Del "¿Por qué no te callas?" al "ultraje" a la espada de Bolívar: las polémicas que distancian a la monarquía de la izquierda latinoamericana
España celebra su Fiesta Nacional exaltando la misma efeméride que muchos gobernantes de América Latina han identificado con el genocidio de sus pueblos y el expolio perpetrado por la Corona.

A Coruña-
España lleva 134 años vinculando la exaltación de su orgullo patrio a la conquista de América. Fue en 1892, bajo la regencia de María Cristina de Habsburgo –segunda esposa de Alfonso XII, octavo monarca de la dinastía borbónica y tatarabuelo de Felipe VI–, cuando se acordó declarar como Fiesta Nacional el 12 de octubre: "El día en que las carabelas de Palos de Moguer arribaron a las costas de Guanahaní, con el pendón de Castilla en la proa y en la vela del trinquete, la Cruz", recoge, mayúsculas incluidas, el decreto de 1958 firmado por Francisco Franco y Luis Carrero Blanco que declaraba esa efeméride como Día de la Hispanidad.
El vínculo se renovó en 1987 mediante una ley sancionada por el heredero de Franco, Juan Carlos de Borbón, que declaraba definitivamente, hasta hoy y con similar y mayúscula solemnidad, que la única fiesta nacional es la de esa jornada: "Sin menoscabo de la indiscutible complejidad que implica el pasado de una nación tan diversa como la española, ha de procurarse que el hecho histórico que se celebre represente uno de los momentos más relevantes para la convivencia política, el acervo cultural y la afirmación misma de la identidad estatal y la singularidad nacional de ese pueblo", reza la norma.
La fecha elegida, según subraya la exposición de motivos de la ley, simboliza el momento histórico en el que "España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos".
Lo cierto es que la hispanidad se festeja mucho más en Palos de la Frontera (Cádiz) que en Guanahaní, la pequeña isla del archipiélago de las Antillas en donde se cree que desembarcó en 1492 la expedición patroneada por Cristóbal Colón, y que la llamó San Salvador. De hecho, entre los Borbones que empezaron a conmemorar la efeméride y los gobiernos de aquellos pueblos a los que España sometió, especialmente los de izquierda, se han producido innumerables encontronazos.
"¡¿Por qué no te callas?!"
El incidente más sonado –fue grabado y emitido en las televisiones de todo el mundo– ocurrió en noviembre de 2007 durante la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, cuando Juan Carlos de Borbón intentó, con un exabrupto convertido de inmediato en meme –"¡¿Por qué no te callas?!"– silenciar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que a su vez interrumpía a su homólogo español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Poco después, en el mismo foro, el hoy monarca emérito abandonó el plenario de la cumbre con incontenible rictus crispado cuando el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, se dirigía al plenario para acusar de neocolonialismo a las multinacionales españolas que operaban en América.
Felipe VI y el ultraje a la espada de Bolívar
El último choque polémico fue en 2022, cuando Felipe VI se quedó sentado al paso de la espada de Simón Bolívar mientras el resto de mandatarios que asistían en Bogotá a la toma de posesión del nuevo presidente colombiano, Gustavo Petro, se erguían ceremoniosamente en señal de respeto al símbolo de la fraternidad anticolonial de América y de la independencia de sus pueblos frente a la tiranía del imperio español. La Casa Real alegó que el rey no lo había hecho por mal, sino porque desconocía el significado protocolario de su inacción y porque su equipo no le había advertido de que su actitud frente al icónico sable iba ser interpretada como falta de respeto institucional.
Entre ambos incidentes, la sorda pugna entre herederos de conquistadores y conquistados ha ofrecido en los últimos años numerosos ejemplos de que, aunque parezca en período de pausa, el malestar mutuo sigue vivo y puede reaparecer en cuanto se menta el concepto de hispanidad.
Evo Morales, Correa y los Kirchner
Durante sus mandatos en Bolivia entre 2006 y 2013, Evo Morales también blandió acusaciones de colonialismo encarnado en la Corona en varias ocasiones, especialmente cuando sus gobiernos emprendieron la recuperación, para beneficio de las ciudadanas y ciudadanos de su país, de servicios y medios de producción nacionales que habían sido privatizados a manos de compañías españolas, de forma parecida a la que esgrimieron los argentinos Néstor Kirchner –gobernó entre 2003 y 2007– y su viuda Cristina Fernández –2007 a 2015– con iniciativas similares. En la misma época, el ecuatoriano Rafael Correa se alineó también en esa posición de denunciar los dejes imperialistas de España encarnados en sus jefes de Estado, o sea sus reyes.
La carta de López Obrador
En julio de 2019, es decir unos 500 años después del desembarco de Hernán Cortés en Veracruz (México), el presidente de ese país, Andrés Manuel López Obrador, recordó por carta a Felipe VI los "innumerables crímenes y atropellos" que España había cometido durante la invasión y conquista del imperio azteca. "Se vulneraron derechos individuales y colectivos que, con una mirada contemporánea, deben asumirse como atentados a los principios que rigen a ambas naciones", decía López Obrador. Reclamaba al rey que instara al Estado español a admitir la "responsabilidad histórica por esas ofensas" y a ofrecer "las disculpas o resarcimientos políticos que convengan".
Genocidio o derechos humanos
Felipe VI no respondió nunca, al menos expresa y públicamente, a la misiva del mandatario mexicano. Pero sí de forma implícita. Fue dos años después, en enero de 2021, cuando asistió en Puerto Rico a los actos de conmemoración del 500 aniversario de la fundación de San Juan, la actual capital del Estado asociado desde 1898 a EEUU. En su discurso, lejos de referirse al genocidio cometido por el imperio español en América Latina y el Caribe –en 1522 Bartolomé de las Casas lo estimó en más de 20 millones de personas, y algunos investigadores lo han elevado a 56 millones entre 1492 y 1600–, el rey sostuvo que lo que sus antecesores habían llevado al continente habían sido "las bases del derecho internacional y de los derechos humanos".
Felipillo en Perú
Sólo seis meses después, en julio de ese mismo año, Felipe VI volvió a América para asistir en Lima a la toma de posesión del presidente peruano Pedro Castillo, quien también habló de sus ancestros, los pobladores originarios de América, en un discurso en el que pareció responder al jefe del Estado español con una referencia tácita pero muy personal: "Durante cuatro milenios y medio [antes de la llegada de las carabelas de Palos], nuestros antepasados encontraron maneras de resolver sus problemas y de convivir en armonía con la rica naturaleza que la providencia les ofrecía (...) Fue así hasta que llegaron los hombres de Castilla, que con la ayuda de múltiples felipillos (...) lograron conquistar al Estado [el imperio inca] que hasta ese momento dominaba gran parte de los Andes centrales". Con "felipillos", Castillo aludía a Felipillo, el intérprete indígena de los conquistadores del Perú y Chile, Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Pero a nadie se le escapó la expresión de sorpresa de Felipe VI al escuchar su propio diminutivo asociado a esa referencia histórica.
"Ladrones, sinvergüenzas, asesinos"
En noviembre de ese mismo año el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, abundó en las críticas a la monarquía española de manera mucho más directa que Castillo. "Ladrones, sinvergüenzas, asesinos. Se robaban las tierras y asesinaban a nuestros antepasados indígenas", dijo de los reyes españoles durante un mitin electoral en el que advirtió de que la conquista iniciada el 12 de octubre de 1492 "no significó educación ni bienestar", ni antes ni ahora. Al contrario: "Estamos librando las batallas porque ellos siguen actuando y comportándose como colonizadores", añadió.



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