Vox, la extrema derecha con menos mujeres de Europa
El partido es el que más brecha de género tiene entre sus votantes, una diferencia que se hace más evidente todavía al compararla con la de sus homólogos europeos.
Olona, Monasterio y Toscano han salido de la formación en plena crisis interna, pero no pasa inadvertido que, por el camino, los hombres se han quedado con todo el control y la representación.

Madrid-
La ultraderecha en Europa tiene rostro de mujer. Marine Le Pen en Francia, Giorgia Meloni en Italia, Alice Weidel en Alemania y, antes, Siv Jensen en Noruega o Beata Szydlo en Polonia, han liderado y lideran lo que tradicionalmente fueron feudos masculinos, poniendo voz femenina a un discurso xenófobo, reaccionario y antifeminista. Electoralmente, han llevado a sus partidos al éxito. En España, sin embargo, Vox ha ido barriendo a todas las mujeres con visibilidad dentro del partido para convertirse en una formación cada vez más viril y, sobre todo, con poca intención de penetrar en el voto femenino.
La explicación puede que esté a medio camino entre la paulatina bunkerización de la estructura orgánica del partido, que busca blindar, con mano de hierro, el liderazgo de Santiago Abascal, sin nadie que le haga sombra, y la realidad socio demoscópica de nuestro país. Los hombres jóvenes cada vez son más de derechas, mientras que las mujeres de entre 18 y 24 años son ya el sector de la sociedad más a la izquierda. Vox ha elegido no jugar la partida en terreno hostil.
Macarena Olona fue la mujer con más proyección dentro del partido, pero su salida, hace dos años, fue abrupta. Rocío Monasterio también llegó a tener un papel destacado hasta que hace cinco meses dijo adiós a sus cargos en la Comunidad de Madrid entre críticas a la dirección. Carla Toscano, otro de los rostros femeninos más reconocidos de la extrema derecha, renunció el pasado mes de noviembre. Aunque es cierto que sus salidas se enmarcan dentro de la colosal crisis interna que atraviesa el partido desde 2023, no pasa inadvertido que, por el camino, los hombres se han quedado con todo el control y representación de Vox.
En esta legislatura los datos hablan por sí solos: en el Congreso, de los 33 diputados de Vox, sólo nueve son mujeres; en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) tampoco llegan a representar el 50%, siendo ocho de 17; y en su recién creada nueva estructura de portavoces sectoriales, sólo cinco de 12 son féminas. Es decir, en ningún nivel o foro de decisión —orgánica o ideológica— las mujeres ocupan, al menos, la mitad de los puestos. Tampoco en el ámbito autonómico hay ninguna líder que destaque, algo que responde al expreso deseo de Abascal de que así sea: "El sistema de Vox es que se vota a la presidencia, a la cabeza, y esa cabeza es la que marca la estrategia (...) No hay baronías", es la explicación oficial.
Ahora mismo, Rocío de Meer y Montse Lluis son las dos únicas mujeres con cierto peso en la formación. La primera, sobrina de Kiko Méndez-Monasterio —el hombre en la sombra de Vox—, es la voz de ese Dios, Patria, Familia de Meloni en España. Algunos exdirigentes de la formación la han señalado como heredera natural de Abascal, aunque está muy lejos de tener un liderazgo fuerte en este momento. Lluis, en cambio, trabaja codo con codo con el líder de la extrema derecha española en las cuestiones de partido.
Además de la evidente ausencia de mujeres en sus filas, tampoco su relato las tiene en cuenta. "Vox explota su discurso antifeminista para satisfacer a las bases tradicionales más ultracatólicas y antiabortistas del partido, como Hazte Oír y Abogados Cristianos. La estrategia se basa en la tríada Dios, Patria y Familia; además, debemos tener en cuenta el hiperliderazgo de Abascal. El voto de la izquierda está feminizado y la extrema derecha no necesita por ahora entrar en esa batalla", desliza Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa (Tirant Humanidades),
Vox, el partido con más brecha de género
Según el último barómetro del CIS, del pasado mes de febrero, Vox se haría con el 9,7% de los votos si las elecciones generales se celebraran ahora. El partido de extrema derecha está en un buen momento electoral, a la luz de las encuestas, pero es el que mayor brecha de género tiene de entre todas las formaciones: su porcentaje de intención de voto sube hasta el 13,6% al contabilizar sólo a los hombres entrevistados y baja hasta el 6% en las mujeres. "Esto se agudiza entre los varones jóvenes, incómodos con los avances feministas, que compran el relato ultra porque se sienten rebeldes, provocadores y antisistema", matiza Steven Forti, historiador y autor de Democracias en extinción (Akal).
