Illa y Argüello, un diálogo entre católicos sobre polarización y democracia
"Hay corrientes organizadas que hacen de la polarización una estrategia con el propósito de desacreditar las instituciones, que son de todos", afirma el president catalán en diálogo con el presidente de los obispos.

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El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, cree que Salvador Illa (PSC), president de la Generalitat, es un "buen católico", que "reza a diario", pero que va a misa "menos" de lo que a él, a Omella, le gustaría.
Así lo contó, en ambiente distendido, el director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela, quien moderó este miércoles en Madrid un diálogo entre Illa y Luis Argüello, el poliédrico presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Valladolid.
En esta conversación de una hora, que se puede ver completa aquí, entre católicos, se citó a dos papas, Pablo VI y Francisco —lo hizo Argüello—, y también, entre otros, a Pericles, Tucídides, Hegel, Tocqueville y Sandel —los dos primeros y el último, Illa; a Hegel y Tocqueville, Argüello—. La mayor parte del diálogo versó sobre polarización —ambos reivindicaron el diálogo como instrumento— y democracia en tiempos de Inteligencia Artificial y globalización.
Argüello defendió de varias maneras su legitimidad y la de la Iglesia para sentarse con dirigentes políticos y para participar de los debates públicos: "Hoy me hago una foto con Illa y hace unos meses me hice una foto con Santiago Abascal y no me avergüenza ninguna de las dos, aunque para los medios de comunicación, para los estrategas de los titulares, les valga una foto para [decir, ahí está] el rojo de los años 70 o [para afirmar que ya] vuelve a salir el facha del siglo XXI. Pues no".
"En la medida posible, un responsable público tiene que abrir espacios para que sean posibles los diálogos y para que las entidades que queremos generar ciudadanos con virtudes y gestar alianzas en favor de la esperanza, que diría el papa Francisco, podamos hacerlo en paz desde un nuevo tiempo para las relaciones iglesia-sociedad e iglesia-comunidad política, [en el que] nosotros también tenemos que aprender", resumió Argüello su posición en su última intervención.
Illa reivindicó el diálogo como "conveniente y necesario". "Dialogar implica reconocer a otra persona. Si se enfoca con respeto, la capacidad de escuchar activamente y ponerte en el lugar del otro y tratar de entender razones y planteamientos, a veces concluye con acuerdos, a veces no pero es enriquecedor porque permite ver que hay otros puntos de vista".
"Hace falta hacer un elogio de la razón para el diálogo", manifestó Argüello. "Vivimos en una época en que la emoción juega mucho. […] El diálogo toma la forma de la dialéctica, de una pequeña batalla a ver quien gana en una dialéctica de contrarios. No demonizar a aquel con quien quiero dialogar. ¿Por qué hay dificultades en la vida española? Porque nos demonizamos unos a otros, porque se dice con estos no se puede hablar. [Hace falta] una pedagogía. […] Superar la dialéctica de los contrarios no es fácil".
Parte de la conversación versó, en efecto, sobre la polarización que crispa la sociedad y la comunicación, en tiempos de redes sociales, "una novedad de la época", que producen, según Argüello, un diálogo "contaminado", con "vehículo interpuesto", con "instrumentos" por medio.
Para Illa, sucede que se ha "fragmentado la sociedad" y hay quien "se relaciona solo con quien piensa como él". Eso hace, según el president, que "no se vea que existen realidades distintas". "El ágora pública ha desaparecido y las redes sociales han fragmentado la sociedad y esto ayuda a la polarización", dijo Illa.
El que fuera ministro de Sanidad durante la crisis del coronavirus, abundó: "Hay un individualismo creciente y la pandemia nos hizo ver que llega a un límite, que hay cosas a resolver desde una perspectiva comunitaria, por más dinero o poder que se tenga".
Luego, el president afirmó: "Desde hace unos años, hay corrientes organizadas que hacen de la polarización una estrategia con el propósito a mi juicio de desacreditar las instituciones que son de todos. Es bueno que haya contraste de puntos de vista, el diálogo tiene un componente de competición, pero bien entendida es sana, te obliga a afinar y beneficia a todo el mundo. Es bueno el contraste pero sin pasar los límites del respeto. […] Por este camino de la polarización no vamos a ninguna parte".
