialmente, la visión era a muy corto plazo. La previsión era llegar al poder rápidamente. Por un lado, estaba eso que Errejón llamó núcleo irradiador y por otro, las asambleas. Eran dos cabezas descompensadas. El análisis era ocupar las instituciones y se dio mucha prioridad a Iglesias –ahí está la cara de Pablo en la papeleta electoral– y se abandonaron los círculos, los movimientos que había en cada territorio, muy vivos. Ese pecado original Podemos lo está pagando ahora", analiza.

Abunda el profesor al respecto de esta idea: "Como Podemos no se presentó como tal a las primeras municipales –las de 2015– eso dio alas a la parte más participativa, que fue la que se instaló en los ayuntamientos. El partido era ya un partido centralista, donde todo se decidía en el núcleo irradiador. Ha pasado el tiempo y la pelea interna real, en cierto modo, no ha sido con Errejón, sino que ha sido en todo el Estado entre el Podemos centralista y las iniciativas municipales".

Esa dicotomía acabó por pagarse en el siguiente ciclo electoral, en 2019, según este análisis. "Esas iniciativas, después, fueron perdiendo fuerza. Y desde Madrid –continúa el profesor– se han promocionado candidaturas alternativas en todos lados, incluyendo el País Vasco. Quitando el caso de los Comuns, en los demás lugares, Podemos se ha quedado sin bases. Podemos no tiene activistas. Esta falta de activistas a la larga se paga. Ahora que Podemos se ha metido en el sistema de partidos como los demás, un partido que no tiene activistas, cargos medios, no puede funcionar".

"Ese es el origen de que caiga en todos sitios. Se mantiene Iglesias, pero en elecciones pequeñas se hunden. Ahí están Galicia y el País Vasco", remacha el profesor su análisis.

Problemas objetivos y sus soluciones

La politóloga Monge añade varios matices a ese planteamiento cuando destaca que "la situación es muy distinta en función de los liderazgos que se dan en cada territorio: Ada Colau resiste en Barcelona y Kichi gobierna en Cádiz con resultados mucho mejores que Adelante Andalucía en la comunidad, mientras Zaragoza en Común cae y las mareas sufren un desastre en Galicia".

Para Violeta Barba, que fue la candidata a la alcaldía de Zaragoza por Podemos en las pasadas municipales, y que retomó su actividad profesional como abogada laboralista pocos días después de esos comicios, "desde el punto de vista del análisis político resulta obvio que en 2015 recogimos un voto que no estaba fidelizado, y que entonces se sintió atraído por Podemos por la necesidad de verse representado por otro tipo de partido, distinto de los que había".

Pero, analiza Barba, "ese voto de protesta desaparece cuando te institucionalizas y pasas a formar parte del sistema". "No hemos sido capaces de generar conciencia política, y ha habido gente que ha buscado su representación en otros agentes, no necesariamente políticos", añade.

Por otro lado, expresa, la liquidez de la organización y la premura del tempo de los comicios confluyeron en un escenario en el que, por una parte, "no hubo tiempo de formar a la militancia y de oírla" y, por otra, "la actividad electoral se iba comiendo el espacio de debate, y eso hizo que la gente se alejase".

"No por una decisión de hacerlo así, sino porque el día tiene 24 horas y la vida no da para más", anota, al tiempo que admite lo erróneo de esas dinámicas: "A veces dejas de darle importancia a lo que no sale en la tele o en los medios, y crees que tiene más sentido reaccionar a una noticia que tener un debate con la militancia y escucharla".

Manuel Monereo, exdiputado de Podemos, un hombre de larga trayectoria en las luchas de la izquierda, asegura que para comprender bien la evolución del partido hay que entender que los fenómenos sucedidos responden a problemas "objetivos que obligaban a tomar decisiones".

"Podemos –expone Monereo– era un movimiento –ya no lo es– muy amplio, con una enorme pluralidad ideológica y con una heterogeneidad de posiciones políticas muy grande, y un núcleo dirigente muy efectivo y también heterogéneo".

"Surgieron diferentes posibilidades –prosigue Monereo–. Una de ellas, un partido de masas que admitiera diferentes tendencias ideológicas: todo partido de masas requiere una pluralidad que hay después que sintetizar. Una segunda opción era un partido de fracciones, donde cada sector o fracción negociaba con el otro sector cuotas de poder. Y en tercer lugar, un partido de fracción, en el que una de las fracciones se hiciera cargo del partido y, por tanto, un partido fuertemente centralizado en torno a su Secretario General. Esas opciones eran muy difíciles de construir. La clave estaba en el equipo dirigente. El equipo dirigente se rompió. No supieron convivir en torno al liderazgo de Iglesias, que era el mayoritario. Y la respuesta fue un partido a su imagen y semejanza. Eso ha ido sucediendo".