"No podemos pasar por alto que ha habido un cambio en Vox, que anteriormente intentó atraer el voto femenino y normalizarse, con la aparición de figuras no masculinas con agencia y voz, dejando cierto protagonismo a las mujeres del partido, tal y como han hecho otras fuerzas de la extrema derecha en Europa", apunta Laura Camargo, profesora de análisis del discurso y autora de Trumpismo Discursivo (Verbum). "El foco, desde el ascenso del sector falangista de Buxadé y Garriga, lo tienen exclusivamente los hombres del partido", continúa.
Pepa Millán es la única con una portavocía destacada, y precisamente en su elección pesó el hecho de que no haría sombra a ninguno de los líderes varones. Antes que ella, ese puesto lo ocupaba Iván Espinosa de los Monteros.
Mirándose en el espejo de Meloni o Le Pen, Vox sí ha venido usando a las mujeres en cargos relevantes para que sean ellas quienes promuevan el negacionismo de la violencia machista. Macarena Olona llegó a decir que "los hombres no matan, matan los asesinos" durante su etapa en Vox. Carla Toscano habló desde la tribuna con camisetas de "El feminismo es anti hombres" o "Keep Calm and Ignore Feminazis". Rocío de Meer ha pedido acabar con el "dogma feminista" y ha tratado de justificarse diciendo que no es machista porque "reza a una mujer". El antifeminismo de la extrema derecha no se entiende sin el discurso más racista y xenófobo por el que, apoyándose en los bulos y la desinformación, la principal amenaza para las mujeres son los inmigrantes.
El complejo mapa europeo
España, no obstante, se erige en este punto como una suerte de oasis en plena ola reaccionaria global. Las voces consultadas por este diario sitúan el feminismo como uno de los puntos clave para explicar la brecha de género que arrastra Vox, más holgada que en el resto de Europa. "Le Pen ha conseguido reducir esta brecha y Agrupación Nacional (RN) cada vez tiene más mujeres entre sus votantes. ¿Cómo lo ha conseguido? Con un liderazgo femenino, hablando de maternidad y reconociendo la violencia machista, pero culpando de ella a los migrantes", señala Javier Carbonell, politólogo e investigador en el European Policy Center.
En las últimas elecciones europeas, cuatro hombres españoles de entre 18 y 24 años votaron a Vox por cada mujer de su misma edad que escogió la papeleta de Jorge Buxadé. La diferencia es de dos puntos en Francia y de 1,5 puntos en Alemania, según datos del citado instituto. "La brecha aquí es tan evidente porque los jóvenes, sobre todo los varones, sienten que están más puteados, han perdido poder económico y arrastran un malestar que no es tan fuerte en otros países. Si juntas ese malestar con unas políticas feministas que, para los sectores conservadores, han ido demasiado lejos y han mermado la identidad masculina, tenemos estos resultados", explica Carbonell.
Vox ha insertado su discurso en este marco narrativo, cimentado en torno al "derecho agraviado" de los varones blancos españoles y la pérdida de su hegemonía. Este relato pone en la diana al movimiento feminista e impugna sus conquistas. "La misoginia ha jugado un papel fundamental en la expansión de la ola reaccionaria global, convirtiéndose en un movimiento movilizador y aglutinador de las agendas neoconservadoras. El antifeminismo ha sido y sigue siendo un eje vertebrador fundamental para la extrema derecha más ultraconservadora, de la que forman parte los de Abascal", precisa Camargo.
"El proceso de feminización de rostros en parte de la extrema derecha europea es bastante reciente y todavía representa una minoría, no son en ningún caso la regla. Vox, no obstante, tiene dentro de este grupo de formaciones una de las posiciones más radicales, comparable sólo a la de algunos partidos del este de Europa. Es una de las pocas extremas derechas que ha llegado hasta el punto de negar la existencia de la violencia machista", apunta Steven Forti. Reino Unido, Portugal, Bélgica, Austria, Suecia, Países Bajos o Eslovaquia mantienen todavía liderazgos puramente masculinos.
La eclosión de mujeres en algunas extremas derechas se explicaría por tres motivos principales: la normalización política de estas formaciones, la necesidad de marcar distancias con los fascismos del siglo pasado y la conveniencia electoral. "Le Pen o Weidel están jugando un doble juego, huyen del estereotipo de la sirvienta del patriarcado, encarnando un modelo de mujer moderna, fuerte, independiente y dueña de sí misma, pero sus posiciones de poder no se traducen en una mejora de la visión social de sus formaciones. Las extremas derechas se dirigen a las mujeres por oportunismo electoral, necesitan a este segmento de la población para ampliar su cuota de votantes", matiza López Ortega.
Vox, por el momento, no parece interesado en conectar con un grupo que representa más de la mitad del electorado en España. Lo que sí ha conseguido es extender, con la ayuda del PP, el concepto de la mal llamada "ideología de género", relacionada a menudo con calificativos negativos, como el totalitarismo o la discriminación. Hasta con el "nazismo".
Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.