Los mitos griegos que nos dejan lecciones
Muchos de los mitos griegos cuentan historias que todavía resuenan en la sociedad actual, pues están basadas en la naturaleza humana.

Zaragoza-
La civilización griega es una de las más influyentes de la historia, hasta el punto que es muy sencillo trazar líneas directas hasta algunos de los pilares de la sociedad actual. Evidentemente con muchas salvedades y siglos de evolución entre medias. El ejemplo más claro es la democracia, base de la mayoría de sistemas de organización política y social en el mundo actual. Claro que en aquella época también se sentaron las bases en campos fundamentales en el desarrollo humano como la filosofía, la medicina, la geometría o el deporte, con la creación de los Juegos Olímpicos originales.
En aquella civilización jugaba una gran importancia la mitología, una serie de leyendas que narraban la historia y orígenes de los dioses y héroes griegos. Como suele suceder en este tipo de relatos, muchos de ellos abordan temas comunes a la humanidad. Por ello algunos de ellos todavía permanecen vigentes en la actualidad.
El mito de Pandora
El abrir la caja de Pandora es una expresión que ha llegado hasta nuestros días como sinónimo de desencadenar una serie de problemas graves. En la mitología griega, Pandora fue la primera mujer de todas. Fue creada por Hefesto a orden de Zeus, a modo de venganza después de que Prometeo le diera fuego a los humanos. La idea es que aquel ser ejerciera de caballo de Troya, infiltrándose en la humanidad y desatando todos los males sobre ella. El mito dice que, movida por la curiosidad, Pandora abrió la caja, originalmente una jarra, y lo único que quedó dentro cuando la cerró es la esperanza.
El significado del mito de Pandora radica en la negativa de los humanos a aceptar el mal como parte intrínseca de su comportamiento y, por ende, de su ser. De esta manera, las diferentes religiones han tratado de explicar las conductas perniciosas como algo inducido por el exterior. Generalmente como un castigo divino derivado de un comportamiento impío. En este caso, la mitología griega culpa a una mujer, Pandora, de todos los males de la Tierra, algo que después haría también el cristianismo, culpando a Eva del pecado original y, por tanto, de la expulsión del paraíso.
El mito de Ícaro
Ícaro era el hijo de Dédalo, constructor del laberinto de Creta. Ambos se encontraban presos en la isla bajo mandato de Minos, quien era capaz de controlar las aguas y la tierra. Por ello, para escapar, Dédalo construyó unas alas para él y otras para su hijo, al que enseñó a volar. Cuando ambos estaban listos para fugarse, el arquitecto solo advirtió a su vástago de una cosa: que no volara cerca del sol. Como es conocido, Ícaro no hizo caso, se acercó al astro rey y, en consecuencia, sus alas se derritieron y él cayó al mar.
Evidentemente esta historia representa la pulsión juvenil que existe por desafiar los límites impuestos, ya sea por parte paterna o a través de otra figura de autoridad. Un sentimiento de rebelión universal, que a su vez puede tener consecuencias graves. Al fin y al cabo es humano querer aprender las cosas de manera personal, pero también es necesario aprender a lidiar con las consecuencias de los actos y decisiones que tomamos.
El mito de Perséfone
Perséfone era hija de Zeus con Deméter. Un día, mientras recogía flores, fue secuestrada por Hades, quien la convirtió en su esposa y reina del inframundo. En la superficie, su madre, diosa de la agricultura, entró en cólera por lo sucedido, arrasando con todos los campos. El duelo de Deméter fue tal que Zeus terminó intermediando, obligando a su hermano a devolver a Perséfone. Desde entonces, la doncella pasaría un tiempo con su madre y otro junto a su esposo.
El mito de Perséfone es uno de los más potentes de la Antigua Grecia debido a lo traumático de la experiencia y, sobre todo, al representar el duelo de una madre tras la pérdida de su hija. Además, en su momento, servía para explicar el fenómeno de las estaciones, pues cuando Perséfone estaba en el inframundo los campos se secaban, mientras que a su regreso la tierra volvía a florecer.
El mito de Edipo
Según la mitología Edipo fue el rey de Tebas, quien accedió al trono tras matar a su padre y casarse con su madre, todo esto sin saberlo ninguno de los protagonistas. Obviamente, cuando la verdad sale a la luz, tuvo repercusiones. Según algunas versiones, Yocasta, madre de Edipo y reina de Tebas, se quitó la vida. Por su parte, Edipo se arrancó los ojos con un broche de su madre y fue exiliado. Se trata de una de las tragedias griegas más famosas, tal y como ya señaló en su momento el propio Aristóteles.
El mito de Edipo es uno de los más trascendentes de todos los generados en la Antigua Grecia a tenor de sus reinterpretaciones posteriores. Sobre todo a raíz de la figura de Sigmund Freud, quien lo utilizó como elemento central para desarrollar su psicoanálisis, un campo sin base científica pero de indudable influencia durante el siglo XX. No obstante, más allá de sus aplicaciones modernas, la historia nos cuenta como en ocasiones el precio por conocer la verdad puede ser muy alto. Se trata, además, de una historia completamente pesimista, según la cual la verdad siempre aflora al final.
El mito de Orfeo y Eurídice
Orfeo era un músico de tal virtuosismo que cuando tocaba el arpa era capaz de calmar a las fieras. Así fue como enamoró a Eurídice, una bella ninfa que se convirtió en su mujer. Lamentablemente, mientas paseaba un día por el bosque, Eurídice sufrió un intento de rapto por parte de Aristeo. En su huída pisó una serpiente, cuya picadura le provocó la muerte. Aquello hundió en la tristeza más absoluta a Orfeo, cuya música comenzó a ser deprimente. Fue entonces cuando el resto de ninfas le animaron a bajar al inframundo para rescatar a su amada.
Así lo hizo Orfeo, quien armado con su arpa logró superar un sinfín de peligros hasta llegar a Hades y Perséfone. No solo eso, le convenció para que dejasen ir a su amada, a lo que los rectores del infierno solo pusieron una condición: durante todo el trayecto de vuelta, Orfeo debía caminar delante y no podía mirar a su esposa en ningún momento. El músico cumplió con su parte del trato y no se giró ni cuando los peligros les acechaban. Al pasar por la última puerta, Orfeo, deseoso de ver por fin a su amada, se giró pensando que ya se encontraban a salvo. Sin embargo, el cuerpo de Eurídice no había traspasado las sombras por completo, por lo que se desvaneció para siempre.
El mito de Orfeo y Eurídice está considerado una de las tragedias griegas fundacionales. Además, debido al papel de la música en la historia, por ejemplo en el uso del arpa para amansar al can Cerbero, el guardián del infierno, jugó un papel fundamental en el posterior desarrollo de la ópera como disciplina artística independiente.
El mito de Pigmalión
En la mitología griega Pigmalión era el rey de Chipre, quien buscaba una mujer perfecta con la que casarse. Frustrado por no encontrarla decidió dedicar su vida a la escultura, hasta que creó una estatua cuya belleza era tan arrebatadora que cayó enamorado. Afrodita intervino y le procuró un sueño en el que su creación cobraba vida. Conmocionada por la reacción de amor puro por parte de Pigmalión, cuando este despertó decidió concederle el deseo de darle vida a la escultura.
Con el paso del tiempo, el mito ha derivado en el llamado efecto Pigmalión, también conocido como la profecía autocumplida. Concretamente se refiere a la influencia que ejerce la creencia de una persona en el rendimiento de otra. Este efecto puede ser positivo, pero también negativo.

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