50 años sin Teófilo del Valle: su familia no descansará hasta que sea reconocido como primera víctima de la Transición
Medio siglo después de su muerte en una protesta obrera en Elda, sus familiares han conseguido que, por primera vez, el exministro Martín Villa sea investigado por un crimen del franquismo.

Cuando José Antonio del Valle tuvo que reconocer el cuerpo de su hermano pequeño apenas tenía 28 años. Ahora, con casi 80, sigue luchando para que se haga justicia y se conozca la verdad sobre su muerte. Aunque reside en Uruguay, esta semana ha viajado hasta Elda (Alacant) para acudir a los actos de homenaje por el cincuenta aniversario del fallecimiento de Teófilo.
"Es un momento duro y doloroso para los hermanos, porque implica revivir lo que pasó, el continuo desentendimiento de la justicia, lo que se publicó esos días…", explica Manuel de Juan, una de las personas que más sabe de este suceso y que actúa como portavoz de la familia. Es guionista y director del documental Las tres muertes de Teófilo del Valle (2024), una investigación en profundidad, de más de tres años, que echó por tierra la versión oficial.
Hasta esa fecha se creía que al joven le habían alcanzado dos balas tiradas al aire en medio de una protesta obrera, pero los archivos judiciales a los que De Juan tuvo acceso demostraban que no era cierto: "Le dispararon seis veces por la espalda. Ese acto tan cruel ha estado oculto hasta que tuve acceso a los documentos de la investigación". Los padres del activista nunca llegaron a conocer estos detalles.
Pocos meses después, José Antonio presentó una querella criminal contra toda la cúpula policial de la época, con la que pretende "limpiar la memoria de su hermano". Solo dos de los implicados siguen con vida: el propio autor de los disparos, el agente Daniel Roca del Rey, que apenas cumplió dos años de prisión; y el exministro Rodolfo Martín Villa, de 91 años. Ambos han sido llamados a declarar investigados por "crímenes de lesa humanidad".
"Es un hito histórico todo lo que se ha conseguido vía judicial. Conseguir que declare el exministro que estaba al frente en esta época de tanta violencia", subraya el guionista eldense. La batalla en los juzgados continúa a su ritmo, con más lentitud de la que le gustaría a los familiares.
Tanto Villa como Roca del Rey tendrían que haber comparecido vía telemática en noviembre, pero las declaraciones se pospusieron hasta el 4 de febrero y han vuelto a ser suspendidas. La providencia fechada a 27 de enero de 2026 por el juez de la plaza número 1 de la Sección Civil de Elda argumenta la suspensión hasta que la Audiencia Provincial se pronuncie sobre el recurso de apelación del exministro contra la decisión del propio juzgado de no admitir un escrito anterior contra la querella.
"Los últimos años del franquismo fueron importantísimos para la historia de España y hay una deuda pendiente con Teófilo y con el resto de víctimas que siguen buscando reparación y que se compense el dolor sufrido de alguna manera", concluye a este respecto De Juan, que deja claro que "no hubo un Teófilo, hubo muchos". Solo entre 1976 y 1978 perdieron la vida a manos de las fuerzas de seguridad o grupos de extrema derecha 132 personas. En muchos casos, la ley de Amnistía ha impedido poder investigar los crímenes y juzgar a los culpables.
Uno de los momentos más sangrientos de este periodo ocurrió apenas unos días después. El 3 de marzo, en Vitoria, la Policía Armada entró en la iglesia de San Francisco de Asís, cuando se estaba celebrando una asamblea de trabajadores. En las cargas policiales murieron cinco personas y más de un centenar resultaron heridas.
Los casquillos de bala
La historia de Teófilo del Valle se paró sobre las diez de la noche del 24 de febrero de 1976 en la calle eldense de San Roque. Estaba a punto de girar la esquina, cuando dos tiros le alcanzaron en la pierna y en el cuello. Este último resultó mortal. Había acudido a una de las muchas protestas que se convocaron esos meses, en este caso para exigir mejoras en el sector del calzado.
Instantes antes de ser abatido, había participado en unos enfrentamientos con el último convoy de la policía, que se dirigía ya hacia los cuarteles de Alicante. Los manifestantes lanzaron piedras e insultaron a los agentes, que salieron tras ellos. Como Teófilo no respondió al alto de una de las lecheras, acabó baleado.
Por estos hechos, Roca del Rey cumplió dos meses de prisión, después de que un tribunal militar le conmutara la pena alegando que se encontraba en acto de servicio. En todo momento, el agente aseguró que se trataba de un accidente, debido a una bala perdida. Esa fue la versión que se mantuvo hasta que se conocieron las imágenes e informes de la investigación que llevó a cabo en aquel entonces el juez Agustín Ferrer. Hasta seis casquetes de bala se encontraron en la misma zona, unos hechos incompatibles con lo declarado.
Elda no olvida
Al fallecimiento del joven eldense, le siguieron varios días de una intensa campaña de difamación por parte de la prensa del régimen, que intentó desprestigiarlo, para minimizar el impacto de la tragedia. Los medios no solo se hicieron eco del testimonio de las Fuerzas Armadas, sino que se aventuraron a retratar al fallecido como un especie de traficante de droga:
“El fallecido, de vida irregular, había sido detenido con otros en junio de 1975 en Madrid como componentes, al parecer, de una banda de traficantes de droga, habiéndoseles intervenido siete kilos, trescientos cincuenta gramos de hachís que tenían escondido en un piso franco del barrio de Canillejas”, se podía leer en una nota de prensa de la Policía.
No les sirvió de mucho. Se decretó un día de luto y al entierro del trabajador, en la iglesia de San Francisco de Sales de la localidad alicantina acudieron más de 25.000 personas de todos los municipios colindantes. A esta manifestación improvisada le siguió un paro general del sector zapatero.
"El asesinato tuvo un impacto tremendo", comenta el guionista, que por aquella época residía en la localidad. En esos meses, Elda y Petrer eran una olla en ebullición. "Estaba todo por hacer" y se sucedieron las protestas para conseguir mejoras laborales, sanitarias y educativas: "La situación económica, en toda España, era terrible y fue el caldo de cultivo de unas luchas obreras muy importantes a las que siguió una brutal represión que quedó impune y que sigue impune".
El domingo 22 de febrero, la capital del Medio Vinalopó volvió a repetir la marcha fúnebre que canalizó la rabia de los vecinos en 1976. Más de doscientas personas desfilaron desde la Plaza de Castelar a la que lleva el nombre de Teófilo, donde dos adolescentes leyeron el manifiesto 50 años sin Teófilo del Valle, respaldado por asociaciones de Elda y Petrer, además de colectivos y entidades memorialistas de todo el País Valencià.
Manuel de Juan y José Antonio han estado en contacto semanas antes para preparar un homenaje que querían que fuera transversal a "todos los que se levantaron para conseguir derechos laborales y ciudadanos, aunque tuvieran que pagar por ello un alto coste en represión, cárcel y vidas sesgadas". "Parece que la democracia vino de la mano de un rey muy simpático, pero la democracia fue posible porque miles y miles de personas dijeron hasta aquí hemos llegado", denuncia el representante de la familia Del Valle.
El acto terminó con la entrega de cincuenta flores, una por cada año transcurrido, frente a la efigie que recuerda al joven. De fondo, en la jornada se pudo escuchar música de Pink Floyd, uno de los grupos de música favoritos de Teófilo. “Aunque todavía no se ha hecho justicia, es emocionante ver tanta gente y tantas asociaciones luchando por su memoria”, decía al terminar la lectura del manifiesto Santiago, otro de los hermanos Del Valle.

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