Para Argüello: "El desafío lo tenemos como sociedad". "Este deseo de diálogo y de establecer puentes no significa buscar el término medio ni renunciar a la polaridad de visiones diferentes, pero sí una pasión por encontrar los puntos que nos sirvan de punto de apoyo. Me gustaría como miembro de la comunidad católica que esta fuera una referencia de esto y contagiáramos esto", agregó el arzobispo. Argüello también expresó: "Cuestiono que se critique la polarización al mismo tiempo que se utiliza para obtener resultados electorales".
El arzobispo apuntó también: "Un principio ético que ha fundamentado las democracias que defendemos, [es que] un buen fin no justifica unos medios inmorales. Hoy esto no es así. En la fundamentación de la ética, [aparece] el consecuencialismo: miramos el valor ético de las cosas no por lo que son en sí, sino por sus consecuencias, por sus intereses. Los resultados, del PIB, de la cuenta de resultados, ya sean los de la banca, los electorales…"
La conversación fue poco a poco entrando en los riesgos para la convivencia democrática que ambos afirmaron verle a la polarización y, luego, con el ascenso de figuras, elegidas mediante el voto, como Donald Trump en EEUU. Hubo un momento en que Argüello planteó que este ascenso de determinados personajes "provocaba dudas [en algunas personas] sobre la democracia". "Estamos llamados a [hacer] una reflexión honda. Vemos que muchos ciudadanos jóvenes están haciendo suyas las dudas", dijo Argüello.
Luego, este lanzó: "¿Qué funciona mejor, nuestro sistema o el sistema chino? ¿Qué es mejor, Albania, que ha nombrado ministro a un robot? […] ¿Qué decir de las repúblicas islámicas como teocracias, algunas cuya publicidad llevan equipos de fútbol, con lo cual se puede hacer negocio sin ningún problema? Son asuntos muy gordos, que pedirían una reflexión de qué significa democracia en tiempos de IA y de mundo global y de una palabra [en que…] que estamos de acuerdo: regenerar".
Illa afirmó con toda claridad: "Las democracias tienen siempre un camino de mejora pero la alternativa es mucho peor. En regímenes autocráticos no se plantean estas cuestiones". Illa abrochó: "Hago una defensa cerrada de los regímenes democráticos, con sus mejoras. Durante la pandemia, hubo mucha reflexión sobre cuáles serían más eficientes. En sociedades abiertas y plurales aparecieron las vacunas. Peor no lo hicimos".
"Nuestros sistemas democráticos se basan en esto precisamente, en que haya planteamientos distintos. Lo que no podemos permitir es que se quiera negar la existencia ni el reconocimiento al que piensa distinto, que se le quiere expulsar, son muy importantes las formas. Esto es la riqueza de una sociedad. Lo contrario es peor. Las sociedades homogéneas son enfermas", señaló Illa en otro momento del debate.
El debate se cerró con la cuestión de las migraciones y la integración, tras la violencia de este verano en Torre Pacheco y la moción de Jumilla, que no se nombraron específicamente.
Sobre este asunto, Argüello, quien ha defendido la regularización de migrantes que ha llevado al Congreso la sociedad civil, colectivos y ONG, manifestó: "La afirmación de la radical dignidad humana y la búsqueda del bien común sufren los efectos de la polarización. Asumimos la dignidad sagrada de cada persona, y por eso la acogida de los que vienen. Por eso, abordando las causas, por eso, la necesidad de combatir las mafias, desde la dignidad. Luego está el bien común, nos dicen, se han de regular los flujos migratorios y lograr una integración que sea respetuosa con la tradición [del que viene] y que sepan [también quien viene] que se integran en una sociedad que tiene sus formas de organizar la convivencia".
Illa afirmó al respecto: "En esto hay que ser muy claro y muy directo. Si no, corremos un riesgo de fracturar. Acoger e integrar no solo no pone en riesgo nuestra identidad, sino que la enriquece. Si les acoges, les facilitas la integración y se integran, enriquecen tu identidad: Catalunya es una prueba de esto. […] La integración no se hace en un minuto. Esto se presta a planteamientos muy simplistas, hay que ser persistente y muy claro".

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