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Ximo Puig se plantea remodelar el Govern a un año de las elecciones y entre tensiones en la coalición

El conseller de Educación, de Compromís, dimite por sorpresa. La consellera de Justicia, del PSOE, deja entrever que Mónica Oltra debería dimitir y levanta las iras de sus socios.

El president de la Generalitat, Ximo Puig, a su llegada a la presentación del proyecto Erasmus+ 'El legado de las mujeres: nuestro patrimonio cultural para la igualdad'.
El president de la Generalitat, Ximo Puig, a su llegada a la presentación del proyecto Erasmus+ 'El legado de las mujeres: nuestro patrimonio cultural para la igualdad'. Biel Aliño / EFE

La marcha del socialista Manolo Mata de les Corts parece haber desencadenado una reacción en cadena que se diría capaz de deshacer la coalición progresista que gobierna el País Valencià, tal como aquellas primeras piezas de dominó que inician una serie de caídas consecutivas. O quizás todo sea un bache pasajero y un cúmulo de casualidades. El tiempo lo dirá. Por ahora solo tenemos los hechos.

La semana pasada, Mata, portavoz socialista en les Corts, hombre de confianza del presidente Ximo Puig y pieza clave para la cohesión entre las diferentes fuerzas del Botànic, anunciaba su dimisión como diputado. Los motivos presentados fueron "cansancio" y "ganas de cambio". Pero el momento escogido no podía ser peor. La apertura parcial del sumario del caso Azud señalaba gravemente importantes cargos socialistas (también del PP) y Mata era el abogado del principal empresario presuntamente corruptor. Y entre el dilema de la política o la abogacía, Mata optó por lo segundo.

Aun así, Ximo Puig aprovechó para convertir la crisis en oportunidad y anunció una remodelación de su Gobierno para "darle impulso el último año de legislatura". Sus socios de coalición, sin embargo, no se lo ponían fácil. El martes, las portavoces de Unidas Podemos y Compromís salían ante los micrófonos anunciando que sus consellers no estaban en duda. Papi Robles, portavoz valencianista, remarcaba que "estamos muy contentos con el trabajo de nuestros consellers".

A primera hora de la mañana siguiente saltaba la sorpresa: Vicent Marzà, conseller de Educación, de Compromís, y el mayor peso de la formación en el Ejecutivo valenciano tras Mónica Oltra, anunciaba su dimisión. Oficialmente, el motivo es que se centrará en reforzar el partido. Desde su entorno destacan también el "agotamiento total" por su dedicación extrema tras años muy duros de gestión por la pandemia y que "hacía tiempo que quería dejarlo". De hecho, en Navidad, Marzá sonó como portavoz parlamentario tras la marcha de Fran Ferri, aunque finalmente, los valencianistas optaron por Papi Robles.

En los corrillos corre otro motivo: Marzà estaría preparando su candidatura a presidente de la Generalitat para el año que viene. Una posibilidad que desde Compromís rechazan con el argumento que "hasta que no haya primarias cualquiera puede ser candidato".

Brecha entre socialistas y valencianistas

A esta salida hay que sumar otro incidente que puede quedar en anécdota o ser el primer aviso de una crisis mucho más grave. En una entrevista en la Cadena COPE el martes por la tarde, la consellera de Justicia, la socialista Gabriela Bravo, dejaba entender que Mónica Oltra debería dimitir ante la posibilidad que sea imputada. "Ante una situación en la que se compromete la credibilidad de la institución a la que representa, me plantearía irme", declaró Bravo ante las preguntas del periodista.

Hasta el momento, la consigna oficial de todo el Botànic ante la persecución judicial y mediática que sufre la vicepresidenta y consellera de Igualdad ha sido de cerrar filas y denunciar "el ensañamiento de la extrema derecha". Una postura más vehemente entre los cargos de Compromís y Unidas Podemos y algo más de perfil bajo entre los socialistas, pero hasta el momento nadie se había salido del guion.

Fuentes próximas a los socialistas repiten que es "una opinión personal" y aseguran que Bravo "va por libre". Desde Compromís alertan de la "línea roja" que se puede cruzar y ponen el foco en que Bravo intentaría desviar la atención por su voluntad de rebajar los requisitos de valenciano a los funcionarios. "Se ha saltado todos los acuerdos alcanzados entre partidos y sindicatos y ahora trata de crear una cortina de humo", aseguran des de las filas valencianistas.

"En este curso estamos viendo como se van figuras importantes del Botànic, primero fue Fran Ferri [portavoz parlamentario de Compromís] y ahora son Mata y Marzà –explica el periodista y analista Jordi Carbonell-, por lo que las formaciones del gobierno necesitan nuevos liderazgos de forma urgente, sobre todo Compromís, porque los socialistas tienen más relevo". Para Carbonell, este goteo de dimisiones pueden "dar una imagen de debilidad y cansancio en un momento en que se necesita empezar a movilizar, explicar las propuestas para un tercer Botànic y mejorar la comunicación política en el territorio valenciano más allá de la capital". Según este periodista, "un referente de mestizaje como es el Botànic requiere de equilibrios constantes y un apoyo social amplio, lo que le supone una tensión permanente".

La marcha de Marzà también tiene un aspecto positivo para Puig, porque le deja manos libres para una reforma de su gabinete mucho más profunda. Del resultado de esta remodelación se verá si los sucesos de esta semana han sido "una mala racha" o el inicio de una parálisis que permitan el regreso del PP al gobierno valenciano.

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