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Rafael Blasco: de 'Víctor' a 'Roger Rabbit'

El diputado valenciano, procesado por el caso Cooperación y enrocado en su escaño contra el deseo de Alberto Fabra, ha tenido una trayectoria política que le ha llevado de la lucha armada del FRAP al neoliberalismo del PP

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Puede que su expulsión del grupo Popular en Les Corts aún se dilate, pero después de las últimas manifestaciones de Alberto Fabra prometiendo su salida en el momento en que se abra juicio oral contra él, Rafael Blasco tiene sus horas contadas en el seno del PP. ¿Pero quién es Rafael Blasco? Atendiendo exclusivamente las revelaciones más llamativas del caso Cooperación, el que le tiene a un metro del banquillo por el presunto saqueo cometido tanto en la Conselleria de Solidaridad, como —por los indicios que está empezando a considerar el tribunal que lleva la instrucción— en las anteriores carteras comandadas por el diputado, la imagen resultante podría ser del todo vulgar.

Sin embargo, la biografía del diputado que —una vez la prensa empezó a desvelar el caso— acabó llamando desde cabinas telefónicas de la calle para no sumar nuevas y posiblemente vergonzantes escuchas al sumario que se instruye contra él (entre ellas, las que califican a los países originalmente destinatarios de los fondos de cooperación como 'Negrolandia' y a los necesitados como 'negratas'), no es la de un político cualquiera. Coautor de la mayor parte de la legislación del gobierno valenciano como consejero del primer Consell autonómico, entonces en el PSPV-PSOE, su curriíulum no sólo muestra a un político que ha dejado una huella indeleble en la política valenciana, sino también una de esas largas peripecias de supervivencia política al alcance de muy pocos.

Un viaje que no va sólo de la socialdemocracia del PSOE al neoliberalismo del PP, sino que tiene uno de sus primeros capítulos en la lucha armada que, desde mediados de los años setenta hasta principios de los ochenta, más firmemente se opuso a que el paso del franquismo a la democracia fuera la transición continuista que finalmente se llevó a cabo, y en la que él mismo se terminó asentando.

'El contenido constitucional no responde a los intereses del pueblo, margina a la mujer y al joven, y establece un sistema de enseñanza clasista y un sistema económico capitalista'. Así recogía La Vanguardia el 23 de noviembre de 1978 la opinión contraria a la Constitución por parte del FRAP, el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, en boca de su entonces portavoz, Rafael Blasco.

Ya licenciado en Derecho y con plaza de Interventor de la Administración Local, Rafael Blasco Castany, alias Víctor, había entrado en el grupo armado previo paso por el PCE-ml, escisión marxista leninista del Partido Comunista, contraria —como el FRAP— a cualquier tipo de pacto con el poder franquista para realizar una transición a la democracia. Y no lo hizo en la base, sino —apoyado por su pertenencia a un grupo influyente— directamente a puestos cercanos a la dirección.

'Blasco daba órdenes de golpear, pero nunca se le vio con una pistola en la mano. Te mentiría si te dijera que le vi en una sola manifestación', recuerda para Público uno de sus compañeros en la organización, que llegó a contar, en sus momentos de mayor agitación, con cerca de 400 activistas solo en Valencia. Pese a ello, como recogió también La Vanguardia el 2 de junio del 76, eso no le libró de ser detenido en un control fronterizo y pasar por prisión.

'Blasco daba órdenes de golpear, pero nunca se le vio con una pistola en la mano. Te mentiría si te dijera que le vi en una sola manifestación', cuenta un excompañero del FRAP

'Era un pequeñoburgués y aquí en Valencia no gozó de mucho prestigio. Sin embargo, ahí estuvo, no sé si por generosidad, o por simpatía con los ideales que nos movían a los demás', recuerda su ex compañero, que data su salida del FRAP en enero de 1981 y señala su don de la oportunidad. Justo un mes antes del 23F, el golpe de estado frustrado que afianzaría la Transición contra la que luchó el FRAP, Blasco salió del barco para aterrizar en el bando ganador.

No consta que su paso de la retórica marxista leninista a la asunción de la socialdemocracia fuera del todo abrupto, puesto que Blasco aterriza en el seno de un PSPV en el que ya milita su hermano Francisco, alcalde desde 1979 de su natal Alzira. Y resulta evidente que pronto destaca en su seno, puesto que, pese a su breve militancia, el ex FRAP sale de las primeras elecciones autonómicas, las que erigen a Joan Lerma como primer presidente valenciano de la actual democracia, con la cartera de presidencia.