Remacha Monereo su razonamiento: "Lo más paradójico es que así es como funcionan hoy los partidos. Se ha convertido en el partido más perfecto en el sistema. En la quintaesencia de un partido moderno, muy parecido a lo que es el PP y el PSOE. El líder lo es todo y el partido se articula en torno a los cargos públicos financiados por el Estado. Es un partido que ya no tiene bases militantes, que tiene cuadros profesionales articulados en torno a las financiación pública".

Concentración en la Puerta del Sol de Madrid de mayo de 2017 a favor de la moción de censura contra Mariano Rajoy. — PODEMOS

Empoderar a la militancia

El partido trabaja  en fortalecer el músculo, y para ello, se ha abierto ya un camino, tímido de momento. Fuentes de la secretaría de Organización de Podemos aseguraron a Público que "los nuevos documentos aprobados en la Tercera Asamblea Ciudadana plantean un cambio en la forma organizativa que empodera a la militancia desde los círculos, la unidad básica de intervención sociopolítica de Podemos en el territorio".

"Ahora es la militancia la que conformará y decidirá la dirección del partido a escala local y en ese proceso, un nuevo censado de la militancia, se ha centrado la organización este otoño. Fruto de este primer paso de la implantación del nuevo modelo, hasta el pasado día 15 de octubre, en un mes, se habían censado casi 19.000 militantes, si bien este proceso es dinámico y sólo acaba de empezar", agregaron las mismas fuentes.

"De aquí a final de año tendrá lugar, por un lado, la renovación de órganos locales allá donde haya círculos activos que los conformen y, por otro, la puesta en marcha de las nuevas redes de círculos a partir de los y las enlaces que la propia militancia elegirá para ello. Una parte de ellos y ellas se integrarán en los Consejos Ciudadanos Autonómicos elegidos antes del verano, ya en enero", añadieron.

"Esta tarea está empleando a fondo a la organización en los territorios y el trabajo es arduo por igual, si bien, por tener mayor población y militancia, el mayor número de círculos y militantes se encuentra en la Comunidad de Madrid, Andalucía, Catalunya y la Comunitat Valenciana", remacharon las fuentes de la secretaría de Organización.

Desde uno de los territorios, el secretario general en Asturias, Daniel Ripa, ve "avances" en esta línea de trabajo. "Vistalegre III se está implementando ahora. Creo que es la primera vez que hay equipos de trabajo trabajando para desarrollar el partido, con los escasos medios que tenemos comparados con otras fuerzas. Veo que de verdad hay trabajo creciente".

¿En qué se concretan estos esfuerzos? "Hay sectores del partido que están en labor de construcción de partido. No es fácil hacer esto mientras se está en un Gobierno", afirma Ripa. "Hay una paradoja: al entrar en el Gobierno –reflexiona el secretario general en Asturias–, que es como el momento donde te deberías institucionalizar, desde el principio asumes que solo se puede resistir si tienes una organización fuerte, pero es consustancial a la entrada en el Gobierno la construcción de una organización más fuerte".

"Hemos intentado salir de la liquidez", resume Ripa.

El lastre de los conflictos internos y el centralismo

Un punto en el que coinciden todas las personas consultadas es que los conflictos internos, evitables o no, que se han sucedido en los territorios han tenido un coste. Eso se ha podido ver en fechas recientes, en las pasadas elecciones gallegas, en las que Podemos desapareció del Parlamento autonómico, y en las vascas, en las que se salvaron los muebles, pero en las que se pasó de ser la tercera fuerza con 157.000 votos y once escaños a 72.000 sufragios y seis diputados en el parlamento vasco.

Así lo analiza Ripa: "Siempre las disputas internas penalizan, la división se castiga más que la corrupción. Cualquier disputa tiene coste; parece que, a mayor arraigo, más candidaturas locales, más presencia en grandes municipios, tenemos más capacidad de resistir. En Galicia pudo haber influido [las peleas internas], pero el reto es hacer una fuerza descentralizada que baje más cerca del nivel de la ciudadanía. Hay partidos que llevan más tiempo y tienen más implantación. Eso les hace más fuertes. Podemos tiene que construir y lleva menos tiempo. Es el reto de esta legislatura, que en cada municipio haya presencia política estable".

