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Perfil Santamaría, el último gran reducto del 'Marianismo' que se le resistía a Casado

La que fuera la mujer más poderosa del Ejecutivo Rajoy ha anunciado que deja la política, claudicando ante el que fuera su rival hace apenas 40 días, pero no ha aclarado dónde irá. En la batalla por el control del PP hizo del traje de vicepresidenta su segunda piel. Es por eso que, durante su campaña, resaltó más por los ataques hacia el Gobierno de Pedro Sánchez que por cargar contra sus principales adversarios en el partido. Los mismos que acabaron sentenciándola. 

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La exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. EFE/Archivo

Se presentó como la heredera natural de Mariano Rajoy, y hasta este lunes era el último reducto del Marianismo que escapaba al control de Pablo CasadoSoraya Sáenz de Santamaría (Valladolid 1971) deja la política tras 18 años de intensa actividad, y después de haberse mantenido durante toda la era Rajoy en el segundo sillón de más poder en España.

Se va, dice, porque "es lo mejor para todos", para ella y para el partido, apenas cuarenta días después del Congreso en el que se jugó todo su capital político, abanico con los colores de España mediante. Perdió contra Casado, que ha intentado escenificar su voluntad de integrarla, como sí ha hecho con alguno de sus más destacados colaboradores. 

"No hay nada que la pueda contentar", explicaba a Público un destacado dirigente del nuevo PP; "No la veo como diputada rasa", reflexionaban otros tantos. El tiempo les ha dado la razón, y hoy Santamaría ha decidido cerrar esta puerta, aunque no aclara cuál abrirá a continuación. 

En la carrera por hacerse con la Presidencia del PP, hizo hecho del traje de vicepresidenta su segunda piel. Es por eso que, durante su campaña en el XVI Congreso del PP, destacó más por los ataques hacia el Gobierno de Pedro Sánchez que por cargar contra sus principales adversarios de filas. 

Santamaría, que dio la sorpresa al imponerse como la candidata más votada en las primarias de la formación conservadora, era precisamente la rival que menos interesaba a PSOE y Ciudadanos, por defender un proyecto político situado más al centro que el que hoy lidera Casado. Para desactivar a su rival, llegó a ofrecerle incluso una candidatura unitaria, sin éxito. 

En el año 2000, esta abogada del Estado comenzó su carrera política como asesora jurídica de Mariano Rajoy, cuando éste era vicepresidente del Gobierno y ministro de Interior. Desde ese momento, ambos han caminado juntos por los pasillos de Génova, los escaños del Congreso de los Diputados y las salas de La Moncloa. 

La exvicepresidenta del Gobierno se estrenó como diputada en 2004. Tras la llegada de Rajoy a la Presidencia del PP, en ese mismo año, esta vallisoletana dio el salto a la Secretaría Ejecutiva de Política Autonómica y Local de la formación conservadora. En 2008, fue designada portavoz del Grupo Parlamentario Popular, puesto que le dio gran repercusión y que se sitúa como el pistoletazo de salida a la enemistad aún vigente con María Dolores de Cospedal.

Con la llegada del PP a La Moncloa en noviembre de 2011, Soraya Sáenz de Santamaría fue nombrada vicepresidenta, ministra de Presidencia y portavoz del Gobierno. Además, se ocupó del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), un servicio configurado hasta entonces dentro del Ministerio de Defensa.

Considerada como la cara visible del Gobierno, Santamaría sustituyó a Mariano Rajoy en el debate entre las cuatro fuerzas políticas principales —PP, PSOE, Cs y Podemos— que se celebró antes de las elecciones de 2015. Un año después, tras las elecciones de junio de 2016, logró mantenerse al mando de la Vicepresidencia, pero sin la Portavocía. 

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. EFE

La mano derecha de Rajoy ha destacado sobre todo por su papel en el procés catalán, una gestión que bien le ha costado las críticas hasta dentro de su propio partido. De hecho, Casado cargó durante su campaña contra la "aplicación tardía" del artículo 155 de la Constitución, que permitió a Rajoy el adelanto de las elecciones en Catalunya, la misma cita con las urnas en las que partido incurrió en un ridículo estrepitoso.  

Su táctica de cara al 1-O ha sido más que discutida. En la retina, las cargas policiales durante la jornada de referéndum que dejaron a más de 800 personas heridas. Luego, la avalancha de querellas del Gobierno ante el Constitucional contra el Parlament y el Govern catalán, en lugar de apostar por el diálogo. 

La exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en la Real Casa de Correos durante los actos del 2 de mayo. EFE/Chema Moya

La guerra abierta con Cospedal ha tenido en vilo al resto de dirigentes conservadores en más de una ocasión. Una de las escenas de tensión más comentadas protagonizadas por ambas se produjo durante los actos del Dos de Mayo en la Casa de Correos de Madrid, cuando las dos mujeres más poderosas del PP se sentaron sin dirigirse la mirada y dejaron una silla entre ellas

No obstante, otra de las causas de esta eterna enemistad viene de la postura de Santamaría frente a los escándalos de corrupción que han azotado al partido en los últimos años. En este sentido, desde la formación se le ha reprochado que no diera la cara por el PP, ya que ésta se ha desmarcado en múltiples ocasiones, dejando a Cospedal, como secretaria general del partido, al frente de las decisiones -y de las comparecencias- más importantes en relación a estas cuestiones, como la expulsión de Luis Bárcenas y las explicaciones sobre la financiación de los conservadores.

Santamaría contó en campaña con el apoyo de José Luis Ayllón, exjefe de Gabinete de Rajoy en La Moncloa, y Alfonso Alonso, líder del PP vasco, entre otros. También, tuvo el respaldo mayoritario de los exministros de Rajoy, entre ellos Fátima Báñez, Cristóbal Montoro, Íñigo de la Serna e Íñigo Méndez de Vigo. Hace 40 días, antes del tsunami Casado, Sáenz de Santamaría llegó a afirmar que su derrota en este proceso era sólo "una posibilidad remota". El tiempo le ha quitado la razón, y hoy está completamente fuera de foco. 

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