'Todo lo observa desde el prisma de la política y vive pegado a ella el 100% de su tiempo, pero además es un seductor nato', relatan a Público fuentes muy próximas a Blasco para justificar su rápido ascenso. En esa posición, Blasco participa en la elaboración de algunas de las leyes más relevantes del gobierno valenciano, desde la de función pública, a la de creación de Radiotelevisión valenciana.

Sin embargo, un mal paso le hace perder fuerza en el partido. Su apoyo a Ciprià Ciscar —hermano de la que, a la postre sería su actual esposa, la directora del IVAM Consuelo Ciscar— frente a Joan Lerma en la pugna por la secretaría del PSPV y su derrota en la misma, le debilitan ante el presidente, que aprovecha el primer encuentro de Blasco con la justicia para dejarle sin cartera.

En 1989 irrumpe en la prensa el caso Blasco, a raíz de la denuncia de una directora general de la conselleria de Obras Públicas, entonces en sus manos, según la cuál él y otros altos cargos se podrían haber lucrado de la recalificación de unos terrenos. Blasco sería finalmente absuelto —tras rechazarse unas escuchas realizadas sin autorización judicial— al encontrar el juez no concluyentes el resto de pruebas, pero el exconsejero, que permanecía en su escaño —como ahora— como diputado raso, no recuperó peso en las filas socialistas, cuya afiliación abandona a petición propia en 1993. Su intención no era, sin embargo, dejar la política.

Olvidado ya su pasado ideológico, Blasco no mira hacia la izquierda y, tras un frustrado intento de aglutinar bajo unas mismas siglas todo el espectro de partidos nacionalistas valencianos, el exsocialista se aprovecha de una jugada del destino. Eduardo Zaplana, candidato por el PP a retirar a Joan Lerma, encarga a Consuelo Císcar —galerista, amén de antigua secretaria personal de Lerma— la parte relativa a los museos de su programa electoral, y en breve son marido y mujer los que acaban transmitiendo su extenso conocimiento de las entrañas del PSPV al primer murciano que asumiría la presidencia de la Generalitat valenciana.

Esta entrega tendría una recompensa, y Blasco, tras ocupar algunos puestos técnicos en el engranaje popularista, recupera la segunda fila al obtener la cartera de empleo en 1999 de manos de Zaplana. Tras ella llegaría la de Bienestar Social de 2000 a 2003, y ya con Francisco Camps —previa traición a Zaplana, que esperaba mantener con su ayuda el control desde Madrid de la delegación valenciana del PP—, las de Territorio y Vivienda; Sanidad; e Inmigración, que él rebautizaría como Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía. A todas ellas, según apunta el escrito de calificación de la misma abogacía de la Generalitat, podría extenderse la trama que ha actuado en el caso Cooperación pues el empresario encarcelado por la misma, Augusto César Tauroni, obtuvo contratos 'en la práctica totalidad' de ellas.

'Aunque ya se esté vendiendo su piel, a la justicia le va a resultar muy difícil demostrar que se ha lucrado con todo esto', reconocen a Público desde su entorno, al tiempo que aseguran que el exconseller —cómo si hubiera trasladado su modo de funcionar de la clandestinidad a su perenne consejería— 'nunca habrá firmado ningún papel que le comprometa'.

'Su único fallo es que le ha sobrado seguridad, que a pesar de ser un gran organizador, se ha descuidado de la gestión de cada día; y de nuevo —como en el primer caso Blasco— es alguien de su entrono el que le puede haber traicionado', indican fuentes cercanas al popular, al que los miembros del entramado investigado en el caso Cooperación llaman en las escuchas Roger Rabbit. Ahora, como le sucediera cuando la justicia le acechó por primera vez, Blasco empieza —pese a las muestras de apoyo que aún le profesan algunos correligionarios del PPCV, quizás por solidaridad al encontrarse en una situación similar—  a encontrarse solo, incluso más solo que entonces.

Blasco tiene el problema del converso: nadie es de los suyos. Pese a ello, el aún diputado popularista se aferra a su escaño contra el deseo de Alberto Fabra, como ya hizo cuando militó en el PSPV. Y está por ver hasta dónde forzará su resistencia si su situación procesal se complica. Por si acaso, su excompañero en el FRAP señala un hecho: 'no sé si alguien lo recordará, pero el PCE-ml anunció unilateralmente la disolución del FRAP sin que se celebrara ninguna asamblea que lo decidiera o se reconocieran errores. Y nunca, nunca se entregaron las armas'. A tenor de su perseverancia, más de uno deseará que no estén en manos de Rafael Blasco.

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