La socióloga Marta Lois, profesora de Ciencias Política y Sociología en la Universidade de Santiago (USC), que fue concejala en Santiago de Compostela por Compostela Aberta, considera que "hay claramente un espacio electoral" para Podemos y las confluencias. Sin embargo, afirma que "la hecatombe vino provocada por errores internos al exhibir poca cohesión y demasiadas divisiones. El electorado de izquierda que está ubicado ideológicamente en este espacio más rupturista, más mestizo, más de confluencia, es sensible y castiga la falta de unidad".

Antón Gómez Reino fue el candidato de Podemos en las pasadas gallegas y considera que durante los últimos cuatro años el proyecto "estuvo muy focalizado en construir herramientas amplias y eso hizo que en parte se descuidara la construcción del propio partido, más allá de que las alianzas electorales y las alianzas sociales son muy importantes". "Es cierto que una estructura organizativa y orgánica sólida tiene muchas más dificultades de resistir en un momento como el actual a pesar de que estamos en el Gobierno del Estado", asegura a Público.

"Una cuestión que atacó al conjunto del trabajo de los últimos años en nuestro espacio político fue la situación de conflictos internos, la falta de capacidad para gestionar de forma normalizada e internamente las diferencias", concede el candidato.

Pancho Casal, candidato a la Xunta en 2020 por Marea Galeguista abunda al respecto de este tema: "Ser líderes de la oposición nos cogió a muchos sin experiencia para gestionar todo el capital político. Nacimos y ya éramos los líderes, gobernábamos ciudades importantes. Eso nos sobrepasó y nos cogió con una inmadurez del movimiento y a nivel político que nos pasó por encima. Hubiese sido mejor un proceso más lento de maduración".

El sociólogo de la Universidad del País Vasco Imanol Zubero destaca que en el caso de Podemos Euskadi "ha habido vulnerabilidades muy importantes en su constitución y desarrollo". "La primera debilidad que percibo es la ausencia de referentes o caras. Es curioso que, siendo un partido que se quiere nutrir de la sociedad civil, no haya habido personas de cierta relevancia con las que identificarse", afirma a Público.

Este sociólogo también se refiere al "problema del sucursalismo". "Podemos tiene un gran problema: hasta qué punto se ve como un partido vasco pero no nacionalista, porque para eso ya tendríamos otros, y como un partido de izquierdas que es vasco pero que también tiene una conexión importante con el Estado", afirma. Zubero remacha que "Podemos se ha convertido en una fuerza que casi se podría estudiar en las facultades como un ejemplo de centralismo democrático". 

"Euskadi ha sido siempre un territorio muy complejo para hacer política al margen de las grandes fuerzas constituidas. Es paradójico, porque siempre ha habido un espacio sin cubrir", afirma Zubero.

Ripa cree que ese espacio, no solo en Euskadi, puede aún ocuparlo Podemos. "Ese espacio transformador no vuelve al partido socialista. Va a haber elecciones donde Podemos va a estar presente. Sigue habiendo espacio para una fuerza transformadora. Lo estamos viendo ahora, está cuestionando el régimen del 78, la monarquía, las instituciones judiciales, ese espacio existe también a nivel territorial. El propio sistema del 78 está en crisis, por eso tiene sentido".

Para Ripa, el problema no es tanto de centralismo como, apunta, de "ausencia de coordinación". "Ha habido una organización poco ajustada. Muchas veces hemos estado poco coordinados a nivel estatal. Lo que ha fallado ha sido la ausencia de coordinación. Creo que el PSOE eso lo hace muy bien, usa las comunidades autónomas para hacer una acción política de presión sobre el Estado. El PSOE te marca agenda desde el Congreso, desde una región y desde un consistorio".

El sistema se defiende

Más allá del análisis de las causas endógenas de la caída en el voto a Podemos, las voces consultadas coinciden en que hay que considerar también las causas exógenas para poder comprender toda la evolución de manera conveniente y satisfactoria. "Para explicar fenómenos así, complejos –afirma la politóloga Tirado–, existen muchas causas. Es una interacción. Hay elementos que son propios de una crisis del partido y de sus dirigentes, pero también ha habido una estrategia innegable para derribar a Podemos y evitar que estuviera en el Gobierno actual".

"Hay que entender –continúa Tirado– cómo funciona el poder y el establishment. Y para ver esto no hace falta tener simpatías izquierdistas. Así es como funcionan las democracias liberales en el capitalismo: el diseño político se da dentro de unos cauces determinados. Es implacable. Es el poder, el poder real el que manda, los grandes empresarios, la gente que posee medios de comunicación. Y se ha tratado de neutralizar a Podemos desde los medios de comunicación, usando además las cloacas del Estado para aniquilarlo política y personalmente. Si no vemos todo ese contexto, podemos cometer el error de analizar la crisis solo como producto de los errores. Y tiene que ver también con todo lo demás".

