Por qué enero parece que dura meses
Enero comienza el día de Año Nuevo y alberga el día de Reyes o las rebajas; pero también los nuevos propósitos , la vuelta a la rutina o su temida cuesta.

Zaragoza-
Enero tiene 31 días, como marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre. Sin embargo, si realizáramos una encuesta, mucha gente opinaría que es el mes más largo de todos. Se trata de un periodo complicado, pues es el encargado de dar comienzo al nuevo año. También de realizar la transición entre las festividades de diciembre y la vuelta a la rutina. Todo ello regado con oscuridad y bajas temperaturas. Factores que, sin duda alguna, afectan a nuestro estado de ánimo; también a nuestra percepción del tiempo.
En España poseemos la peculiaridad de celebrar los Reyes Magos el 6 de enero. Un festivo asociado al periodo navideño y que, por lo tanto, prolonga las festividades arrastradas de diciembre. Esto convierte al primer mes del año en un mes dual, cuya primera semana está recubierta por ese halo de época especial que posee la Navidad, mientras que el resto de su calendario está destinado a recuperarnos de los excesos cometidos durante las celebraciones. Es la conocida como cuesta de enero, una de las señas de identidad del primer mes del año.
La teoría de la dopamina
Una de las explicaciones más extendidas que responden a por qué enero se hace tan largo a muchas personas es, precisamente, el contraste que posee con diciembre. El último mes del año es un mes especial, marcado no solo por la Navidad, sino también por el puente que se produce con los días de la Constitución y la Inmaculada. Son días de muchos compromisos y celebraciones acumuladas, que generan un clima especial en la sociedad.
La percepción del tiempo es subjetiva y está condicionada por nuestra situación personal. La teoría del reloj de la dopamina viene a decir que, cuando lo estamos pasando bien, tenemos la sensación de que el tiempo pasa más rápido, mientras que cuando nos aburrimos cada minuto se siente eterno. Esto tiene su base científica, fundamentada en los estudios de Warren H. Meck, quien postuló que la dopamina era la sustancia encargada de regular nuestro reloj interno.
El estudio Neuropharmacology of Timing and Time Perception, del propio Meck y publicado en 1996, integró varios experimentos realizados con anfetaminas y otros estimulantes. Estos test probaban cómo éstas sustancias aceleraban el reloj interno, cuya velocidad está modulada por la dopamina, especialmente en los ganglios basales y en conexiones fronto-estriatales. De ahí que nuestra percepción de una unidad de tiempo concreto varíe tanto de unas situaciones a otras. Y más concretamente, que la percepción de enero sea sensiblemente más lenta que otros meses, pues no deja de ser la gran resaca de los excesos de diciembre.
El contraste entre diciembre y enero
Al fin y al cabo, el contraste entre diciembre, un mes repleto de eventos sociales y celebraciones, y enero, sobre todo a partir de su segunda semana, es muy alto. El primer mes del año es también el de la vuelta a la rutina, una situación que además está condicionada por la situación económica. La cuesta de enero es un fenómeno real, que afecta seriamente a la vida social de muchas personas. Ahorrar se torna en una necesidad imperiosa, lo que en muchas ocasiones repercute directamente en la vida social. Esto deriva en una falta de novedades en nuestras vidas, que incrementan la sensación de apatía que ralentiza el reloj interno.
Es el fenómeno conocido como la tristeza de enero, consistente en una suma de sensaciones como: tristeza, menor energía, desmotivación o falta de entusiasmo. Todas ellas está potenciadas, además, por el hecho de que los días sean más cortos o la falta de luz solar, las cuales poseen una incidencia probada sobre los ritmos biológicos y el estado de ánimo, tal y como sucede en los casos de trastorno afectivo estacional.
En resumidas cuentas, en enero se produce una tormenta perfecta en la que influyen factores anímicos, económicos y climatológicos que tienen como resultado que, para muchas personas, el tiempo pase más lento. 31 días que, en ocasiones, se sienten como meses.
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