Cómo manejar el estrés navideño y disfrutar de las fiestas sin ansiedad
La Navidad, y sobre todo sus preparativos, es una época en la que el estrés se puede disparar. La antelación pasa a ser esencial.

Zaragoza--Actualizado a
Dice el popular villancico que la Nochebuena es una noche de paz (noche de amor). Sin embargo, cualquiera que se haya asomado a la preparación de dicha celebración sabe que, al menos los días previos, son una fuente de estrés inagotable. No solo se trata de organizar una gran celebración familiar, con todos los problemas logísticos que ello conlleva. Además es tremendamente caro y, por si fuese poco, se trata de una época en la que los compromisos de distinta índole se acumulan.
Por no hablar de la depresión navideña o problemas como la ansiedad social, que se disparan en unas fechas marcadas por las cenas de trabajo, los reencuentros con amigos y las reuniones con una familia con la que no siempre hay una buena relación. En resumidas cuentas, la Navidad es una época en la que mucha gente conecta con la soledad o con altos niveles de estrés. Por ello, es importante no solo tomarlo con calma, sino aplicar una serie de reglas generales que nos permitan navegar por estos días con la mayor calma posible.
1. Planifica con antelación
En los días previos a la Navidad son muchas las tareas que se acumulan, en ocasiones fruto de una mala organización previa. Por ello, es recomendable comenzar a preparar las Fiestas con la mayor antelación posible. Puede ser muy útil realizar una lista con todas las cosas que hay que hacer, ordenadas por prioridad. Muchas de ellas se reducen a compras varias, por lo que además podremos ahorrar si adquirimos los productos imperecederos fuera de la campaña navideña, en la que los precios tienden a aumentar.
Así, podemos utilizar ventanas como el Black Friday para adquirir los regalos de Navidad, o elementos como puede ser la decoración navideña. Además, si vamos a utilizar congelados en la cena de Nochebuena o la comida de Navidad, no es necesario esperar a la llegada del 24 de diciembre para adquirirlos. Finalmente, los productos frescos se pueden encargar antes de los días de Nochebuena o Nochevieja, en el que los comercios suelen colapsarse de personas haciendo compras de última hora.
Tener todo bajo control probablemente no sea posible ante una vorágine como las Navidades. Sin embargo, el hecho de sentir que no estamos desbordados y que al menos los mínimos los tenemos cubiertos sí puede ayudar a reducir los niveles de estrés. Además de, claro, a disfrutar un poco más de los días previos a las celebraciones.
2. Deshazte de las expectativas
La Navidad es una época que está profundamente idealizada en la cultura popular: los reencuentros, los regalos, la magia… Esto puede generar unas expectativas irreales, tanto si somos los anfitriones como si vamos de invitados. Los contratiempos suceden y es importante aceptarlos. El regalo perfecto no existe, los invitados se caen a última hora o quizá el menú no sea tan suculento como esperabas.
Intentar alcanzar unas Navidades de reel de Instagram no solo es irrealizable, sino que genera un estrés imposible de calmar. Abrazar la imperfección y, sobre todo, identificar lo verdaderamente importante es muy sano. Al final, los grandes recuerdos madrileños se construyen en base a la compañía y no tanto a los aspectos materiales de la celebración. También es muy importante evitar todo tipo de comparaciones, algo que ha aumentado debido al papel de las redes sociales como medio de validación externa, donde en muchas ocasiones se proyecta una imagen irreal de nuestra vida. En esencia, se trata de valorar lo que tenemos.
3. Valora lo que tienes
Sobre todo, porque la Navidad es una época muy dada a la melancolía. Se trata de una celebración muy asociada a la infancia, por lo que, cuando abandonamos esta y, por ley de vida, las ausencias comienzan a sucederse, es habitual entristecerse por ello. Incluso se puede dar un proceso por el que anticipemos dicha tristeza, lo que puede generar cierto estrés previo.
Evidentemente, controlar el duelo es un mecanismo complejo que requiere de unas ciertas herramientas que, en muchas ocasiones, solo se pueden conseguir en terapia. Una de ellas consiste en centrarse en aquello de lo que disponemos, pues corremos el riesgo de no disfrutarlo y, paradójicamente, terminar echándolo de menos más adelante. Por ello, aprovecha las Navidades para disfrutar de aquellas personas que sí están presentes y valora los momentos compartidos con los seres queridos, en lugar de añorar aquellos que no se van a poder dar.
4. Aprende a decir no
Los compromisos sociales se llaman así porque existe una cierta presión exterior por acudir a ellos. Sin embargo, estos pueden llegar a abrumarnos. Si es el caso, es importante poner nuestra salud mental por delante y aprender a decir que no. La idea es mantener una agenda saludable, es decir no el encerrarse en casa tampoco es la solución, pero siempre identificando aquello que nos hace felices de otros eventos que, quizá, nos podemos saltar sin consecuencias ni remordimientos.
5. No abandones tus hábitos saludables
Al mismo tiempo, las celebraciones ocupan un tiempo que podemos descontar de otras rutinas que nos ayudan a balancear nuestros niveles de estrés. Fundamentalmente el ejercicio físico, pero también el descanso o una alimentación equilibrada y saludable. No se trata de no hacer algún exceso en fechas puntuales, como por ejemplo la cena de Nochebuena o la comida del día de Navidad, pero sí de evitar que todo el mes de diciembre sea terreno abonado para unos hábitos perniciosos.
También es aconsejable reservar algo de tiempo para aquellas tareas que nos ayudan a mantener un estado emocional equilibrado. Actividades como la meditación o la lectura nos pueden ayudar a rebajar los niveles de estrés, por lo que gozar de un tiempo para nosotros mismos dentro de la vorágine navideña es muy positivo. Porque en esencia, la mayoría de los consejos van de controlar el tiempo, no dejarnos avasallar y, además, pensar en nuestro bienestar al mismo tiempo que damos a los demás.

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