Gómez Reino lo expresa así: "Es un momento de contraataque claro de todo lo que tiene que ver con políticas conservadoras. Somos una organización de pocos años de vida y lo que necesita es un proceso de implantación y maduración en el que se está trabajando, y no es sencillo en cualquier contexto político. Pero probablemente es menos sencillo en un contexto político como el del Estado español, donde venimos de años de bipartidismo. Lo estamos viendo con los movimientos que está habiendo en el ámbito judicial contra dirigentes de Podemos. Vemos cómo todos los poderes, económicos, mediáticos y judiciales, y sobre todo los más conservadores del Estado, están trabajando diariamente para intentar que una organización como Unidas Podemos no se consolide".

Tirado abunda al respecto: "Hay un cerco mediático. Es muy complicado encontrar analistas que no tengan un punto de visto crítico con Podemos. Ahí existe un problema de comunicación política. Se ve en cómo se trata con diferente escala, con doble rasero, se pone una lupa a cualquier cosa que hace cualquier persona de Podemos, se sobredimensiona, determinados medios tienen mucho poder. Y eso es lo que consume mucha gente. Si en televisión recibes mensajes constantes de presentarte a Podemos como una sucursal de Venezuela, puedes acabar creyéndotelo".

Coincide también Pancho Casal: "La presión mediática en Galicia… de cada cosa se hacía un mundo". Y Daniel Ripa también: "Es difícil competir, a nivel estatal estamos viendo lucha de régimen: hay un intento de inhabilitar a Iglesias en el Gobierno, de expulsar a Podemos de la toma de decisiones, esto ocurre a nivel local y autonómico. En cualquier caso, es milagroso que siga teniendo tres millones de votos teniendo en cuenta cómo los telediarios abren todos los días con cosas contra Podemos".

Algunos apuntes sobre el futuro

Los pronósticos de Monge para Podemos en la España de la pandemia son poco halagüeños. "Estamos entrando en un momento en el que, ante la incertidumbre, el votante busca partidos-refugio, opciones sólidas y valores seguros, y se va a primar más la seguridad que el entusiasmo", tal como indican los resultados del PNV y EH Bildu en Euskadi o los de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, considera.

Las próximas elecciones son en Catalunya, en febrero. "No me atrevo a hacer pronósticos –dice Tirado–, pero si sigue la tendencia, podemos encontrarnos ante unos resultados bastante modestos para lo que tuvo antes, porque llegó a ganar alguna elección".

Tirado apunta a una clave, la del trabajo bien hecho en el Gobierno, que podría convertirse en relevante y que ya fue ensayada por Podemos en Galicia, aunque allí no logró cuajar: "Hicimos hincapié en algo que se valora muy positivamente: el papel que tenemos en el conjunto del Estado. Pusimos poco el foco en explicar el proyecto de país que teníamos", afirma el candidato Gómez Reino.

Tirado pone el ejemplo de la ministra de Trabajo, la gallega Yolanda Díaz, que viene desarrollando una labor reconocida socialmente. "Si se puede dar la vuelta a eso y presentarlo como logros, igual eso podría llevar a un repunte si la gente deja de votar tanto en una lógica de independencia o no".

"Eso –prosigue Tirado– sería una ruptura del comportamiento electoral que ha habido en los últimos años en Catalunya en las elecciones autonómicas. Habría que ver cómo reacciona el cinturón rojo, si En Comú Podem logra conectar esas políticas públicas favorables a escala estatal con su electorado. Allí tradicionalmente había más porcentaje de participación en las generales que en las autonómicas, porque había gente que no se sentía interpelada con las elecciones autonómicas. Pero esto está cambiando, porque está cambiando la demografía. Además, el procés ayudó a movilizar el voto. En 2017 hubo gente que votó en las autonómicas como una votación reactiva contra unas elecciones que se plantearon como plebiscitarias. Fue cuando Ciudadanos ganó. En este contexto polarizado en clave nacional, En Comú Podem tiene el reto de convencer con una postura entremedia, que conecte con ambas sensibilidades, y lleve el debate a lo social. Nada fácil".

Monereo concluye, en una línea similar a la apuntada por Tirado: "El futuro de Unidas Podemos dependerá de la gestión en el Gobierno. Eso es sí o sí. Si de la gestión en el Gobierno son capaces de emitir señales de autonomía, de haber gobernado a la izquierda, de haberse diferenciado de la gestión del PSOE, es posible que haya futuro. Si Unidas Podemos cae en el ambiente del PSOE, de continua lucha interna, donde nada aparece claro y se hacen síntesis sin mucha fuerza social, tendremos dificultades".

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